“En un libro muy curioso e interesante
titulado
La Historia en anécdotas
cuyo autor Luis de Oteyza lo editó en
Buenos Aires en 1957, se lee, en su página 265, una anécdota muy curiosa.
Habla del general Belzú, presidente de Bolivia, y narra lo siguiente:
Este presidente
boliviano no era hombre de mucha ilustración. Hasta puede decirse que no
tenía ninguna. Soldadote que llegó al poder por el camino de las
cuarteladas… Pero entonces, en Bolivia, no había más que un hombre
ilustrado realmente. El señor José Manuel Loza, que
en la Universidad de La Plata se hizo doctor en Filosofía y en Derecho, y
hasta en Sagrada Teología, por puro gusto de acumular variada sapiencia.
Y fue que Belzú, al cesar
en su primera presidencia emprendió un viaje por Europa, llegando a París,
donde ocupó preeminente puesto en la colonia hispanoamericana. Por ello se
contó entre los invitados a cierto banquete que dio uno de los
intelectuales antes aludidos, para exponer en él sus ideas sobre la unión
fraterna de la raza latina.
El general Belzú comió bien,
bebió mejor, y así excelentemente dispuesto esperó en la sobremesa ver
cómo podría servir al anfitrión, cosa que deseaba muy deveras. Pero, ¡ay!,
éste se puso a hablar de los pueblos latinos, afirmando la necesidad de que
todos se unieran, para que en América esa raza predominase.
Belzú, entonces, sintiéndolo
mucho, pues indicado queda que quería complacer al que también le había
convidado, tuvo que decir:
—Mire, señor, Bolivia no
puede meterse en eso, porque el único que allá sabe latín es el doctor
Loza.»
El general Manuel Isidoro
Belzú había nacido en 1808 y murió asesinado en 1865.
La palabra latino aplicada
a los habitantes de las naciones que van desde México hasta la Tierra del
Fuego es usada en sentido despectivo por los estadounidenses,
especialmente por los racistas wasp (white anglo saxon protestant), que
consideran la conquista de los territorios yanquis como una epopeya y la
colonización española o portuguesa como un crimen.
Llamar latinos a los
habitantes de las naciones aludidas es un disparate histórico. A duras
penas se puede llamar latinos a los pueblos que fueron colonizados por
Roma. Piénsese, por ejemplo, que España, poblada por ibéricos y celtas,
fue colonizada e invadida por fenicios, griegos, romanos, visigodos,
germánicos y musulmanes. En rigor de verdad los descendientes de los
españoles y portugueses que colonizaron la mayor parte de América
deberían llamarse hispanoamericanos o iberoamericanos. Para mí son
americanos simplemente, y los otros, norteamericanos, pues más restos de
las tribus autóctonas hay al sur del Río Grande que no al norte.
En una de mis estancias en
Argentina me hicieron una entrevista por una estación de televisión
bonaerense y me preguntaron:
—¿Cree usted que
España debe pedir perdón por lo que hizo durante la conquista de
América?
Respondí que sí, pero
añadí que o jugábamos todos o se rompía la baraja. Si los españoles
cometieron atrocidades, que las cometieron, en su lucha por conquistar los
territorios americanos y si por ello tenían que pedir perdón, más
deberían pedirlo los ingleses y americanos del norte que
sistemáticamente se dedicaron a asesinar indios y a exterminarlos al
grito de: ‘El único indio bueno es el indio muerto.’ No se olvide que
46 años después del descubrimiento de América se fundaba en Santo
Domingo la primera Universidad del continente americano, mientras que los
yanquis, que ahora nos están ‘cocacolonizando’, no lo hicieron hasta
cien años después. No se olvide que Garcilaso de la Vega, el Inca, indio
como su nombre indica, es uno de los autores más importantes de la
literatura española y figura en el Diccionario de Autoridades de la
lengua. ¿Cuántos indios figuran en la literatura en lengua inglesa? Y
también Italia tiene que pedir perdón a España porque los romanos al
invadir nuestra Península hicieron en ella lo mismo que los españoles en
América: derrotar a tribus autóctonas e imponer su lengua, su cultura,
su religión y su civilización. Y sería absurdo que nos quejáramos de
ello. Pues es de bien nacidos el ser agradecidos.
No me mueve al decir eso un
patrioterismo que rechazo completamente, pero la Historia es la Historia y
no se puede ir contra ella. Las conquistas y las guerras se han hecho a
sangre y fuego, y si en ocasiones se ha de decir: ‘¡Ay de los vencidos!’,
no se ha de olvidar que también en muchas ocasiones los vencidos han
acabado por vencer.
No de otra manera se ha de
entender el hecho de que el indio mexicano Benito Juárez llegase a
presidente de la República y que lo criollos y mestizos, llegados a una
mayoría de edad, se levantasen en armas justamente, con pleno derecho,
contra la metrópoli que los mandaba.
En el momento actual creo
que la salvación de América y de la llamada civilización occidental está
en los pueblos de iberoamericanos. ‘Yanquilandia’ tiene la fuerza de su
técnica y de su industria, pero es Iberoamérica la que posee es
espíritu.”
(Fisas, C. 1992 Frases que
han hecho Historia. Buenos Aires: Planeta.)