Uno de los mayores regalos que podemos hacerles a nuetros hijos para su vida es ayudarlos a adquirir hábitos buenos, también llamados virtudes. Éstos les permitirán alcanzar con mayor facilidad sus metas y adquirir un mayor dominio de sí.
Durante décadas nos hemos visto influenciados por una fuerte corriente "voluntarista" que, con un tosudo optimismo, sostenía que
al hombre le bastaba con proponerse algo para alcanzarlo: «Querer es poder.» Pero esta mirada ingenua desatendía un rasgo esencial del hombre, su temporalidad.
Somos en el tiempo. Desde el presente, nos proyectamos hacia el futuro próximo y lejano, y lo hacemos condicionados por el cúmulo de experiencias anteriores. Nuestra voluntad también está inmersa en el tiempo y se ve afectada por el ejercicio que hemos hecho de ella a lo largo de la vida. Si hemos
cedido siempre con facilidad a la pereza, el desgano, la impuntualidad y el incumplimiento, se nos hará más dificil ahora la prontitud, el cumplimiento, la puntualidad. Y no bastará con que un día tengamos un comportamiento diferente, porque los hábitos, la tendencia a obrar de un determinado modo, se adquieren por la repetición.
«Una golondrina no hace
verano.»
Cuando un fumador nos dice: «Desde hoy, dejo de fumar», tenemos muchos argumentos para pensar que no le será tan fácil hacerlo como decirlo (un argumento por cada uno de los cigarrillos que ha fumado hasta aquí en su vida). ¿Cómo se explica si no que existan tantos métodos y tratamientos para dejar de fumar? No ha de ser tan fácil como pretenden los que sostienen que
querer es poder.
El fumar, que es un vicio, también es un hábito, un hábito perjudicial. Como las virtudes, los vicios se adquieren por repetición de conductas. ¡Qué importante es que ayudemos a nuestros hijos a adquirir buenos hábitos y a evitar los vicios! De lograrlo, les estaremos haciendo un bien cuyos frutos no se percibirán de inmediato sino a medida que pase el tiempo.
Evitar la mirada engañosa y facilista del voluntarismo, tanto al analizar nuestro comportamiento como el de nuestros hijos, nos permitirá revalorizar la importancia del tiempo, de la presencia y de la constancia en nuestro rol de padres-educadores de aquellos a quienes más amamos.
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