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Nuestra
lengua recibió el primer nombre de "castellana" porque se originó
en la región española de Castilla (Castiella: Los castillos). Su difusión por
el mundo tuvo como inicio la política expansionista de los Reyes Católicos,
Fernando e Isabel, quienes avalaron económicamente el
proyecto de Cristóbal Colón. Además, como parte de esa política, en 1492, un
estudioso de la Corte, Antonio de Nebrija, a pedido de la Reina Isabel publica
la (primera) Gramática de la Lengua Castellana. Cuando esta lengua se oficializó
como lengua nacional, tiempo después, pasó a denominarse lengua española.
No
existe un consenso rígido acerca de cuál es la denominación correcta. Desde
las Instituciones, el nombre de lengua española podría ocultar la
diversidad lingüística de España, ya que en ese país el catalán, gallego o
vasco son lenguas utilizadas en distintas regiones del territorio. Otra postura
sostiene que el nombre de lengua castellana no es lo suficientemente
representativo de una lengua tan difundida en el mundo. Más aún, podemos
sostener
que ambas denominaciones actualmente son sinónimas.
De todos
modos, estos conflictos acerca de la denominación de una lengua evidencian que
ésta no es sólo una herramienta de comunicación, sino un símbolo de identidad
y pertenencia cultural.
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