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Heidegger y la dimensión social del hombre |
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| Prof. Andrés Luetich |
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| 7 de octubre de 2002 | |||||
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A partir de Hegel surge un nuevo
modo de pensar el ser de las cosas. La centralidad otorgada a la idea de
totalidad en su pensamiento desplazó el eje de la reflexión de la cosa misma a
su relación con todas las demás. El ser comenzó entenderse como trama de
relaciones. "La abstracción", la consideración de un ente fuera de la
totalidad en la que se halla inmerso, es "la mentira", dirá Hegel. Hegel es tenido por el último
moderno. Las Historias de la Filosofía Contemporánea comienzan presentando a
los posthegelianos (los detractores del ex seminarista de Tübingen). Sin
embargo, si bien su sistema no ha perdurado, muchas de sus ideas se encuentran
en la base del pensamiento de quienes lo sucedieron y, en general, de todos los filósofos
de los dos últimos siglos. En
Heidegger está presente la idea hegeliana de que el ser de las cosas nada es
sin la trama de relaciones que lo vinculan a lo demás. Esto se pone de
manifiesto especialmente en su escrito más famoso, El ser y el tiempo.
Allí, siempre con una intencionalidad metafísica (su tema es la pregunta por
el sentido del ser), hace un minucioso estudio del "ser-ahí", del existente
humano. Entre otras cosas, Heidegger concluye que el "ser-ahí" (Dasein)
es un "ser-con" (mit-sein). ¿Qué quiere decir esto? Que la relación con
los otros hombres es una estructura ontológica del hombre, una condición de
posibilidad de su existencia como tal. Dudar de la existencia del otro, como hacía
Descartes, es improcedente. Si yo soy, el otro es. No hay yo sin nosotros.
Tampoco lo hay sin mundo, dirá Heidegger. En la cotidianeidad me encuentro con
las cosas y con los hombres. Dudar del mundo y de los otros, pretender
refugiarme en una soledad originaria, es pretender un imposible. Fuera de la
trama de relaciones que establezco con el mundo y con los otros ni siquiera
puedo pensarme.
Somos seres sociales. Incluso la soledad es un modo de ser con otros, el modo de la ausencia. Una piedra no está sola, simplemente está. El hombre puede hacer la experiencia de la soledad porque es un "ser-con". Con Heidegger, los otros han pasado de ser seres extraños, de existencia presuntiva (según Descartes), a ser condición de posibilidad de mi mismo ser. De todos modos, al describir al
hombre en su convivencia cotidiana, Heidegger afirma que, “en cuanto
cotidiano ser-uno-con-otro está el ser-ahí bajo el señorío de los otros. No
es él mismo, los otros le han arrebatado el ser”. Diariamente hacemos
lo que los demás esperan, lo que "uno" hace. Hacemos lo que
"uno" hace para hacer lo que cualquiera haría en nuestro lugar. Y caemos en una vida inauténtica.
Esta situación no nos sorprende sino que la
aceptamos desde un comienzo con total naturalidad. |
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BIBLIOGRAFÍA
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