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LIBERALISMO
Primacía del individuo sobre el grupo:
Resalta la libertad del individuo como un derecho inalienable, previo a toda experiencia social.
Considera que, si bien la libertad es un
derecho primario, la falta total de límites acarrearía un
caos que impediría su ejercicio. La propuesta es,
entonces, renunciar voluntariamente a una parte de la libertad individual para conservar con
seguridad la restante. Por ello para el liberal el Estado —que es quien
custodia ese resto— es un mal necesario, surgido del acuerdo de los individuos, mediante un
"contrato". La Teoría del Contrato Social sirve de fundamento teórico para quienes
defienden al individuo frente a la sociedad y al Estado, reivindicando su
originalidad y sus derechos y mostrando que el fin del Estado es el individuo
y no al revés.
Sí a la propiedad privada:
El liberalismo acepta la propiedad
privada de los medios de producción como una condición necesaria para el
normal desarrollo de la vida económica de la sociedad. El liberal ve en la propiedad una condición necesaria para la
vigencia efectiva de la libertad individual. Cada uno puede hacer con sus
bienes lo que crea conveniente, dentro de unos límites muy amplios
custodiados por el Estado para evitar la disolución social y el riesgo de la
pérdida de los bienes propios. El esfuerzo del individuo en
sus tareas está relacionado directamente con el deseo egoísta de progresar
económicamente y acumular riquezas en forma personal. Buscando optimizar sus
ganancias, quien ha reunido un capital, pequeño o grande, lo invierte,
generando proyectos y emprendimientos. Al actuar de este modo, y sin
proponérselo, genera más riquezas y fuentes de trabajo, beneficiando al
conjunto de la sociedad.
Si bien reconoce
que el régimen de propiedad privada genera, tarde o temprano, marcadas
diferencias económicas, prefieren eso a la ausencia de propiedad y, por lo
tanto, de libertad individual.
Progresismo:
El liberalismo descansa
sobre la creencia de que la Historia marcha hacia una realización plena de la
vida humana. Incluso muchos de ellos no dudarían en sostener que ya la hemos
alcanzado.
Para el liberalismo, la Historia es la lucha por conquistar la libertad individual y esta conquista es
paulatina. El último gran acontecimiento en este camino fue la Revolución
Francesa y el surgimiento de los gobiernos constitucionales. Con el sistema
republicano de gobierno, el individuo —ahora ciudadano— logra el máximo status
político posible. Participa en un plano de igualdad con los demás individuos y
sólo reconoce autoridad a unos representantes elegidos por él mismo que tienen
una injerencia limitada sólo a aquello que es indispensable controlar para
evitar el caos y garantizar la libertad.
Esta herencia racionalista
aporta al liberalismo un claro tinte universalista. Por ello los revolucionarios
franceses proclamaron los "derechos del hombre" y no sólo los de los
franceses, a quienes representaban.
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