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Baruch de Spinoza nació
en Holanda, en 1632, en el barrio judío de Amsterdam. Su familia
había emigrado de España a Portugal y de allí a los Países Bajos.
Su madre falleció cuando tenía seis años. Se educó en una
escuela judía y durante la adolescencia comenzó a prepararse para
ser rabino. Pero el estudio de la Física y la lectura de Hobbes y
Descartes lo fueron apartando del judaísmo. A la muerte de su madre
se sumó la de su padre en 1654. Para esa época comenzaron a
multiplicarse las acusaciones de ateísmo contra él. En 1656 lo
expulsaron de la sinagoga y optó por dejar su ciudad natal y dedicarse
al oficio de pulir lentes, ganándose con ello la vida. Con el
tiempo, y luego de publicar sus obras, le fue ofrecida la Cátedra de Filosofía en la prestigiosa
universidad alemana de Heidelberg, ofrecimiento que rechazó para
mantenerse al margen de las presiones y limitaciones de los teólogos.
Se dice que en 1776 recibió la visita de Leibnitz,
pero éste negó luego tal encuentro. Murió de tisis, en La Haya, en 1677.
Entre sus obras se destacan Tratado acerca de Dios, el
hombre y su felicidad (1661), Tratado sobre la reforma del
entendimiento (1662), Principios de la filosofía de
Descartes (1663), Tratado teológico-político (1670) y,
su obra principal, Ética demostrada según un orden geométrico
(1675).
Sólo le
reconocía valor filosófico al conocimiento que
parte de las ideas innatas, evidentes y verdaderas, y, siguiendo la
relación de las ideas entre sí, desarrolla deductivamente la
estructura toda del Universo. Porque —según él— es lo mismo el orden de las
ideas que el de la realidad.
Spinoza tomó la definición de substancia de Descartes y la
interpretó de un modo estricto. Si por substancia entendemos aquello
que existe por sí mismo y que no necesita de nada más para existir
(que es su propia causa), entonces debemos reconocer que hay una única
substancia, Dios. Dios existe necesariamente (su esencia implica su
existencia) y tiene infinitos atributos. Todo cuanto existe es Dios
o uno de sus atributos (panteísmo). Los términos "Dios",
"substancia" y "Naturaleza" se equiparan. De los infinitos atributos divinos el
hombre sólo conoce dos: el pensamiento y la extensión. Pero como
ambos son en definitiva Dios mismo, todo es pensamiento y extensión
a la vez, aunque no podamos pensarlo de las dos maneras al mismo
tiempo. Además de tener infinitos atributos, la única substancia
tiene infinitos modos. Entre estos infinitos modos de ser la
substancia infinita encontramos a las cosas y al hombre. Todos los
objetos físicos son las formas de Dios contenidas en el atributo
extensión. Del mismo modo, todas las ideas son la formas de Dios
contenidas en el atributo pensamiento. Las formas son naturaleza
creada (natura naturata) mientras que la única
substancia o Dios es naturaleza creadora (natura
naturans). Las formas son temporales, mientras que Dios es
eterno.
Spinoza distingue
las existencias de las esencias.
Estas últimas, al estar fuera del tiempo, son también eternas.
La causalidad se da entre los objetos físicos (en el
atributo extensión) y entre las ideas (en el atributo
pensamiento), pero no entre éstas y aquéllos. La aparente
interacción entre objetos e ideas se debe a que cada idea tiene su
correspondencia en los objetos físicos y a cada cosa le corresponde
una idea (Teoría del Paralelismo).
Como modo de la única substancia, el hombre es parte de la
Naturaleza y está regido por la necesidad, carece de libertad. El
hombre es deseo, deseo de una vida feliz según la razón. El
hombre no es una substancia en sí mismo ni una substancia pensante. Es sólo
un modo de la única substancia. La libertad, si es que aún cabe
hablar de ella, no es otra cosa que guiarse por la sola razón. La
libertad no está relacionada con la voluntad sino con el
entendimiento (esta afirmación lo acerca a Sócrates,
quien afirmaba
que «el que obra mal lo hace por ignorancia», a los estoicos y a Hegel). La autocausalidad es la libertad, y ella se da sólo en el
terreno de las esencias, no en el de la existencia (ya sea ésta en
el atributo extensión o pensamiento) donde cada cosa viene
determinada por una serie de causas.
En cuanto al Estado afirma que sus fines son los mismos que
los de los individuos que lo integran: preservar la vida y la
libertad de obrar de acuerdo a la razón. Esta libertad no puede
darse y sostenerse en el estado de naturaleza, por ello son
necesarios el derecho y la autoridad política.
Su
panteísmo, su negación de la libertad de la voluntad, y su concepción
de Dios como un ser impersonal, le generaron el rechazo y la oposición
de muchos. Si bien no perteneció a ninguna escuela
filosófica ni fundó una propia, su pensamiento influyó en muchos
de los filósofos posteriores y también en literatos y poetas como
el mismísimo Göthe.
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