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De
traumas, traumatólogos y traumados
Consideraciones
en
torno al origen y sentido de las Ciencias Humanas
Prof.
Lic. Andrés Luetich
18 de mayo de 2002
A veces da la impresión de que
quien sufre un trauma es, en primer lugar, una oportunidad para que el traumatólogo
profundice su saber sobre los traumas. No deja de sorprender que el fin de la
traumatología sea el trauma y no el traumado, y que éste se haya convertido en
un medio.
De esta manera, la fidelidad al término
traumatología (= estudio del trauma) se ha tornado infidelidad al
sentido originario. ¿Qué otra finalidad puede haber movido al hombre a
estudiar los traumas sino su necesidad de superarlos o aliviarlos? Al respecto,
no cabe ninguna duda: el fin de la traumatología es el hombre en cuanto sujeto
pasible de adquirir un trauma y, por lo tanto, potencialmente necesitado de
tratamiento adecuado.
Y es que el sentido originario,
la mayoría de las veces, no es captado por el término, el cual suele describir los componentes o dimensiones internos del fenómeno
al que alude.
Si la traumatología no recupera
su sentido originario, encontrará que en el derrotero de su nuevo sentido (el
literal) necesita sacrificar a su destinatario original para lograr su objetivo.
De este modo, podrá decir el neo-traumatólogo que, «Para que la traumatología
llegue a ser verdaderamente científica, deberá dejar de ser humana», deberá
despreocuparse del traumado. Es decir que, para estudiar al trauma sin limitaciones
—que hoy son inadmisibles—, hemos de valernos del traumado como un medio para
el logro del fin: el conocimiento del trauma.
¿Qué habrá querido decir el
antropólogo estructuralista Lévi-Strauss con aquello de que «Las Ciencias Humanas
pueden convertirse en ciencias sólo si dejan de ser humanas»?
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