Academia de Ciencias Luventicus

 

 

Educación e instrucción: ¿Una cuestión de nombres?

Dr. J. J. Luetich

18 de mayo de 2002

 

Tanto se ha usado la palabra "educación" que ya son pocos los que pueden decir con claridad qué significa. Y seguramente son menos todavía los que podrían distinguir su sentido del de la palabra "instrucción".

A diferencia del periodista Mariano Grondona, yo creo que las etimologías muchas veces nos alejan del verdadero sentido de las palabras. (Como prueba, basta mencionar el caso de la palabra "forma", que originariamente hacía referencia a los moldes en que se vaciaban las esculturas de yeso.) Por eso, el propósito de esta nota no es indagar en la historia de dos palabras si no mostrar que, de su uso inapropiado, han resultado  muchas expresiones vacías y otras tantas erróneas.

Dos definiciones de enciclopedia:

Educar: desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales, físicas y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios y ejemplos.

Instruir: enseñar, informar o comunicar ideas o doctrinas.

En estas definiciones se pone de manifiesto la diferencia esencial entre las dos acciones. El educando es parte activa del proceso educativo. Quien se está instruyendo, en cambio, recibe y acumula conocimientos. La educación requiere plazos más largos y difíciles de precisar que los de la mera instrucción.

Las clases de cualquier materia podrían ser dadas de un modo educativo o instructivo. Por ejemplo, las clases de gimnasia podrían tener por meta el desarrollo físico de los alumnos, o el aprendizaje de los reglamentos de las distintas disciplinas deportivas; las clases de Religión podrían ser dadas tratando de inculcar ciertos valores, o poniendo el énfasis en cuestiones rituales o históricas; las clases de química podrían ser dadas tratando de desarrollar ciertas habilidades manuales y la capacidad de deducción, o presentando y haciendo memorizar colecciones de fórmulas.

¿Qué es lo que hacen los docentes cuando dan clase? ¿Cuál es la misión de las escuelas? Las respuestas a estas preguntas son sencillas. Todo docente aspira a educar, pero el tiempo asignado a cada materia, los plazos impuestos por planificaciones pensadas para cumplir con los requerimientos de la etapa siguiente, y la gran cantidad y heterogeneidad de alumnos hacen que este objetivo sea muy difícil de alcanzar.

La educación requiere tiempo y trabajo personalizado. En otros términos, la educación es cara, muy cara. Cuando los recursos escasean, invariablemente la educación se convierte en instrucción. En general, la escuela no puede reemplazar a la familia: por un lado, el tiempo que los niños y jóvenes pasan en su casa es mayor que el que pasan en el colegio; por otro lado, los compañeros son siempre más que los hermanos. En consecuencia, sería preferible reservar la palabra "educación" para la tarea que realizan los padres y usar la palabra "instrucción" para referirse a la tarea de la escuela.

Pero éste no es el único argumento en favor de este uso de la palabra "educación". El otro proviene del carácter integral del proceso educativo. Esto lo diferencia del instructivo, que puede ser parcial.

Dos opiniones autorizadas:

“Educar es desarrollar en el hombre toda la perfección de que es capaz su naturaleza.” (Immanuel Kant)

“La educación es la evolución armónica y progresiva de las diversas facultades humanas de un modo integral.” (Edith Stein)

Por ejemplo, una persona puede ser cultivada en el Arte de la Música, descuidando todos los demás aspectos. Esas carencias pueden terminar haciendo fracasar al músico incluso en su propia técnica, lo cual no le hubiera ocurrido de haber sido una persona "educada". Inversamente, una persona puede ser muy cortés en su trato y conocer muy bien las reglas de urbanidad, pero su falta de instrucción puede hacerla incapaz de apreciar los dichos de los sabios o a cometer actos de barbarie con el medio ambiente. Es decir, entre educación e instrucción debe existir un equilibrio, porque la educación es un proceso integral para el cual no se cumple ninguna ley de compensación: Un gran físico que asesora a un gobierno en el uso de armas nucleares no es digno de admiración; toda su producción en el área de la Física no alcanza para compensar el daño a la humanidad que resulta como consecuencia directa de su participación en ese proyecto. La fórmula para criar una persona: un poco de escuela y mucho de familia sigue siendo probablemente uno de los mayores hallazgos de la civilización.

La elección de la palabra "educación" para designar a la misión de la escuela es sin dudas desacertada. No porque la escuela no eduque o porque no quiera hacerlo. Simplemente, porque ésa no es su función principal. Además, hay otra institución —la familia— que la hace, y la hace mejor. He escuchado al Profesor Guillermo Jaim Echeverry hacer uso de la expresión "contrato de la sociedad con la escuela", para referirse a aquello que la sociedad exige a la escuela y la escuela se compromete a dar. En estos tiempos de cambio, en los que muchos hablan de refundar instituciones, quizá sea el momento de volver a usar sin miedo la palabra "instrucción" —como lo hizo Sarmiento en su libro Educación Popular— y crear un Ministerio de Instrucción Pública que reemplace al Ministerio de Educación actual. Un ministerio con ese nombre se ocuparía de hacer que las escuelas y universidades cumplieran con la única función de que son capaces (instruir) y evitaría quizá que, por querer hacer demasiadas cosas, terminen no haciendo ninguna.

PALABRA EDUCACIÓN INSTRUCCIÓN
ACCIONES desarrollar
perfeccionar
enseñar
informar
comunicar
PLAZOS largos
difíciles de precisar
cortos
TÉCNICAS preceptos
ejemplos
reglas
advertencias
ejercicios
MATERIAS Religión
Química
Historia
Matemática
CARÁCTER integral parcial
RASGOS COMUNES requieren planificación
se hacen de manera sistemática
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