Academia de Ciencias Luventicus

 

 

¿Es el tercer ciclo de la EGB una verdadera "unidad pedagógica"?

Prof. Lic. Andrés Luetich

6 de octubre de 2001

 

Con séptimo año en escuelas de nivel primario y octavo y noveno en institutos de nivel medio, la mentada unidad pedagógica del Tercer Ciclo es más una expresión de deseos que una realidad.

En la provincia de Santa Fe, los impulsores de la Ley Federal de Educación encontraron la primera dificultad al implementar —en el ciclo lectivo 1999— el octavo año de la EGB.

El año anterior, el séptimo año había suplido al antiguo "séptimo grado" de la escuela primaria sin que se produjeran mayores turbulencias. Se agregaron dos horas de Inglés y dos de Tecnología por división, pero los maestros, los directivos, las normas de convivencia, los patios y los horarios seguían siendo los mismos.

En cambio, el octavo año generaba un problema que no se podía resolver manteniendo la vieja estructura. Al ser obligatorio, era evidente que sería necesario abrir gran cantidad de divisiones y tanto las escuelas medias como las primarias pretendían hacerse cargo de ellas.

Desde lo pedagógico, los argumentos más atendibles destacaban la necesidad de respetar la unidad de la EGB y la del propio Tercer Ciclo. Pero mantener a toda la EGB dentro de un mismo ámbito —bajo un mismo cuerpo directivo— equivalía a transferir los dos primeros años de la enseñanza media a la estructura del nivel primario e incorporar también allí las nuevas divisiones a crearse en la provincia. Por el contrario, hacer hincapié en la unidad del Tercer Ciclo permitía proponer el traspaso de los séptimos años a las escuelas de nivel medio. Así surgió la propuesta de algunos establecimientos de crear un Tercer Ciclo independiente de las escuelas de nivel primario y medio, con autoridades propias.

En nuestra provincia, hacia fines del año 1998 la escuela se encontró sumida en un clima de angustia e indefinición. La información oficial necesaria no llegaba, con lo que crecían los rumores y los miedos de los docentes a perder horas, cargos, categoría (y con ellos ingresos). Los contenidos curriculares para el Tercer Ciclo que ya circulaban por la provincia remarcaban continuamente la unidad pedagógica del Tercer Ciclo. Lo mismo hacían los funcionarios del Ministerio en sus discursos. Sin embargo, la imposibilidad de superar las viejas estructuras organizativas iba a empujar a las autoridades a adoptar una solución salomónica.

La coherencia con el discurso y con la Ley Federal de Educación indicaba la necesidad de optar por garantizar la unidad del Tercer Ciclo —manteniéndolo dentro de la estructura del nivel primario, junto a toda la EGB—, o bien dentro de la estructura del nivel medio, junto al futuro Polimodal. La tercera alternativa, la de un Tercer Ciclo independiente, no parecía viable porque implicaba nombramiento de autoridades y por tanto una erogación extra, imposible de solventar con los escasos recursos del área Educación.

Siendo 1999 un año electoral, las condiciones políticas para una decisión que —fuera cual fuere— generaría gran resistencia, no estaban dadas. No nos debe extrañar entonces que se haya decidido no resolver, o mejor, hacerlo sólo en cuestiones menores e ineludibles. Así nos encontramos con que algunas escuelas de nivel primario —en particular, del interior y de los barrios más carecientes de las ciudades importantes— recibieron la autorización para incorporar el octavo año de la EGB. En cambio, otras pocas escuelas de nivel medio, que no contaban con escuela primaria dentro del mismo edificio, fueron autorizadas a incorporar el séptimo año. El resto, la gran mayoría de las escuelas, debió conformarse con tener dentro de su ámbito sólo una parte del Tercer Ciclo, ya sea el séptimo año, si eran escuelas primarias, o el octavo (y en perspectiva el noveno), si se trataba de escuelas medias. ¿Y la tan mentada unidad pedagógica del Tercer Ciclo? Para ella se había encontrado ya un concepto salvador: articulación.

La lógica política impedía una solución acorde a los requerimientos de la lógica pedagógica implícita en la transformación. Por su parte, las limitaciones de orden económico hacían aun más estrecho el margen para la adopción de estrategias mejores pero más onerosas.

No pudiendo unir en toda la provincia los séptimos, octavos y novenos años dentro de una misma institución, ya fuera primaria, media o intermedia, el único camino para salvar la "unidad pedagógica" fue la "articulación". Ésta era evidentemente necesaria dentro del nuevo esquema de gestión que la Ley imponía. Pero, dentro de un mismo ciclo, el ámbito propio para la articulación debía ser una misma institución. Nos encontrábamos ahora con instituciones de nivel medio que recibían en su octavo año alumnos provenientes de más de veinte escuelas primarias distintas. ¿Qué significa "articular" en esta situación? ¿Se puede pensar seriamente en un trabajo conjunto por áreas de los docentes de tantas instituciones? ¿Se puede esperar que acuerden estrategias que atiendan a la diversidad de su alumnado y a las características propias de cada institución, revalorizadas oficialmente a través de la insistencia en la redacción del PEI?

En tiempos de transformación, no podemos pretender el orden, la claridad y la coherencia que pueden exigirse a un sistema consolidado. De todos modos, teniendo que vivir dentro del cambio, es importante que sepamos leer la información que llega a nuestras manos con sentido crítico. De lo contrario podemos pretender realizar cosas imposibles, forzándonos y forzando a hacer lo mismo a nuestros colegas y generando con ello frustración.

La unidad del Tercer Ciclo es un supuesto de los lineamientos curriculares que la jurisdicción ha bajado a las escuelas. Estando cada institución facultada por el propio Ministerio para desagregar y secuenciar esos contenidos, es evidente que la articulación entre los docentes de los tres años de una misma área es indispensable. De otro modo, se pueden superponer contenidos, dejar sin desarrollar otros, y confundir al alumno con estrategias pedagógicas muy disímiles, que abandonen el proceso iniciado el año anterior para tomar un nuevo camino que será a su vez abandonado al siguiente. Paralelamente, no podemos desconocer otros datos que la realidad nos muestra. Más allá de la lógica pedagógica de la transformación, el propio Ministerio nos coloca —al no transformar la vieja estructura— ante la imposibilidad de responder plenamente a sus propias exigencias.

Mientras tratamos de seguir las exigencias que la autoridad competente nos presenta, debemos continuar reclamando de esa misma autoridad las decisiones que le competen para crear un marco organizativo acorde a las nuevas disposiciones. La unidad del Tercer Ciclo aparece como una respuesta a una etapa específica del desarrollo psico-evolutivo (la preadolescencia) y creo que, por tratar de evitar problemas políticos y económicos, se va retardando la posibilidad de hacer la experiencia de una verdadera unidad dentro de este ciclo, que es el rasgo más innovador del nuevo sistema educativo.

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