Academia de Ciencias Luventicus

 

 

El músico y el cocinero

J. J. Luetich

26 de agosto de 2002

 

A veces me pregunto cuál es el origen del respeto y la admiración que despiertan los músicos y la música. He aquí algunas hipótesis que he oído, pero cuyos autores desconozco:

(1) Cuando el hombre se convirtió de cazador-recolector en agricultor, las lluvias pasaron a ser algo muy importante, ya que de su regularidad e intensidad dependían las cosechas. En estas sociedades primitivas, las fechas del calendario (solar) más destacadas correspondían a los cambios de estación y el hacedor de la lluvia era un personaje central. Él debía ser alguien capaz de hacerse uno con el ambiente para que la suma de su voluntad y el poder de la Naturaleza diera lugar a lluvias oportunas y suficientes. Uno de los recursos del hacedor de la lluvia para alcanzar el estado de éxtasis mágico que le daba poder era la música (o, mejor, lo que hoy llamamos "ritmo", uno de sus elementos). Es probable que la gente haya visto a la música como aquello que conectaba al hombre con lo trascendente y que haya asociado para siempre al músico con el brujo.

(2) La palabra "música" deriva de Musa, divinidad femenina que inspiraba a los poetas. Los verdaderos poetas eran varones que cantaban su amor a la Musa. (Ese amor es el único tema de la Poesía.) Los poetas abundaban en la sociedad matriarcal, donde el varón ocupaba un lugar distinto al que ocupa en la sociedad actual. (Esta situación hoy está cambiando.) Los poetas cantaban sus versos porque las canciones son más fáciles de recordar que los textos en prosa y ellos vivieron en una época en que las obras no se registraban por escrito. Sin embargo, la rima no es algo esencial para la Poesía como sí lo es el tema. El ritmo, en cambio, es algo que todavía hoy valoramos en una obra poética. El ritmo es para el poeta lo mismo que la "musicalidad" para el músico y —como ésta— es algo que no abunda ni siquiera entre los artistas más famosos. En resumen, la música es el resultado que en el hombre produce la inspiración divina (femenina) y de ahí que se la considere algo muy valioso; además, quien es capaz de sentir esa inspiración es digno del mayor respeto.

(3) La música se valora como se valora todo lo escaso. Es poca la gente que la practica. Y no podría ser de otra manera. Se han hecho experimentos de todo tipo para dar clases de Música en las escuelas (trabajando con grupos de treinta o más alumnos) y todos condujeron al fracaso. Para probarlo, bastaría con hacer una encuesta entre alumnos egresados de la escuela secundaria. Pero esos experimentos fueron diseñados por burócratas que no visitaron jamás una escuela de Música. De haberlo hecho, hubiesen visto que en las escuelas de ejecución los alumnos estudian en salas donde se encuentran solos. Otro tanto ocurre en las escuelas de composición. (A veces, como excepción, se trabaja en grupo en alguna clase de Armonía o de Teoría de la Música.) Quienes pueden hacer un estudio individual, con enseñanza personalizada, son pocos y se los considera favorecidos por el destino que los hizo herederos de una tradición.

(4) La de los músicos es una habilidad que no todos tienen. Para combinar sonidos hay que tener un fuego sagrado, una habilidad innata que no se puede comunicar. Para ejecutar un instrumento, ocurre lo mismo: con "musicalidad" se nace. Los físicos han demostrado que el "oído absoluto" (la habilidad para identificar frecuencias de ondas acústicas) no abunda. La gente valora en el músico esas capacidades excepcionales.

(5) La Música, como las Matemáticas, tiene algo de abstracto. Se podría decir que la Música es a las Artes lo que las Matemáticas son a las Ciencias. Ambas corresponden a un grado más alto de abstracción, lo cual las eleva por encima del resto de las disciplinas. Por lo tanto, deberíamos preguntarnos por el origen del valor que damos a la abstracción. Esto es más fácil de comprender: la abstracción viene siempre después de la observación de muchas cosas o casos concretos; es una generalización. La evolución del lenguaje en el niño y del lenguaje científico a lo largo de la Historia son pruebas de ello. En consecuencia, la Música y las Matemáticas son tenidas por algo superior y quienes las practican son seres humanos que tienen una capacidad (de abstracción) poco frecuente.

En este artículo me propongo señalar algunas deficiencias de los argumentos presentados, si bien no ignoro que los que yo daré luego son tan discutibles como éstos. Lo hago sólo para demostrar que no se trata de afirmaciones científicas y porque me gusta polemizar.

En cuanto al argumento (1), no debemos perder de vista que su validez depende de la existencia de una memoria cultural, lo cual es difícil de probar y de creer. El argumento (2) no explica la vigencia de los músicos que le cantaban a un dios varón en la era patriarcal. (Tal ha sido el caso de Johann Sebastian Bach.) En el argumento (3) no se toma en cuenta el hecho de que hoy en día mucha gente se dedica a la música. El argumento (4) explicaría por qué se valora a la música, pero no por qué la aprecian quienes no tienen la habilidad del músico. Por último, la música está "por encima" de las demás artes en la escala de las cosas abstractas y "por debajo" en la de las cosas concretas. ¿En qué escala está por encima lo abstracto de lo concreto? Según el argumento (5), parecería ser que en la escala del tiempo. ¿Es éste entonces un argumento evolucionista?

Creo que en distintas sociedades y épocas los músicos y la música han ocupado lugares muy diversos. Músicos han sido: el pastor griego que ejecutaba una melodía en su tiempo libre; el papa Gregorio I; quienes durante siglos formaron parte de las cortes europeas con un rango equivalente al de los cocineros; los organistas de las grandes catedrales europeas; Fryderyk Chopin y algunos gauchos de nuestras pampas. También son músicos los multimillonarios directores de orquesta e instrumentistas de hoy y los distintos representantes de la música popular y de la música popularizada. (Como se puede ver, estoy usando la palabra "música" en el sentido más amplio posible.)

En cuanto al músico y el cocinero, creo que nadie los ubicaría hoy a la par. Sin embargo, en otro tiempo eso parecía natural incluso para los propios interesados. Después de todo, uno tenía el arte de combinar sonidos y el otro el de combinar sabores. Quizá a nosotros nos mueva a risa esta comparación porque pensamos en la obra del cocinero (la comida) como algo efímero, que dura poco, mientras que la música tiene pretensiones de eternidad. Pero la idea de escribir para la posteridad no siempre estuvo clara entre los músicos. Se dice que el prolífico Joseph Haydn, a quien Mozart llamó "el músico más grande del mundo", al ser consultado por el tiempo que le estaba tomando escribir una de sus últimas sonatas, respondió: «Es que la estoy escribiendo para que dure.» Curiosamente, las obras de este autor que más nos gustan hoy fueron escritas sin esa consigna.

[Quizá sería mejor la comparación de la partitura de una pieza musical con la receta de una comida. En este caso sí se podrían comparar los períodos de vigencia. Una comida sería comparable a una interpretación de la partitura. En el caso de los buenos músicos, ninguna interpretación es igual a otra.]

Se podría decir que la sociedad tuvo siempre personas con habilidades varias y que, a lo largo de los siglos, ha ido destacando a distintos grupos. En un momento histórico se valoró el coraje en la batalla; en otro, la vocación religiosa; en otro, la inteligencia científica. Tiene suerte quien vive en una época en la cual su habilidad es valorada. Surge entonces la pregunta: ¿Cuál es la habilidad que tendrá más valor en el futuro? Creo que, con el advenimiento de las computadoras se han dado dos fenómenos: por un lado, ha perdido valor la habilidad para el cálculo, para leer en distintas claves, para armonizar obras en sistemas musicales exóticos y para ejecutar instrumentos; por otro lado, ya no hay tiempo para meditaciones de años alrededor de un tema. La inteligencia está pasando a un segundo plano. Hoy cuenta la habilidad para relacionar —sobre todo para establecer relaciones de largo alcance—, esas que por ahora las computadoras y los robots no pueden hacer. (Los robots son el resultado del desarrollo de la inteligencia arificial.) La habilidad de relacionar está ligada a la habilidad para dar sentido a las cosas. (¿Renacerá la Alquimia como arte de prueba y error cuyo objetivo es la elevación de la propia persona más que el logro de metas tecnológicas?) La Edad de la Inteligencia, en la que sobresalieron Newton, Maxwell, Hamilton, Einstein y Dirac, ha concluido. La era del Cálculo Infinitesimal ha concluido. La nuestra es la era del estudio de los fenómenos no lineales, de la Teoría del Caos. Las relaciones no son fáciles de descubrir; semanas de simulaciones computacionales conducen a resultados que, independientemente de su cantidad, no permiten hacer generalizaciones. Ya se pueden ver algunos ejemplos de científicos de la nueva era que —muy probablemente— no hubieran tenido ningún éxito en la anterior. Pero, ¿sobresaldrían hoy los exponentes de la inteligencia de ayer?

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