Academia de Ciencias Luventicus

 

 

PIANISTAS LEGENDARIOS
Sviatoslav Richter

Grupo de Música y Sonido
Academia de Ciencias Luventicus

6 de noviembre de 2002

 

Vida

Sviatoslav Richter es considerado por muchos el pianista más grande del siglo XX. Y esto parece justo si se toma en cuenta su inigualable técnica, el equilibrio que siempre lograba entre el respeto por el autor y los aportes de su interpretación, la mayor importancia que daba a las grabaciones en vivo por sobre las grabaciones en estudio, su capacidad para actuar como acompañante e integrar conjuntos de cámara, su dilatada trayectoria (de más de sesenta años), el reconocimiento unánime que consiguió del público y de sus colegas, y la amplitud de su repertorio, que no puede compararse con la de ningún otro. 

Nació cerca de Zhitomir (Ucrania) el 20 de marzo de 1915. Su padre había emigrado de Alemania a Rusia. Era organista y fue quien lo introdujo en la Música. A la edad de ocho años tocaba pasajes de óperas, costumbre que mantendría como adulto en reuniones informales con amigos. De joven fue un autodidacta y desarrolló su técnica excepcional tocando piezas diversas. Tenía la habilidad de memorizar cualquier obra con verla una vez.

Richter creció en Odessa, donde su padre enseñaba en el Conservatorio. Su debut como solista se produjo el 19 de febrero de 1934, en la Centro de Ingenieros de esa ciudad. El programa incluía sólo obras de Chopin: la Balada Nº 4, la Poponesa-Fantasía, el Scherzo en Mi Mayor, y una selección de nocturnos, estudios y preludios, todas obras de gran dificultad. El recital fue un éxito y su carrera como virtuoso del teclado había comenzado.

En 1937 Richter fue a Moscú a estudiar con el gran pianista y pedagogo Heinrich Neuhaus. Éste lo escuchó tocar y dijo: «Aquí está el alumno que estuve esperando durante toda mi vida. En mi opinión, es un genio.» Años después, Neuhaus escribiría: “No he conocido a nadie que supiera aprovechar tanto sus cualidades.” El 26 de noviembre de 1940, mientras todavía era un estudiante del Conservatorio de Moscú, Richter hizo su debut en esa ciudad. Fue entonces que presentó por primera vez en público la Sonata Nº 6 de Prokofiev, causando una gran impresión a la audiencia y al propio compositor. Cuando Prokofiev completó su séptima sonata en 1942, se la dio a Richter para el estreno. Él la estudió en sólo cuatro días y la presentó en el siguiente mes de enero. Más tarde, hizo lo propio con las sonatas octava y novena, la última de las cuales le había sido dedicada por el autor.

La primera victoria de Richter en una competencia se produjo en 1945, en el Encuentro de Ejecutantes de la Unión. El jurado estaba encabezado por Dmitri Shostakovich y de él participaba también Emil Gilels. Richter obtuvo el primer premio. Shistakovich escribió luego: “Richter es un fenómeno extrardinario. La grandeza de su talento arrebata y hace tambalear. Todo el arte musical le es accesible.” Richter ganó el Premio Stalin en 1949 y obtuvo toda clase de distinciones  y reconocimientos del gobierno soviético.

En 1945 se desempeñó como acompañante de la soprano rusa Nina Dorliak en un programa que incluía canciones de Rimsky-Korsakov y Prokofiev. Éste fue el inicio de una sociedad que duraría tanto como sus vidas. Richter y Dorliak nunca estuvieron oficialmente casados, pero fueron compañeros inseparables. Con su sentido práctico, ella le aportó equilibrio a la naturaleza impulsiva de Richter. Lo ayudaba a organizar su agenda, le recordaba sus citas y manejaba sus compromisos profesionales.

Cuando se desempeñaba como jurado en el Primer Certamen Tchaikovsky que se realizó en Moscú en 1958, Richter se sintió tan impresionado por la ejecución de Van Cliburn que le asignó más 100 puntos (cuando el máximo era de 10) y 0 a los restantes. Cliburn ganó, pero Richter no fue más invitado a integrar un jurado.

Los aficionados a la música de Occidente tuvieron su primera oportunidad de escuchar a Richter a través de sus grabaciones de los años 50, y su reputación entre los especialistas creció rápidamente. Cuando Gilels hizo una gira por los EE.UU. en 1955, su respuesta a los críticos que alababan sus ejecuciones era: «¡Esperen a escuchar a Richter!» El empresario Sol Hurok trató de hacer los arreglos para una gira, pero el gobierno soviético la autorizó recién algunos años después. Durante los 50, Richter realizó giras por los países comunistas de Europa del Este. En mayo de 1960 fue autorizado a viajar a Occidente, pero sólo hasta Helsinki. Cinco meses después hizo su debut debut en Chicago. Tocó el Segundo Concierto de Brahms, con la conducción de Erich Leinsdorf. Una grabación de esta obra, que fue hecha al día siguiente, aún permanece en catálogo. Su debut en Nueva York consistió en una serie de siete recitales en diez días en el Carnegie Hall (octubre de 1960). La maestra de piano más importante de la Escuela Juilliard, Rosina Lhevinne, lo elogió diciendo: «Richter es un inspirado poeta de la música, un fenómeno excepcional del siglo XX.»

Richter fue muy solicitado para presentaciones y grabaciones. Hizo giras por todo el mundo y actuó junto a las orquestas más importantes, pero pronto decidió que no quería ese tipo de vida. Estaba contra su naturaleza el asumir compromisos con años de anticipación. Prefería seguir sus impulsos y explorar nuevos repertorios.

En 1964 Richter, la familia van de Velde y el productor de grabaciones Jacques Leiser de EMI crearon un festival anual: las Fiestas Musicales en Touraine (Grange de Meslay, cerca de Tours). Richter debía pasar cada verano en la campiña francesa y dar algunos recitales con músicos colegas, incluyendo a Benjamin Britten, David Oistrakh, y Pierre Fournier. Richter amaba a Francia y pasó allí treinta veranos.

Además de su carrera como pianista, Richter se dedicó a la pintura. Produjo algunas espléndidas  acuarelas. También hizo una aparición como director en 1952, como resultado de una herida menor que sufrió en un dedo. Richter temió que no podría volver a tocar el piano y estudió dirección de orquesta por algunas semanas. Pero el dedo se recuperó rápidamente y, después de una presentación de la Sinfonía-Concierto de Prokofiev con Mstislav Rostropovich, volvió al teclado.

Amaba las óperas de Wagner, Tchaikovsky, y Verdi. No le gustaba el teléfono porque no permite ver a la persona con quien se está hablando. Tampoco le gustaban los aviones y prefería viajar en auto o en tren. Pero le encantaba viajar: en 1986 fue en auto desde Moscú a Vladivostok, en el Pacífico, dando conciertos en algunas pequeñas ciudades en el camino. Richter disfrutó mucho llevando su arte a los pequeños pueblos de Siberia a una edad en la que muchos colegas dejan de hacer presentaciones. También dio siempre recitales en los que arriesgaba todo su prestigio permitiendo hacer grabaciones para su posterior distribución masiva. Durante sus últimos años se ganó la reputación de artista capaz de cancelar compromisos sobre la hora, sin aviso y de manera antojadiza. Richter siguió a su musa y vivió una vida precaria: según Francis van de Velde, «cuando necesitaba dinero, daba un concierto».

El último concierto de Richter fue en Lubeck (Alemania), a fines de marzo de 1995. Tenía ochenta años. En el programa había tres sonatas de Haydn y las Variaciones sobre temas de Beethoven de Max Reger.

Richter murió en Moscú el 1º de agosto de 1997, a los 82 años, víctima de un ataque al corazón.

 

Características de sus interpretaciones

La manera de encarar la música de Richter queda de manifiesto por la enorme variedad de su repertorio. En recitales y grabaciones ejecutó obras de los autores más variados: Bach, Stravinsky, Haydn, Hindemith, Schubert, Gershwin. Pero también era muy selectivo. Por ejemplo, nunca tocó el Tercer Concierto para piano de Rachmaninoff ni el Quinto Concierto de Beethoven. En ambos casos, pensaba que otros habían tocado esas obras tan bien que él no tenía nada más que decir. Tampoco tocaba todas las Sonatas de Beethoven o todos los Estudios de Chopin o los preludios de Rachmaninoff. Al mismo tiempo, fue el campeón de los temas no populares que, según él, merecían atención. Quizá el mejor ejemplo de esto sean las Sonatas de Schubert. Richter tocaba muchas de ellas juntas cuando pocos pianistas lo hacían. También tocaba algunas de las de las sonatas de Josef Haydn —trabajos no escuchados frecuentemente— para sorpresa y deleite de su auditorio. A juicio de públicos muy diversos, sus interpretaciones más destacadas han sido las primeras grabaciones de el Concierto para Piano de  Tchaikovsky's Piano, su versión llena de fuerza del Primer Concierto de Prokofiev, y sus deslumbrantes interpretaciones del Concierto de Schumann y de los Estudios Trascendentales de Liszt.

Es difícil describir el estilo de ejecución de Richter en pocas palabras. Su aproximación a cada  pieza y a cada autor era diferente, y su técnica cambió a lo largo de los años. Su Bach es sereno y reservado, mientras que su Liszt es brillante y ardiente. Sus interpretaciones de la música de Schumann están llenas de pasión, y su Stravinsky es vivo y entretenido. No hay un sesgo definido en sus interpretaciones, pero aun así ellas son fáciles de reconocer, ya que siempre tienen mucha elegancia, inteligencia y control técnico. Siempre se ha reconocido en él la importancia que daba a la idea poética, al enfoque de largo alcance que daba a cada nota. En tal sentido se lo ha caracterizado como un pianista a la antigua usanza, hecho que se confirmaba porque sus ejecuciones nunca eran iguales, lo cual es también una muestra del interés por descubrir su verdadero sentido. En la música de Beethoven, Brahms, Scriabin, o Shostakovich, siempre es la voz del compositor la que se escucha en las interpretaciones de Richter. Ningún otro intérprete ha sido suficientemente versátil como para etar en contacto con el espíritu particular de obras tan disímiles.

Si bien Richter hizo muchas grabaciones de estudio, los mejores exponentes de su talento son aquellas tomadas de ejecuciones previas a un concierto. Entre ellas están las incomparables Imágenes en una Exhibición de Sofía, Bulgaria (a pesar de la pobre calidad del sonido y de los ruidos del auditorio), el programa dedicado a Scriabin en Varsovia, las Sonatas Completas de Beethoven y las Sonatas para Cello y Piano con Rostropovich tocadas en  Edimburgo. En cada una de ellas muestra un gran sentido de la ocasión y la tensión, dado que Richter trabaja para llevar la música a la vida de quienes lo escuchan, y lo logra de manera brillante. Sus grabaciones de estudio son más pulidas y precisas y más apropiadas para escucharlas repetidas veces, pero tienen menos excitación y sensación de riesgo.

Richter nunca tuvo un puesto en un conservatorio y nunca tuvo ningún discípulo, al menos no  formalmente. «¿Cómo podría enseñar —decía— si yo estoy permanentemente aprendiendo?» Tuvo una estrecha amistad con muchos pianistas jóvenes, incluyendo a Andrei Gavrilov, y Zoltan Kocsis, a quienes indudablemente les enseñó mucho. Gavrilov certifica la influencia de Richter sobre toda una generación de músicos: «Richter no es simplemente una gran Escuela. Es una especie de biofield en el cual uno se siente absolutamente diferente.»

Sviatoslav Richter también educó a una generación con sus interpretaciones y su elección del repertorio. Él fue un artista único e impredecible que desafió a los auditorios y atrajo a un público grande y fiel. De hecho, su reputación continúa creciendo. Una película de Bruno Monsaingeon titulada Richter: L’Insoumis (o "El Enigma", en inglés) presentó al mundo el arte de Richter y la historia de su vida. Una vida de ribetes novelescos y que, parafraseando a Neuhaus, es un ejemplo del buen uso de los talentos.

 

Grabaciones
(seleccionadas de la colección de Dejan Sinadinovic)

A. Scriabin: Preludio Op. 11 Nº 18
Grabación en vivo
Formato: MP3
Tamaño: 96 kb

S. Prokofiev: Sonata Op. 14
Grabación en vivo
Formato: MP3
Tamaño: 498 kb

 

Enlaces

http://www.doremi.com/sr.html
Una lista de todas las grabaciones oficiales y no oficiales de Richter, preparada por el Dr.Ates Tanin

http://trovar.com/str/RichterD.html
Discografía completa

http://www.doremi.com/
Interpretaciones históricas

http://www.findagrave.com/pictures/3149.html
Última morada en el Cementerio Novo-Devichy de Moscú

 

 

FUENTES

  • Geffen, P. 1999 Sviatoslav Richter. An introduction to his life and work.
    trovar.com

  • Neuhaus, H. (traducido por Olga Shartse) 1960 Portrait of an artist
    trovar.com

  • Schnittcke, A. 1985 Svyatoslav Richter.
    Music in USSR

  • Monsaingeon, B. Richter, el enigma.

  • Carpenter, H. 24 de junio de 1998 Interview with filmmaker Bruno Monsaingeon.
    BBC Radio 3

  • Gregson, D. 11 de enero de 1998 Sviatoslav Richter: 1915-1997. Tribute, Review and Interview with Former Richter Friend and Associate, Jacques Leiser.
    San Diego Magazine Music/Dance Critic

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