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El Plan "Trabajar"
Por Andrés Luetich
20 de mayo de 2002
El
porcentaje de personas desocupadas y "sub-ocupadas" ha trepado a
niveles altísimos en nuestro país. Como no podía ser de otra manera, el
gobierno ha tomado cartas en el asunto. Una de las iniciativas que más
repercusión han tenido ha sido la implementación del Plan "Trabajar”.
Los
ciudadanos que no tomamos parte en este proyecto, ni como funcionarios ni como
destinatarios, fuimos conociendo, a través de los medios de comunicación,
que este plan, en muchos casos, no era otra cosa que un subsidio para
desocupados otorgado por medio de los tradicionales sistemas "clientelísticos".
No pocos se preguntan: ¿por qué lo llamarán "Trabajar"?
Sabemos
que en muchos países del mundo a proyectos similares se los denomina "subsidios para desocupados", nombre técnico que describe con claridad a qué
se está destinando esas partidas. ¿Por qué se habrá buscado aquí un nombre
tan poco fiel a la realidad? ¿Para terminar con el asistencialismo o, como
presumen algunos, para que las mediciones del INDEC arrojen una tasa de
desocupación más baja?
Llamar
a las cosas por su nombre es el primer paso para reconocer con realismo y
adultez lo que nos pasa. Hay desocupación —hay más desocupación que nunca— y
no va a desaparecer porque se implementen planes del tipo del Plan "Trabajar".
El
trabajo es un valor, un valor primordial para la sociedad. Manosearlo, usar su
nombre para ocultar otras cosas, no puede redundar a la larga sino en
consecuencias negativas.
Si
bien es cierto que en nuestro país la demanda de trabajadores originada en
empresas privadas grandes, medianas o pequeñas es muy insuficiente, no es menos cierto que el estado tiene
todavía muchas cosas por hacer. Por
eso resulta
contradictorio que el gobierno le pague a personas para que no hagan nada. ¿No
sería mejor que tener un subsidio para desocupados camuflado bajo el nombre
"Trabajar",
pagarle a la gente por un determinado número de horas semanales de trabajo real?
Seguramente
la implementación de un plan de este tipo es más compleja que la mera asignación
de un subsidio. Pero, ¿podemos darnos el lujo, propio de aquel a quien le sobran
recursos, de malgastar el dinero por no afrontar una tarea compleja?
Tal vez aún no hemos comprendido la gravedad de la situación en que vivimos y
que su solución no será simple sino laboriosa. Por eso necesitamos del
trabajo de todos, necesitamos un verdadero Plan Nacional "Trabajar". Que los
políticos nacidos en el clientelismo renuncien a su plan "Robar", que los
ñoquis que no concurren a su lugar de trabajo y los que sí lo hacen pero no
trabajan renuncien a su plan "Cobrar", que los desocupados cobren un
subsidio por realizar un trabajo que sirva a la sociedad.
El
país saldrá adelante no con la palabra "trabajar" sino con la conjugación
práctica, muscular y cerebral de este verbo que expresa un valor fundamental
para la sociedad.

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