Academia de Ciencias Luventicus

 

 

APUNTES PARA UN Diccionario de disparates
del pensamiento argentino contemporáneo

I. El problema de la inseguridad

Por Juan Pérez

25 de julio de 2002

 

Desde hace un tiempo he venido tomando nota de algunas ideas erróneas que propagan los medios al referirse a los temas de actualidad. Al principio, no pensaba refutarlas. (Tampoco creía que su número crecería tan rápidamente.) Pero la inusitada cantidad de disparates que se han dicho a propósito del problema de la inseguridad me decidió a hacerlo.

La relación entre delincuencia y pobreza
Lo que se ha dicho:  
Las políticas implementadas en los últimos años han llevado a la pobreza a muchas personas que, como consecuencia de ello, salen a delinquir. 
Hoy las personas ven en las revistas y por televisión cómo otros viven en el lujo y se sienten excluidos de ese mundo al cual nunca podrán acceder. 
En las cárceles sólo hay pobres.

Los errores que se han cometido:  
En nuestro país se han dado paralelamente dos procesos: el empobrecimiento de la población y el relajamiento de los sistemas judicial y de seguridad. Es obvio que el primero explica el robo de gallinas y el segundo los secuestros y asesinatos. Las personas que se han visto desplazadas de la clase media y ahora recolectan y clasifican residuos; las que al ver reducidos sus ingresos mandan a sus hijos a escuelas públicas; nuestros compatriotas que —con visible congoja— emigran al exterior al no encontrar oportunidades aquí; los empresarios multimillonarios que evaden impuestos y los funcionarios corruptos que cobran sueldos altísimos constituyen ejemplos en uno y otro sentido que terminan de desmantelar el argumento. Relacionar a la pobreza con la delincuencia es como relacionar a la pobreza con la falta de higiene. 
Por otra parte, ¿qué pensar de alguien que por ver la riqueza de otro en una revista sale a delinquir? ¿El problema es su pobreza o su falta de educación? 
Por último, el hecho de que la mayoría de los presos sean pobres, ¿no se puede explicar mejor por los costosos abogados y los sobornos a funcionarios judiciales y del servicio pernitenciario que los ricos pueden pagar?

La cadena del mal
Lo que se ha dicho:  
Los chicos que cometen delitos lo hacen porque tienen problemas familiares: padres desocupados, alcohólicos, divorciados; si tuvieran un ámbito mejor donde crecer, el problema no existiría. Detrás de todo delincuente hay alguien que ha sido marginado o maltratado.

Los errores que se han cometido:  
Por un lado, es difícil creer que todo proceder se pueda explicar por la historia de las personas. Si así fuera, deberíamos llegar a la conclusión de que el mal no existe. Todo lo que hacemos mal sería responsabilidad de nuestros mayores. De esta manera, la culpa de todo la tendrían Adán y Eva. Pero los que sostienen esta hipótesis no son consecuentes con ella. Por ejemplo, los "revolucionarios" de los setenta cometían atentados porque otros habían asaltado el poder. Se podría preguntar: ¿Y los que asaltarton el poder, por qué lo hicieron? Digamos que ellos lo hicieron porque eran malos. Pero entonces, si un chico comete un delito, ¿no se debería sancionar a los padres? Por otra parte, si aceptáramos que toda mala acción está justificada por un hecho anterior, aquel a quien lo han agredido en la calle tendría derecho a entrar disparando con un arma en el Ministerio del Interior y la sucesión no tendría fin.

Las cárceles no sirven
Lo que se ha dicho:  
En nuestras cárceles las personas no se recuperan. Los delincuentes que ingresan a las cárceles son sometidos a toda clase de vejaciones y, en vez de salir de ellas recuperados para reinsertarse en la sociedad, salen convertidos en monstruos. En el caso de los chicos, es preferible devolverlos a sus familias para que los "contengan".

Los errores que se han cometido:  
Lo ideal sería que cada cárcel fuera una escuela-fábrica-huerta, que los padres y los maestros fueran perfectos, que los policías y los jueces no se equivocaran nunca. Pero nada ni nadie es perfecto. Algunos encaran la discusión sobre el problema de la inseguridad como si se tratara de ver quién imagina un mundo mejor. Pero el mundo es el que es. A falta de rigor por parte de los jueces y ante leyes y códigos cada vez más permisivos, el único elemento disuasivo para los delincuentes que aún queda es el temor a la cárcel. (La nuestra es una sociedad en la que pocos creen en el Infierno.) ¡Qué sería de nosotros si vivir adentro de las cárceles fuera mejor que vivir afuera! Por otra parte, ¿será la familia, que muchas veces ha participado en el proceso de formación del delincuente, el mejor ámbito para su recuperación?

No hay que generalizar
Lo que se ha dicho:  
Hay que tener en cuenta que no todos los casos son iguales: el entorno familiar de los delincuentes es muy variable. Lo peor que podemos hacer es generalizar.

Los errores que se han cometido:  
Aunque cueste creerlo, este argumento fue dado por un legislador, es decir, por una persona que tiene por profesión generalizar. El arte de establecer códigos de conducta de aplicación general es uno de los pilares de la civilización. ¿Alguien puede imaginar un código de casos particulares? Curiosamente, las mismas personas que recomiendan no generalizar piensan que todos los menores de 18 años son inimputables.

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