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El cine, el cómo y el
por qué
Por Andrés Luetich
25 de agosto de 2002
Oí decir alguna vez que, mientras las películas americanas comienzan
mostrando a un moribundo que con su último aliento revela la clave de toda la
trama, las europeas lo hacen con uno que muere justo antes de revelarla.
Teniendo en claro el por qué de lo que ocurre, el protagonista de las
películas americanas debe avocarse a ver cómo hace justicia o soluciona el
problema. Es lógico, por lo tanto, que éstas sean películas de acción en las
que el cómo se ha ido complicando y enriqueciendo hasta el extremo: Las
productoras americanas invierten millones de dólares para que sus películas se
destaquen por lo novedoso, increíble y espectacular de sus escenas de
persecución, lucha y riesgo.
Por su parte, el cine europeo, haciendo hincapié en el por qué, da más
relevancia a los pormenores de la trama, en los que el espectador y el propio
protagonista deben ir descubriendo las señales que permitan resolver el
problema.
No debe extrañarnos que este cine haya desarrollado un verdadero virtuosismo en
el modo de plantear cuestiones más relacionadas con el sentido, con el por
qué, que con el cómo. Los problemas existenciales, los dramas de la vida, son
tratados por el cine europeo de un modo que lo vincula mucho más con el teatro
que con el circo.
Reconozcamos la calidad del cine americano, que tanto nos
divierte y sorprende, pero alentemos también al cine europeo y al
latinoamericano
que, con recursos financieros más modestos, llevan a la pantalla un planteo distinto,
enriquecedor.

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