Academia de Ciencias Luventicus

 

 

La investigación científica y 
el desarrollo económico de los países

Por Maximiliano Daniel Acuña

6 de septiembre de 2002

 

Es de capital importancia, antes de comenzar a desarrollar el tema propuesto, definir a qué se llama "investigación básica" y a qué "investigación aplicada". El criterio utilizado para clasificar la investigación científica de esta manera es el del fin perseguido. Es en ese punto donde se encuentra la diferencia fundamental.

La investigación básica tiene como objetivo buscar el conocimiento por el conocimiento mismo, por la importancia que éste tiene desde el punto de vista cultural, de nuestra relación con el mundo que nos rodea y porque permite perfeccionar la percepción que la sociedad tiene de sí misma; en otras palabras, la ciencia básica produce información que nos hace conocer mejor un fenómeno pero que no tiene una aplicación práctica inmediata. A diferencia de la anterior, la investigación aplicada persigue objetivos concretos y sus resultados sirven para resolver problemas prácticos.

Esta clasificación, a pesar de haber sido hecha siguiendo un criterio utilitarista, permite entender cuáles son los rasgos más destacados de la investigación científica. Es importante, sin embargo, aclarar que ella no caracteriza de inútil a la investigación básica: no sería lógico sostener que el conocimiento (producto fundamental de la actividad científica, ya sea básica o aplicada) pueda no servir para nada, puesto que para el científico el principal uso del conocimiento es la generación de más conocimiento.

Por eso me parece que cabe agregar a la definición dada para investigación aplicada que los resultados obtenidos por ésta son utilizados para solucionar problemas que van más allá de la investigación científica y que permiten mejorar la calidad de vida del ser humano.

Lo dicho hasta aquí sirve como prólogo al tema que deseo exponer que es la importancia de la investigación científica en el desarrollo económico de los países. El principal punto a tener en cuenta es que no debemos engañarnos suponiendo que solamente con el hecho de poseer un desarrollo científico importante un país alcanza un alto grado de desarrollo económico. Tomemos como ejemplo el caso de Rusia poseedor de un alto nivel científico pero muy lejos de ser considerado una superpotencia económica, si esta se mide por la calidad de vida de sus habitantes.

A pesar de esto y reconociendo que el desarrollo científico es uno de los factores que le permiten a la sociedad aumentar sus posibilidades de crecer económicamente, es importante tener en cuenta lo siguiente: un país debe financiar aquellas actividades que le puedan traer algún beneficio "medible" en un tiempo relativamente corto. La constatación de la recuperación de la inversión realizada es muy importante, sobre todo en el caso de una nación como la nuestra, que está soportando la peor crisis de su historia. Sería poco razonable, por ejemplo, que en un período como el actual se destinara una parte del presupuesto nacional a la realización de espectáculos gratuitos de música en todo el país, mientras hay cada vez más personas que están por debajo de la línea de pobreza.

Es por eso que a mi parecer un país debe patrocinar sobre todo aquellas investigaciones científicas que le permitan obtener algún tipo de ganancia o beneficio. En la gran mayoría de los casos, la investigación aplicada es la única que puede brindarle resultados concretos que le permitan un mayor desarrollo desde el punto de vista económico. Esto no quiere decir que en el país se deba dejar de hacer investigación básica sino que la ayuda económica brindada por el Estado debe estar dirigida principalmente a la investigación aplicada. Pensemos por ejemplo qué sería más beneficioso desde el punto de vista económico para un país: ¿desarrollar un teorema para demostrar la convergencia de una serie (investigación básica) o encontrar una forma que permita acelerar el proceso de la producción de quesos (investigación aplicada)? Creo que la respuesta es obvia.

Lamentablemente, el científico argentino está más predispuesto a llevar a cabo investigaciones básicas. Esto puede deberse a que su personalidad (como la de todo argentino) se caracteriza por la vanidad, lo cual lo lleva a querer ser reconocido por sus pares y que se lo recuerde en los libros de Ciencia como un gran descubridor de los principios que rigen algún fenómeno. Por otra parte es totalmente individualista lo cual le dificulta realizar investigaciones aplicadas que necesitan, no solo del intercambio con otros científicos de la misma área, sino también de la interrelación con otras áreas de la Ciencia.

A causa de lo dicho, gran cantidad de científicos están dedicados a la investigación básica y verían muy mal que el Estado solamente, o mayoritariamente, destinara fondos a la investigación aplicada.

Por supuesto, cabe preguntarse: ¿es el Estado el más indicado para articular las dos investigaciones? Los funcionarios que han desfilado por la Secretaría de Ciencia y Técnica, ¿han demostrado ser idóneos para resolver la cuestión?

Para contestar estas preguntas, primero hay que dejar en claro que los resultados de la investigación científica bien hecha no son del todo anticipables. Esto se debe a que en los proyectos científicos existe un elemento adicional: el resultado inesperado. Me refiero a la sorpresa que al principio intriga y al final convence porque no era lo que se esperaba pero cuya novedad abre nuevas posibilidades, a veces muy distintas a las predicciones iniciales y que lleva al científico a abrir una nueva senda. Este resultado inesperado debe ser tomado en cuenta por los burócratas que encargan el proyecto, flexibilizando los plazos de tiempo exigidos y haciendo evaluaciones que tomen en cuenta no si se ha cumplido el objetivo inicial sino si el proyecto está obteniendo resultados interesantes. A este respecto, es importante contar con un buen sistema de evaluación de las investigaciones y de los investigadores.

Los funcionarios deberían comprender que la burocratización de la Ciencia es su peor enemiga, y que muchas veces impide no sólo que se alcancen los objetivos iniciales sino que se alcancen los objetivos.

En conclusión, me parece que hay algo muy claro: un Estado debe patrocinar aquellas actividades que le puedan brindar algún tipo de beneficio en un plazo establecido pero ligeramente flexible y que, aunque muchos científicos no quieran aceptarlo, la investigación aplicada es la que mejor encaja en ese esquema. Por otra parte, el Estado debe dejar de ver en el científico a un empleado que debe cumplir un objetivo específico sino que debe considerarlo un "artista" capaz de crear cosas bellas y útiles, y darle el espacio y el tiempo necesario para trabajar, lo cual no quiere decir que no deba exigir algún tipo de resultados.

 

Nota: Este trabajo fue realizado en el Instituto Particular Incorporado "Don Bosco" Nº 9232 (Rosario), y fue enviado para representar a esa institución (tradicionalmente conocida como "Colegio San José") al Concurso Beca Instituto Balseiro 2002 (Enseñanza media). El trabajo fue avalado por el Dr. J. J. Luetich y mereció una Mención Especial por parte del comité de evaluación integrado por docentes del IB y del CAB.

 

MATERIAL CONSULTADO

  • Pérez Tamayo, R. Ciencia básica y ciencia aplicada
    http://www.insp.mx/salud

  • Núñez, S. y J. Orione Disparen contra la ciencia: de Sarmiento a Menem, nacimiento y destrucción del proyecto científico argentino
    Ediciones Espasa Hoy

  • García Sucre, M. Relación entre ciencia básica y ciencia aplicada y la mejora de la calidad de vida

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