Academia de Ciencias Luventicus

 

 

La cadena del desarrollo

Por Juan Manuel Bourdieu

11 de septiembre de 2002

 

En principio, es lógico que se hable de la educación como uno de los motores del desarrollo de los países: un país con un buen sistema educativo y un alto índice de alfabetización cuenta con personas cultas e inteligentes que, en distintas formas, le devuelven a su comunidad lo que han aprendido. Estas personas son los empresarios, investigadores, políticos y pensadores. Es importante que todos ellos actúen de manera coordinada y tengan una formación suficiente, en particular los políticos que son quienes deciden cómo emplear los recursos del país en beneficio de sus habitantes.

A su vez, un país con recursos, una tecnología de vanguardia y un constante interés por la Ciencia es un país destinado a crecer. Y si, además, aprovechando sus ventajas, fomenta la producción en ciertos rubros e intercambia bienes y servicios con otros países, logrará compensar su balanza comercial y alcanzar el máximo desarrollo. Por lo tanto, si un país reúne todas estas condiciones, se podría decir que es "desarrollado" o que está "en vías de desarrollo".

La argumentación anterior responde a la pura lógica: la cadena EDUCACIÓN-PERSONAS EDUCADAS-PROYECTO NACIONAL-AVANCES CIENTÍFICOS-APLICACIÓN TECNOLÓGICA-DESARROLLO EMPRESARIO-PROGRESO ECONÓMICO es cerrada, en el sentido de que se retroalimenta con recursos genuinos.

Por supuesto, no se han mencionado hasta aquí muchos problemas que se pueden presentar, por ejemplo: la falta de interés por participar en política de los habitantes más capaces; la corrupción generalizada de quienes administran el estado; la falta de interés de los investigadores por la investigación aplicada; o una errática política internacional que impida resolver adecuadamente los conflictos con otros países. Y no se los ha mencionado porque todos ellos se pueden explicar como resultado de la ignorancia de conocimientos o de la carencia de valores, y de eso, supuestamente, se debería encargar la educación. Porque educar, en el sentido amplio de la palabra, abarca desde impartir conocimientos hasta enseñar las buenas costumbres y hábitos e infundir un sentimiento o conciencia nacional. Por eso, si la educación fallara, como si se rompiera cualquiera de los eslabones de la cadena antes mencionada, se volvería necesaria la intervención de factores externos (créditos, ayudas), para que el equilibrio, aunque sea en apariencia, se mantuviera.

Hoy en día, según lo ha señalado el Dr. Juan José Luetich, al usar la palabra "educación" para referirnos a las actividades que se desarrollan en las escuelas, se ha originado una confusión que ha llevado a creer que quienes egresan de ellas son personas educadas. Pero, en el mejor de los casos, de las escuelas surgen personas instruidas. Si hubiera deficiencias en los valores inculcados a los jóvenes por los restantes actores de la educación (familia, medios de comunicación, instituciones deportivas, parroquias), la cadena anterior se vería interrumpida en por lo menos dos puntos. En mi opinión, tal vez ésta sea también la causa que mejor explica la falta de patriotismo de algunos políticos que anteponen sus intereses personales a los del país y actúan según una moral de conveniencia.

Hasta aquí he analizado la tesis desde el punto de vista de la educación como primer motor de la "cadena de desarrollo de un país" y concluyo que ella, en el sentido amplio de la palabra, puede ser un motor de desarrollo.

Para abordar el tema de si la investigación científica y la investigación tecnológica son motores del desarrollo, primero voy a diferenciarlas, porque el uso de estas expresiones no pocas veces ha generado a veces confusión.

Primeramente hay que decir que están muy relacionadas entre sí: "una como fuente de conocimiento", y la otra como "aplicación de ese conocimiento". Según lo explica Galia Esther Pérez M., haciendo uso de una comparación de la relación entre ellas con la relación madre-hija, la Tecnología es hija de la madre Ciencia, de la cual lleva su sangre, y la Ciencia se siente realizada y revitalizada por los éxitos de su ramita verde. Y concluye que, sin celos, madre e hija se refuerzan mutuamente y hasta pueden trabajar juntas.

La investigación, entonces, puede ser básica o aplicada, según la finalidad que persiga. Cito aquí textualmente dos definiciones extraídas del trabajo de Leopoldo de la Fuente Silva:

Investigación básica. También recibe el nombre de investigación pura, teórica o dogmática. Se caracteriza porque parte de un marco teórico y permanece en él; la finalidad radica en formular nuevas teorías o modificar las existentes, en incrementar los conocimientos científicos o filosóficos pero sin contrastarlos con ningún aspecto práctico.

Investigación aplicada. Este tipo de investigación también recibe el nombre de práctica o empírica. Se caracteriza porque busca la aplicación o utilización de los conocimientos que se adquieren. La investigación aplicada se encuentra estrechamente vinculada con la investigación básica, pues depende de los resultados y avances de esta última; esto queda aclarado si nos percatamos de que toda investigación aplicada requiere de un marco teórico. Sin embargo, en una investigación empírica, lo que le interesa al investigador, primordialmente, son las consecuencias prácticas de su trabajo.

Además, hay algunos investigadores, como el Doctor Marcelino Cerejido, que afirman que los latinoamericanos ni tenemos ni vamos en vía de tener Ciencia aunque tengamos muy buenos investigadores que publiquen en las más selectas revistas especializadas. Según él, la Ciencia no es Ciencia si no se aplica para el progreso de la sociedad y, por lo tanto, como América Latina no hace un uso social de su conocimiento científico, sencillamente no tiene Ciencia.

Con todos estos datos, concluyo que la investigación científica puede ser un motor del desarrollo siempre que:

  • No persiga fines destructivos o malignos: porque un científico es un hombre con la capacidad de engañar y de engañarse a sí mismo y es capaz de dejarse llevar por cuestiones políticas e ideológicas y hacer mal uso de lo que conoce.  

  • Sea continuada por investigación aplicada, y con esto me refiero a que el estado pueda obtener algún tipo de beneficio de estos trabajos, como la obtención de patentes.  

  • Fomente en los estudiantes las ganas de volcarse a la actividad científica, lo cual alimenta a la cadena que propuse al principio de este trabajo.  

  • Los políticos no traben su desarrollo, porque es un hecho que, como critica el Dr. Cerejido: «Muchas veces se pone a funcionarios economicistas a manejarla.» 

En cuanto a la investigación tecnológica, se ha dicho que ésta es un "insumo crítico para el desarrollo económico y la competitividad internacional". Hoy todos coinciden en que un país sin desarrollo tecnológico va rumbo al estancamiento. Es tan grande el auge de la Tecnología en nuestros días que se habla de una "revolución tecnológica", de una "carrera tecnológica" motivada por el deseo de dominar distintas áreas dentro de la misma, como la microelectrónica (carrera que lidera Estados Unidos).

En un trabajo bajado de Internet pude ver que el autor destaca tres áreas de la investigación como líneas de progreso de "un futuro imparable": la electrónica, la astronáutica y la ingeniería genética. Pero es obvio que no necesariamente un país debe contar con estas tres para tener prosperidad. Aquí, en Argentina, no sería razonable empezar a fabricar computadoras para exportar, por ejemplo. En cambio ciertas empresas, industrias y personas nos hacen figurar a nivel mundial:  

  • Bio Sidus con proteínas recombinantes para uso humano y desarrollo y producción de biotecnología vegetal.

  • INVAP, que exporta tecnología en el área de los reactores nucleares.  

  • Industrias de productos lácteos como SanCor, La Serenísima y Milkaut, presentes en todas las ferias internacionales del área.

  • Industrias aceiteras: La Argentina es el  tercer productor mundial de oleaginosas, y ocupa el primer lugar como país exportador de aceites de girasol, soja y lino.

  • Proyecto VENG: responsable del exitoso lanzamiento del primer satélite fabricado en Argentina.

  • Dr. René Favaloro: revolucionó a nivel mundial la cirugía cardiovascular y nos legó un instituto modelo en el mundo.

Sin embargo, pude apreciar en más de un artículo que nuestro país invierte poco en materia científica y tecnológica, lo cual sería vital para su desarrollo:

[…] los gastos continentales en materia de Ciencia y Tecnología sólo representan el 3% del total mundial. Cuba, Brasil y Costa Rica son los países que más invierten, pero la Argentina ostenta el mayor número de investigadores. Y me quedo con esta última apreciación: por más que tengamos buenos investigadores, si no logramos armonizar sus conocimientos con las cosas concretas que el país necesita, nunca lograremos "tener Ciencia" como afirma el Dr. Cerejido.

Para recapitular, creo que no es necesario innovar en computadoras para tener el futuro asegurado en materia tecnológica. Basta con hacer cosas útiles para el país y que puedan, en mayor o menor medida, intercambiarse por otras. Y debo decir que concuerdo con la crítica de Galía Esther Pérez, cuando afirma que es muy distinta la visión de la Tecnología que tienen los científicos e investigadores de la que tienen nuestros políticos, quienes creen que inundando nuestras aulas con computadoras estaremos progresando en tecnología, cuando según ella “igualmente es tecnología una pala”.

Para finalizar, concluyo que educación, investigación científica y desarrollo tecnológico pueden ser motores del progreso de un país siempre y cuando se cumplan los requisitos señalados en cada caso. Pero hay que destacar que algunos países deben su prosperidad (y con ello su desarrollo humano) a otros "motores": por ejemplo, para algunos países de Centroamérica, el turismo es la base de su economía. Por otro lado, con grandes universidades y una gran cantidad de investigadores, la ex Unión Soviética terminó en un caos. (En este último caso, quizá falló la aplicación de los conocimientos básicos, muy volcada a la industria bélica.)

 

Nota: Este trabajo fue realizado en el Instituto Particular Incorporado "Don Bosco" Nº 9232 (Rosario), y fue seleccionado para representar a esa institución (tradicionalmente conocida como "Colegio San José") en el Concurso Beca Instituto Balseiro 2002 (Enseñanza media). El trabajo fue avalado por el Dr. J. J. Luetich.

 

MATERIAL CONSULTADO

  • Luetich, J. J. 2002 Educación e instrucción: ¿Una cuestión de nombres? 
    www.luventicus.org/articulos/02R003.html

  • Diario Clarín La CEPAL discute la brecha digital entre América Latina y el Caribe
    www.clarin.com.ar

  • Pérez M., G. E. Ciencia, Tecnología y sociedad al alba del siglo XXI
    www.monografias.com

  • de la Fuente Silva, L. Elementos de la Investigación

  • Cuenca, F. El nuevo milenio

  • Geografía Argentina y del Mercosur, sección: Polimodal, artículo: "Desarrollo tecnológico en la Argentina"
    Editorial Aique

  • ARGENTIME, Año II, Nº 10, edición bilingüe, notas: "Dulce de leche: conquistando golosos"; "Aceites: liderando en el mundo"; "Dr. René Favaloro: de corazón a corazón"; "Primer plano: Argentina en el espacio"

 

 
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