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APUNTES
PARA UN Diccionario de disparates
del pensamiento
argentino contemporáneo
II. La crisis económica
Por Juan Pérez
25 de septiembre de 2002
En la colección de notas anterior me referí al problema de la inseguridad,
tema sobre el cual quienes se expresan por los medios de comunicación masiva han continuado
diciendo disparates. Más precisamente, han estado repitiendo los mismos
disparates. El problema es que así como los disparates ganan con la
repetición, la repetición de refutaciones resulta aburrida. El secreto de los
medios masivos para imponer opiniones es la insistencia, que hace ver a las
ideas disparatadas como si no lo fueran tanto y vence por cansancio a quienes
pretenden refutarlas. Sin embargo, creo que esa mecánica tiene un punto débil:
requiere que todos estemos con la atención en un tema por vez, para que a la
repetición se sume un rating alto. Por lo tanto, podría ser bueno
proceder del siguiente modo: cuando se haya "instalado" un tema, refutar las
argumentaciones de otro discutido antes. Si eso se hiciera del modo apropiado
(aportando ideas nuevas), se
podría sacar partido de la mejor perspectiva que tiene uno para analizar las
cosas cuando ha
transcurrido un tiempo desde que oocurrieron y del hartazgo de televidentes, oyentes de radio y lectores
de diarios que en
algún rincón de su corazón debe estar. Por ello, ahora me voy a referir a lo
que se ha dicho tiempo atrás sobre la crisis económica
argentina, cuando éste era el tema.
¿«Un peso, un dólar» o canasta de monedas?
Lo que se ha dicho:
A la convertibilidad se llegó como consecuencia de la hiperinflación: la gente
había decidido en aquellos tiempos que nuestra moneda era el dólar. Pero muchos analistas aseguran que
el dólar va a perder valor frente al euro. Por eso, lo mejor es establecer la
paridad de nuestro signo monetario frente a una canasta de monedas que incluya
otras monedas fuertes como el euro y el yen. Por el momento vamos a establecer
la paridad con el promedio del dólar y el euro, lo cual va a hacer a nuestra
moneda más estable que cualquiera de ellas. Esto no nos hará salir de la
convertibilidad si no tener más converibilidad (sic).
Los errores que se han cometido:
El proceso que llevó a los argentinos a ahorrar en dólares fue muchos más
largo de lo que se señala aquí. Nuestros gobiernos —desde los años
setenta— han demostrado tener una gran efectividad para pulverizar monedas. La
hiperinflación hizo que quienes hasta entonces habían mostrado
reticencia para ahorrar en dólares se volcaran masivamente a esa práctica. La
convertibilidad fue una manera de evitar la dolarización y cabe que hoy nos
preguntemos qué hubiera sido mejor. Porque, con el cuento de que detrás de cada
peso había un dólar, la gente aceptó el peso y entregó sus dólares a un
sistema que la terminó estafando. Nos han engañado como a niños. Si detrás
de cada peso había un dólar, ¿cuál era la razón para no usar el billete
dólar? Una vez escuché a alguien decir que se procedía así «para evitar que
los dólares se deterioraran, porque en Estados Unidos no se aceptan esos billetes en malas
condiciones que circulan aquí». Cuando el sistema de la convertibilidad, por no
haber estado acompañado de disciplina fiscal, se volvió insostenible, en vez
de tomar como referencia a una moneda más débil, se nos explicó que se
debía tomar como referencia a una moneda más fuerte (promedio del
dólar y el euro). Los promotores de esta idea nunca pudieron dar un solo
argumento que justificara su postura. Pero yo no creo que no tuvieran razones
para proceder de ese modo, si no que les resultó difícil encontrar una explicación
creíble para ocultar sus verdaderos móviles. No debemos perder de vista que
las empresas privatizadas —que trasladaban las ganancias en dólares a Europa—
iban a ver menguadas sus ganancias con la caída del dólar frente a su propia
moneda. Además, la introducción del euro se produjo justo cuando se negociaba
un crédito de países europeos para evitar que nuestra economía se derrumbara.
¿Se habrá negociado el crédito ofreciendo como contrapartida un tipo de
cambio que favorecería en el futuro a las empresas de esos países?
La devaluación y el aumento de las exportaciones
Lo que se ha dicho:
La gente ya no quiere la convertibilidad porque se dio cuenta de que ella es la
responsable de nuestra pérdida de competitividad en los mercados
internacionales.
Hay que cambiar el modelo —léase devaluar— para poder exportar más y
destinar el
excedente de nuestra balanza comercial a la atención de las necesidades sociales y
la cancelación de nuestros compromisos.
Los errores que se han cometido:
Con respecto a la opinión de la gente sobre la convertibilidad, habría que
preguntar a qué gente nos estamos refiriendo; porque los sondeos realizados en
diciembre del año pasado arrojaban resultados categóricos: un 70% de los
encuestados se manifestaron a favor de mantener "el uno a uno" (que es
lo que ellos entendían por convertibilidad).
En cuanto a la relación entre devaluación y aumento de las exportaciones hay
algunas cosas que decir: la mayor parte de los productos argentinos (granos,
carnes) se venden a los precios que se fijan en distintas plazas
internacionales. En estos mercados sólo podríamos vender más si decidiéramos hacerlo a un
precio en dólares más bajo. Pero eso también se hubiera podido hacer sin
devaluar. El aumento en las exportaciones de carnes —que comenzó en la segunda
mitad del año pasado— se debió a la reapertura de los mercados internacionales
tras la superación de la epidemia de aftosa. En cuanto a otros productos, si
ahora los podemos vender y antes no es porque ahora los vendemos más baratos,
porque nuestros sueldos, materias primas e impuestos son más bajos. Pero esto también
se hubiera podido hacer dentro del régimen de convertibilidad, y probablemente
de una manera menos traumática. La devaluación brutal que se operó desde
enero —de un
270%— nos dejó sin posibilidad de atender a nuestros compromisos externos (el
estado recauda en pesos) y a las necesidades sociales (muchos insumos de las
escuelas y hospitales son importados).
En resumen, las medidas que los gobiernos toman respecto del tipo de cambio no
constituyen ningún modelo y no son siquiera parte importante de la política
económica: un estado deficitario no puede esconder por mucho tiempo su
condición de tal detrás de ningún sistema cambiario.
De la demagogia a la banca off-shore
Lo que se ha dicho:
La crisis argentina es una crisis de confianza. Es imposible que la gente
recupere la confianza en un sistema bancario que la ha estafado. Así como la
convertibilidad es un sistema que se puede implementar una sola vez, los bancos
pueden quebrar también una sola vez. Por ello se hace necesario reemplazar la
convertibilidad por la dolarización y los bancos quebrados por una banca
off-shore.
Los errores que se han cometido:
Es cierto que la crisis económica argentina es en gran medida una crisis de
confianza. Lo que no se aclara aquí es quiénes y de quién desconfían. La
respuesta a estas preguntas es la siguiente: Desconfían los argentinos de sus gobernantes.
En crisis anteriores se observaba una repulsión de los actores económicos por
el peso. Ahora se ha agregado la justificada desconfianza hacia todo el sistema
bancario. Sin embargo, si pensamos en las causas profundas de la crisis,
llegaremos a la conclusión de que los responsables de la caótica situación
actual son los gobernantes de nuestro país. Durante más de 60 años hemos
estado gobernados por demagogos. (Con unas pocas excepciones, como la de don
Arturo Frondizi.) Estos demagogos primero despilfarraron los ahorros de épocas
anteriores; después "tomaron" y dilapidaron el ahorro de los
beneficiarios del sistema jubilatorio; luego liquidaron las empresas del estado
(patrimonio de todos los argentinos); y por último saquearon a los ahorristas
del sistema bancario. Si se observa la secuencia, se notará que siempre han
tomado el camino más fácil y han perjudicado a quien menos se iba a quejar:
habitantes del país propietarios de un ahorro que no les había costado mucho
hacer; futuros beneficiarios de un sistema que recién comenzaba a
implementarse; dueños de empresas que no siempre las habían sentido como
propias; y personas que confiaban en leyes que jamás se respetaron. ¿Cómo
sigue esta película? ¿Se avanzará todavía más sobre nuestra propiedad? ¿Se
confiscarán los contenidos en las cajas de seguridad? ¿Se obligará a las personas
a ceder parte de sus bienes personales al Estado? No se debe perder de vista que todos
los avasallamientos antes mencionados han consistido en avances sobre propiedades cada vez más
cercanas a las personas. Si bien nuestros problemas son estructurales, es fácil
identificar la causa desencadenante de cada una de estas catástrofes: el
populismo terminó con las reservas y el sistema jubilatorio; la estatización
de las deudas de particulares y el seguro de cambio para quienes tenían deudas
en el exterior llevó a un crecimiento de la deuda pública que obligó a vender
los activos del estado; la convertibilidad desembocó en la pérdida de los
ahorros de la gente. ¿Cómo se instrumentará el próximo avance sobre la
propiedad de las personas? Todos hemos escuchado a quien propone sustituir la
convertibilidad por la dolarización y el sistema bancario anterior por una
banca off-shore. Creo entrever cómo funcionaría la economía entonces:
todos cobraríamos en dólares, ahorraríamos en bancos del Uruguay y
pediríamos préstamos a esos mismos bancos. ¿Qué ocurrirá cuando nuestros
ingresos caigan en dólares como resultado del déficit de nuestras cuentas
fiscales y tengamos que afrontar pagos en el exterior en dólares? ¿Rematarán
entonces nuestras propiedades?
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©2002-2007 Academia de Ciencias Luventicus
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desde Rosario, capital cultural de la República Argentina
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