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¿Cuántos caben?
Por Andrés Luetich
9
de octubre de 2002
El aviso publicitario para radio y
televisión de un automóvil de marca muy conocida
termina dirigiendo al televidente la siguiente pregunta: «¿Cuántos
sentimientos caben en tu auto?»
Durante años he oído ridiculizar
a los pensadores de la baja Edad Media porque trataban
temas tales como: ¿Cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler?
Evidentemente, con esa discusión no se estaba afrontando un problema crucial
para la
existencia humana ni siquiera un tema central de la religión cristiana; y bien
se podría decir que aquellas personas dedicaban su tiempo a cuestiones secundarias,
"exquisitas", faltas de realismo y de compromiso social. Sin embargo,
en aquellos tiempos al menos se ejercitaba el arte de disputar y
profundizar en el saber más allá de cualquier beneficio material.
Me llama la atención —aunque debo
confesar que no me sorprende— que se repudie con tanta energía a la
"ridícula" pregunta medieval sobre la cantidad de ángeles
pero que al mismo tiempo nadie diga nada sobre la cantidad de sentimientos.
Hemos asumido como criterio
irrefutable la conveniencia personal y el deseo de lucro. De ahí que lo que no se
tolera en un monje se aplaude en un publicista. Con tal de vender y aumentar
sus ganancias, ellos pueden recurrir a cualquier estrategia. Pueden generar
sofismas (los sentimientos ocupan lugar), ocultar verdades (el
cigarrillo aumenta las probabilidades de sufrir cáncer), propiciar el
desenfreno (si tu sed decide por vos, vos ya no decidís sobre tu
vida).
No se trata hoy de un ejercicio
intelectual sino de un objetivo comercial. Si, desde un punto de vista humanista
y cristiano, era criticable la pregunta medieval porque podía alejar a quienes
la planteaban y a quienes la pensaban de la práctica concreta y real del amor
al prójimo, la pregunta comercial lo es aún más, porque ya no busca la verdad
o el desarrollo de una facultad intelectual sino simplemente el lucro.
Tal vez sería interesante saber
cuántos bolsos caben en el baúl o cuántas personas caben en el habitáculo de
ese auto. Estos podrían ser datos importantes para realizar una elección
correcta. Pero perderse en el sinsentido de un planteo sugerente pero vacío, ¿en
qué podrá colaborar con nuestra decisión?
¡Qué
importante es educar en el juicio crítico, en el desenmascaramiento de sofismas? Debemos
despertarnos, salir de la burbuja de frases repetidas; slogans; expresiones
huecas; ideas inteligentes sólo en apariencia, y asomarnos a una visión más
rica y desinteresada.

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