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Apuntes
para un diccionario de disparates
del pensamiento
argentino contemporáneo
III. Los privilegios
[*]
Por Juan Pérez
9 de octubre de 2002
El privilegio de tener una jubilación especial
Lo que se ha dicho:
En cuanto a las jubilaciones, hay que distinguir los "regímenes de
privilegio" de los "regímenes especiales". Las jubilaciones de
jueces, maestros, investigadores científicos y funcionarios de la Cancillería
no son jubilaciones de privilegio, son jubilaciones que se liquidan de acuerdo a
lo establecido por regímenes especiales que toman en cuenta el sacrificio que
exige el desempeño de esos cargos.
«Cuando yo acepté el cargo de Magistrado de la Corte lo hice sabiendo que
existía ese régimen especial. Tuve que cerrar mi estudio y perder clientes.
Además asumí compromisos: ¿Sabe usted cuánta gente depende de mí?» (De
un ex juez de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a un
periodista de Radio Continental.)
«¿Usted tiene una idea de todo lo que sabe un funcionario de la
Cancillería? ¿Sabe cuánto podría ganar trabajando para corporaciones
multinacionales? ¿Usted sabe cuántos idiomas hablo yo?» (Preguntas de un
funcionario de la Cancillería a un periodista de un programa noticioso que se
emite por Canal 13.)
«Lo que está mal no son las jubilaciones especiales si no las otras.
Habría que igualar para arriba.» (De una nota de un programa emitido por un canal
de cable a un empleado del Poder Judicial.)
Los errores que se han cometido:
Estos juegos de palabras acerca de lo que debemos llamar "jubilación de
privilegio" y "jubilación especial" tienen el propósito de
desviar nuestra atención del punto central de la discusión. La razón es
obvia: la palabra "privilegio", que a los ciudadanos comunes nos
provoca indignación, a los beneficiarios de sistemas injustos les provoca
vergüenza. Por eso quieren reemplazarla por la palabra "especial",
que resulta menos conflictiva. Pero no debemos perder de vista que quien se
acoge a un sistema especial tiene un privilegio sobre el resto de los
ciudadanos. Yo me pregunto: ¿Qué tiene de especial el trabajo que realizan los
jueces; los maestros; los investigadores científicos; y los funcionarios de la
Cancillería cuando se lo compara con el que realizan los médicos en los
hospitales públicos; los policías y agentes del Servicio Penitenciario; los
bomberos y el personal de Defensa Civil; los propietarios de pequeñas
empresas que no pudieron contener las lágrimas cuando, después de 30 o 40
años de trabajo, por primera vez no pudieron hacer frente al pago de los
salarios de sus empleados por culpa del "corralito"; y las amas de
casa que dieron a luz y criaron a los habitantes de nuestro país?
Para explicar cuáles son las razones del carácter especial de estas
jubilaciones, los medios convocaron a los propios interesados en defender el
sistema. En esos reportajes encontramos a:
(1) un ex juez de la Corte mostrando cuál es su idea de la justicia. ¿Habrá
aplicado esa misma lógica al redactar sus fallos? ¿Alguien puede decirme qué
nos importan a los argentinos los compromisos de este señor o cuántas personas
viven como parásitos de su sueldo?
(2) un funcionario de la cancillería amenazando con irse a trabajar a una
corporación multinacional (con todo lo que sabe y probablemente aprendió en su
cargo). ¿No deberían ser personas con espíritu patriótico las que
desempeñaran estas funciones, en vez de estos mercenarios que nos enrostran la cantidad de
idiomas que hablan? ¿No nos saldría más barato y sería mejor para el país
un patriota con un equipo de traductores que uno de estos políglotas?
(3) un empleado del Poder Judicial que hizo uso de un argumento poco original:
"Hay que agrandar la torta." Pero, mientras tanto, la porción más
gránde se la llevan ellos. (Este argumento no es aceptable cuando la porción
que le toca a un sector de la población no satisface sus necesidades básicas.)
Los privilegiados serán los ñoquis
Lo que se ha dicho:
En una situación de crisis como la actual no se puede dejar a la gente en la
calle por más que su tarea no sea productiva. Si hiciéramos eso, no sólo
subiría el índice de desocupaión sino que aumentaría la recesión porque
habría menos dinero en circulación. Estos empleados gastan su sueldo en el
país y mueven así la rueda de la economía, no como los grandes empresarios que
acumulan dinero en cuentas en el exterior.
Los errores que se han cometido:
Antes de discutir este punto creo que se debe hacer una aclaración: un ñoqui
no es lo mismo que una persona sin empleo. El primero es alguien que puede
asistir o no a un lugar de trabajo, pero en todo caso hace como si
trabajara.
Cuando no asiste al lugar de trabajo, es un estafador; cuando asiste, es un
estorbo. Distinto es el caso de alguien sin empleo. En este caso, puede ocurrir
que la persona nunca haya conseguido uno o que haya perdido el que tenía;
además, puede ocurrir que la persona cobre o no un seguro de desempleo en la forma de un subsidio.
En lo que sigue me voy a referir sólo a los primeros, los ñoquis. Si el lector
ha conocido a un ñoqui, enseguida va a comprender mi argumento. Si no, le
pido que trate de imaginarlo. Cuando el ñoqui es alguien que se pone
indebidamente en la cola de los que cobran el sueldo en una dependencia donde no
cumple ninguna función verificable, provoca una justificada indignación.
Cuando es alguien que aprovecha su tiempo libre (todo su tiempo) para entorpecer
la labor de sus compañeros y complicarles la vida a quienes por una u otra
razón deben hacer un trámite en la oficina donde "trabaja", provoca
una indignación todavía mayor. Cualquier suma que se le pague a un ñoqui es
excesiva. Siempre es preferible pagarle para que se quede en su casa —blanqueando la situación y explicitando que su paga es un subsidio—
antes que mantenerlo en una situación indignante para sus compañeros e hipócrita para
él mismo. No veo clara la relación entre la existencia de ñoquis y el
movimiento de la economía. Si esa relación realmente existiera, ¡qué fácil sería poner
en marcha el país! Se ha dicho que estas personas gastan su dinero aquí —¿ocurrirá lo mismo con los asesores ñoquis?—. Lástima que gastan el
dinero que producen otros. Los gobiernos que hemos tenido han despilfarrado los
ahorros del país; han saqueado las cajas de jubilaciones; han vendido los
activos del estado; han gastado los ahorros de la gente; han estafado a
inversores extranjeros; y han matado de hambre y por desatención a Dios sabe
cuántos niños y ancianos. Pero ninguno de ellos tuvo la valentía de enfrentar
a los ñoquis. Parece ser que, inclusive en la actual catástrofe, los
privilegiados serán los ñoquis.
[*] Este artículo fue acercado a la Oficina de Redacción por Juan
Pérez. A diferencia de lo que ocurrió en otras oportunidades, el autor no
habló personalmente conmigo esta vez. Creo adivinar cuál es la razón:
después de la introducción que escribió para su
artículo anterior, no debe estar conforme con tener que referirse al que
hoy es el tema de discusión en los medios. En este artículo —que
llegó a mis manos sin introducción ni título— el autor confronta el sentido común con lo que se ha dicho acerca de los privilegios en nuestro
país. A veces temo por Juan Pérez. No sé a dónde lo llevará el sentido
común. (Escribo esta nota porque los autores en general no leen sus
propios artículos.)
El Editor
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