Academia de Ciencias Luventicus

 

 

¡Que se vaya alguno!

Por Andrés Luetich

30 de diciembre de 2002

 

Hace un año, la gente ganaba las calles al grito de: «¡Que se vayan todos!» Era tal la indignación ante la situación calamitosa a la que años de políticas erráticas y erradas nos habían llevado, que en el ánimo de la gente no quedaba espacio para las distinciones. Todos se tenían que ir. El recambio en los cargos políticos tenía que ser total. Se escuchaba a los periodistas decir al aire que «ya nada sería igual en la Argentina». Pero "todos" y "nada" son palabras que aluden a ideas extremas.

Hoy, a sólo un año de aquellos acontecimientos, de aquellos gritos y reclamos, vemos atónitos que no se ha ido ninguno. Los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación siguen allí —salvo uno, el menos cuestionado—. Hoy, las presiones sobre ellos se observan sólo cuando amagan con emitir un fallo acorde con la Constitución. ¿Y qué decir de los diputados y senadores? ¿En qué han cambiado sus prácticas parlamentarias? ¿No siguen acaso en sus mismos cargos, haciendo exactamente lo mismo que antes? ¿No siguen siendo más fieles al partido o al bloque que a la región de donde provienen y a la gente que los votó? ¿Y la reforma política? ¿No iba a ser la gran tarea de Duhalde? Pero Duhalde cambió ese objetivo por el de dar de comer a "jefes y jefas de hogar desocupados". Más de lo mismo. ¿Acaso el sistema político corrupto de la Argentina no viene sosteniéndose hace años gracias al clientelismo y las dádivas? Y esta vez hubo que dar mucho: dos millones de subsidios para que nada cambie, para calmar el repudio y el clamor. Se da de comer, pero no se enseña a pescar.

Los candidatos son los mismos de siempre y las peleas entre ellos son peores que antes. El radicalismo, que demostró recientemente en dos oportunidades su incapacidad para gobernar el país, ahora da pena mostrando no poder ni siquiera administrarse a sí mismo. ¿Cómo puede pretender gobernar la Argentina un grupo de personas que no puede ni organizar una elección interna en su propio partido? ¿Quién no sospecha hoy que a Terragno le robaron la interna? ¿Y para qué? ¿Están jugando a la política? Parecen muchachos de un centro de estudiantes secundarios, niños que aprenden jugando. Pero están grandes ya para jugar, y tal vez estén jugando con fuego. ¿Y qué decir del justicialismo? ¿Puede ser que tampoco sus líderes sean capaces de organizar de un modo racional y consensuado la selección de sus candidatos para la elección general? Menem vs. Duhalde. ¿No compiten en esta "pelea de fondo" los mismos que vienen manejando la Argentina desde 1989? ¿Y no era que se iban a ir todos?

Hace algunos años, en un reportaje para la televisión argentina, el sociólogo y entonces presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardozo, dijo que los argentinos, a diferencia de los brasileños, tomamos todo muy a la tremenda. Cuando algo parece andar bien ya está todo bien, el futuro es promisorio y las expectativas inmejorables; cuando algo sale mal, somos los peores, no hay ninguna esperanza y no hay futuro para nosotros. Creo que Cardozo tenía razón. Nos vamos a los extremos y no construimos nada. Como se ha dicho: «Lo perfecto es enemigo de lo bueno.» Y nosotros, que sólo admitimos lo perfecto, al final no logramos ni siquiera lo bueno. Reclamamos todo y no logramos nada. Así fue que pedimos a los gritos por las calles que se fueran todos. Y así es que hoy, un año después, levantaremos nuestras copas para recibir el año 2003 sabiendo que todos siguen allí haciendo lo mismo.  

Creo que nuestras palabras son más grandes que nosotros, nuestras convicciones, nuestra capacidad y nuestra perseverancia. Por eso este fin de año brindo porque aprendamos a bajar los decibeles del lenguaje, las pretensiones y las expectativas exageradas y porque aumentemos el empeño y el tesón en llevar proyectos concretos y viables a la práctica. ¿Que se vayan todos? Mejor: ¡Que se vayan algunos! ¡Que vengan otros mejores! Y que todos sigamos protestando, participando y reclamando hasta que logremos una buena reforma política, que tal vez no logre expulsar a todos los que se deberían ir, pero que fomente el ingreso de gente nueva y dificulte el funcionamiento de los mecanismos de corrupción de nuestro sistema político actual.

Recomienda esta página a un(a) amigo(a)

desde Rosario, capital cultural de la República Argentina

política de privacidad

getCITED

base de datos de autores, artículos, publicaciones e instituciones

"Novedades" de la Academia Luventicus

Nombre(s) y Apellido(s):

Dirección de
correo electrónico:

suscríbase al boletín
de la Academia Luventicus

Luventicus Búsquedas