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AVICENA |
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Él mismo cuenta que leyó cuarenta veces la Metafísica de Aristóteles, llegando incluso a saberla de memoria, pero que sólo pudo entenderla gracias a un libro de Alfarabí, Diseño de la Metafísica, que compró por casualidad. En el siglo XII se tradujeron algunas de sus obras al latín. Ello permitió que la filosofía de Aristóteles cobrara más presencia en Occidente, aunque la versión aristotélica de Avicena estuviera fuertemente influenciada por el neoplatonismo. Así Avicena se constituyó en el vehículo de ideas que serían claves para la Filosofía Occidental: la Metafísica como ciencia del "ser en cuanto ser"; el "esencialismo", que distingue la esencia de la existencia y considera a esta última como un accidente de la primera; la concepción del alma como sustancia inmaterial capaz de autoconciencia, con una esencia distinta de la del cuerpo. Avicena negaba la inmortalidad del alma individual. A través de él, Occidente entró en contacto con la doctrina del Intelecto Agente único, común a todos los hombres. En realidad no hacia sino tomar esta idea de Alfarabí. Cada individuo posee un intelecto paciente que, al volverse hacia el intelecto agente, recibe de él las formas inteligibles correspondientes a sus imágenes sensibles. Por la repetición de este esfuerzo se puede adquirir cierta aptitud para recibir la ciencia del intelecto agente. Cualquier
cosa que pensemos, siempre la concebimos como "algo que
es". Avicena desdobla la noción de ser en dos: ser necesario (que no
tiene causa y por su esencia no puede no existir) y ser posible (que puede
existir sólo si es producido por una causa). Por la experiencia conocemos
únicamente objetos cuya existencia depende de determinadas causas. Tanto
ellos como sus causas son "posibles", no "necesarios".
Toda la serie de causas que da existencia a los seres posibles es,
también, posible y no necesaria. Y siendo que lo posible es lo que
necesita una causa Avicena sostiene que la producción del mundo por parte de Dios es eterna. El mundo es un efecto eterno de una causa eterna, Dios. |
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