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Wilson: ¿Pelota o persona? El hombre necesita relacionarse no sólo con cosas sino también con personas. Etienne Gilson, en su libro Dios y la Filosofía, afirma que el pueblo griego explicaba filosóficamente el mundo como un orden jerárquico de cosas, en cuya cima se hallaba "algo" primero (el Bien de Platón, por ejemplo). Pero —continúa Gilson—, como los griegos no podían vivir en un mundo de meras cosas, necesitaban de su religión para estar en referencia no a "algo" sino a "alguien", a otro u otros seres personales. Varios pensadores de los siglos XIX y XX han sostenido, no ya desde una perspectiva cristiana como la de Gilson, sino desde una visión atea, que Dios y los dioses no son más que una proyección humana, una creación humana. Feuerbach, por ejemplo, afirmaba que no ha sido Dios quien creó al hombre sino éste quien proyectó en un ser imaginario (Dios) sus potencialidades. Por eso sostenía que la Teología era Antropología y que el amor a Dios debía ser reemplazado por el amor al hombre. En esta película, Wilson ha adquirido para Chuck un claro carácter personal. Chuck dialoga y se enfada con "él" y hasta llega a arriesgar su vida para "salvarlo" en el mar. Es evidente que la persona Wilson no existe, que existe tan sólo la pelota. En cuanto a Dios, la discusión sobre su existencia o inexistencia sigue abierta. A pesar de su evidente no existencia en cuanto ser personal, Wilson ha jugado un papel muy importante para mantener la "salud mental" de Chuck. Salvando las distancias, podemos encontrar en ello un paralelo con las afirmaciones de Viktor Frankl respecto de la Religión. Él, tomando distancia en cuanto psicólogo de las discusiones sobre la existencia o inexistencia de Dios, sostiene que es conveniente para el terapeuta que el paciente tenga alguna creencia religiosa, ya que ésta puede ser muy útil a la hora de ayudarlo a descubrir el sentido de su vida, factor que él considera clave para evitar el "vacío existencial". Como psicólogo, Frankl no puede afirmar o negar la existencia de Dios, pero sí puede constatar la repercusión que tiene esa creencia en la vida psíquica de sus pacientes. En el caso de Chuck se da el peor de los escenarios: Wilson no existe; sin embargo, esa relación sigue siendo constructiva y hasta crucial en su vida. Contribución de Andrés Luetich |
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