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Galileo
nació en Pisa (Italia) en 1564. Su padre, Vincenzo Galilei, quien
era un compositor de música aficionado a las Matemáticas. Galileo
estudió Medicina en las
universidades de Florencia, Pisa y Padua. Recibió una sólida
formación matemática y se interesó por los problemas físicos, llegando a
formular la "Ley del Péndulo". El prestigio ganado por
sus descubrimientos le valió el nombramiento como Profesor de Matemática.
Galileo
cuestionó la concepción que la física aristotélica tenía acerca
del
movimiento de caída libre. Según Galileo, la aceleración de la
gravedad es idéntica para todos los cuerpos. Y respaldó sus
afirmaciones con experimentos. Conocía la Teoría Heliocéntrica de
Copérnico y la compartía, pero no la defendía públicamente pues sabía que las autoridades eclesiásticas y científicas
sostenían la Teoría Geocéntrica (ptolemaica).
Viviendo
en Venecia, contrajo matrimonio con Marina Gamba, en 1599, con quien tuvo tres hijos.
Cuando
tomó conocimiento, en 1609, de la invención de lentes ópticas por
parte de científicos holandeses, concibió el proyecto de aplicar
esta tecnología para optimizar la observación de las estrellas y él mismo
lo llevó a la práctica construyendo un telescopio. Al
respecto dice el propio Galileo: “Primero que todo, vi la Luna tan
cerca como si estuviese apenas a una distancia de dos semidiámetros de la
Tierra. Después de la Luna, observé frecuentemente
otros cuerpos celestes, tanto estrellas fijas como
planetas, con increíble deleite.” Gracias
a la utilización del telescopio pudo descubrir que la superficie de
la Luna no era lisa y uniforme, como se creía, sino despareja, con
cráteres y montañas: seguro de que la superficie de
la Luna no es perfectamente lisa, libre de desigualdades y exactamente esférica
[…], sino que
está llena de desigualdades, huecos y protuberancias, así como la
superficie de la Tierra, la cual está alterada por todas partes con elevadas montañas y
profundos valles.”
Descubrió, además, que Júpiter tenía satélites que giraban a su
alrededor; que el Sol tenía manchas móviles oscuras y que la Vía
Láctea estaba formada por un inmenso número de estrellas.
Galileo
expuso estos descubrimientos en su obra Sidereus
Nuncios ("Mensajero Sideral", 1610). Los nuevos datos aportados
por sus observaciones tenían consecuencias revolucionarias. La
rugosidad lunar y las manchas solares demostraban
que los cuerpos celestes no diferían tanto
de la Tierra como se creía entonces. Entraba
en crisis la división aristotélica entre un mundo celeste
(incorruptible y perfecto) y
un mundo sub-lunar (en el que regía la corrupción y la muerte).
Al mismo tiempo, el descubrimiento de los satélites de
Júpiter reforzaba la idea de que las mismas leyes regían a
todo el Universo, ya
que el sistema de Júpiter y sus satélites se parecía en mucho al
sistema solar tal como lo concebía Copérnico.
Siguiendo esta línea de investigación, Galileo intentó demostrar
que las leyes
que
rigen el movimiento de los cuerpos celestes son las mismas que rigen
el movimiento de los objetos en la Tierra, tarea que sería completada
luego por Newton. Dedujo además, a partir del
movimiento de las manchas solares, que el Sol giraba sobre su eje;
y, por otro lado, que la Luna no era por sí misma luminosa sino
sólo en cuanto reflejaba la luz del Sol.
Respaldado
por sus observaciones, Galileo comenzó a defender públicamente el
heliocentrismo de Copérnico. En 1611 presentó su telescopio ante
la corte papal, causando gran impresión. De todos modos, los más
acérrimos defensores de la física aristotélica y de la
cosmología de Ptolomeo se opusieron fuertemente a sus afirmaciones.
Por su parte, algunos teólogos denunciaron la incompatibilidad
entre las teorías de Galileo y las Sagradas Escrituras. Galileo salió
al cruce de estas últimas críticas a través de una carta dirigida
a la duquesa de Toscana, Cristina de Lorena, en 1615. En la misma, hacía una clara distinción entre
Ciencia y Religión,
declarando a la Física y a la Astronomía como teológicamente
neutras y sosteniendo que "el libro de la Naturaleza" debía
ser leído en lenguaje matemático.
En
1616 publicó un tratado sobre el flujo y el reflujo del mar, en
apoyo de la teoría copernicana. Denunciado ante el tribunal de la
Inquisición, debió defenderse frente al cardenal Roberto
Bellarmino, quien prohibió enseñar o sostener la Teoría
Heliocéntrica por considerarla falsa y errónea. Tras el juicio (1516),
Galileo se vio ante la imposibilidad de continuar con su labor. En
lo sucesivo, se dedicó a pulir el nuevo método experimental para
la investigación científica.
Un
decreto de 1620 autorizó la enseñanza del heliocentrismo,
siempre y cuando se lo presentara como mera hipótesis. Además, en
1623 fue elegido Papa el cardenal Barberini (Urbano VIII), un amigo
personal suyo. Estos dos hechos lo animaron a reemprender la defensa
de la cosmología copernicana.
En
1632, Galileo publicó en la ciudad de Florencia, sin cumplir con
todos los pasos exigidos para la obtención del imprimatur, su Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, el
ptolemaico y el copernicano. En esta obra defendía el
heliocentrismo no ya como hipótesis sino como realidad, dejando
casi en el ridículo a la física aristotélica, al sistema
ptolemaico y al lenguaje escolástico. Pero como las cosas no habían cambiado
tanto como él creía, volvió a ser citado en Roma para dar cuenta de sus
afirmaciones. Corría el año 1633. La Congregación del Santo
Oficio lo encontró culpable por haber puesto el imprimatur a su obra sin permiso y de contradecir el
geocentrismo sostenido por las Sagradas Escrituras y la Filosofía.
Ante la presión, Galileo se vio obligado a renegar de su
heliocentrismo y a declararse partidario de la cosmología clásica.
Algunos cuentan que, al retirarse del recinto en el que abjuró de
sus teorías, dijo, en referencia a la Tierra: «Pero se mueve.» Fue condenado a
prisión, pero por su avanzada edad y su debilitada salud
se le permitió residir bajo arresto domiciliario en Arcetri, cerca
de Florencia.>
Ya
muy anciano, continuó con sus observaciones hasta 1637, año en el
que quedó ciego. A pesar de ello, y con la colaboración de sus
discípulos Viviani y Torricelli, concluyó y publicó sus trabajos
de mecánica (1638) que incluían una formulación restringida del Principio de
Inercia, la ley de la caída de los cuerpos, el Principio de Relatividad y
el Principio de Composición de Velocidades, el
péndulo y el isocronismo. Murió en Arcetri, en 1642.
Se
ha considerado a Galileo como el "Padre de la Física Moderna".
Él elaboró y probó toda una metodología nueva para esta ciencia,
basada en el enunciado de principios generales, formulados
matemáticamente, a partir de una rápida inducción, de los cuales
deducía consecuencias que comprobaba experimentalmente. Esta combinación
de método hipotético-deductivo y experiencia actuó como paradigma
para quienes cultivaron esta ciencia después de él..
Fue
uno de los artífices de la matematización de la Naturaleza: “La
Filosofía está escrita en ese gran libro del Universo, que está
continuamente abierto ante nosotros para que lo observemos. Pero el
libro no puede comprenderse sin que antes aprendamos el lenguaje y
el alfabeto en que está compuesto. Está escrito en el lenguaje de las
Matemáticas y sus caracteres son triángulos, círculos y otras
figuras geométricas, sin las cuales es humanamente imposible
entender una sola de sus palabras. Sin ese lenguaje, navegamos en un
oscuro laberinto.”
N. del
E.: En el artículo titulado “Corrientes
filosóficas” se hace referencia a Galileo en el apartado “Corrientes
cosmológicas”.
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