Reportaje a Pedro Derosa, físico argentino radicado en Estados Unidos
realizado por Gisella Carboni y Juan Manuel Rodríguez
publicado el día 12 de diciembre de 2003

Pedro Derosa hizo la Licenciatura y el Doctorado en Física en la Facultad de Matemática, Astronomía y Física (FaMAF) de la Universidad Nacional de Córdoba (República Argentina). En su tesis de grado y en el doctorado trabajó en el diseño de un polarizador de rayos X en el Grupo de Espectrocopía Atómica y Nuclear a cargo del Dr. Raúl Mainardi.

En 1998 realizó un trabajo posdoctoral en el Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Carolina del Sur (Estados Unidos) con la Dra. Perla Balbuena. Allí trabajó en el diseño de baterías de litio y nanocatálisis haciendo uso de la Teoría del Funcional Densidad y de la técnica Dinámica Molecular. En 1999 se integró al grupo del Dr. Jorge Seminario en el Departamento de Química y Bioquímica de la misma universidad, para usar esas técnicas en el área de la Electrónica Molecular. En el año 2000, acompañó al Dr. Seminario y su grupo cuando se trasladó al Departamento de Ingeniería Electrónica.

Desde septiembre de 2001 trabaja como Investigador Asociado del
Departamento de Física y del Instituto de Micromanufacturas (
Institute for Micromanufacturing) de la Universidad Tecnológica de Luisiana (Louisiana Tech Univesity) en el área de nanomateriales —usando las técnicas antes mencionadas— y está a cargo, junto a dos profesores, de la creación de un laboratorio de computación para investigación en nanotecnologías.

Como docente, fue ayudante mientras cursaba la licenciatura y colaboró en el dictado del curso de ingreso y de las materias Física Moderna I y Termodinámica. Durante el doctorado fue auxiliar docente de primera y con ese cargo trabajó en las cátedras de Introducción a la Fisica y Física I en la FaMAF, y en Física I y Física II en Ciencias Químicas. Actualmente, en la Universidad Tecnológica de Luisiana, dicta como docente a cargo Física Conceptual I (Conceptual Physics I), materia de grado que ofrece el Departamento de Física para estudiantes de carreras no científicas, y Física General I, prácticas de laboratorio para estudiantes de las mismas carreras. En el próximo término (invierno) va a dictar Física General II y Materiales Avanzados para Micro y Nano Dispositivos y Sistemas (Advanced Materials for Micro/Nano Devices and Systems), una física del estado sólido para graduados y estudiantes de Ingeniería.

—¿Cómo ve usted a la universidad argentina desde EEUU?

—Yo he perdido un poco el contacto académico con la universidad, pero comparando el nivel de mi carrera de grado en Argentina con el de las carreras de grado en Carolina del Sur y en Luisiana, puedo decir que en Argentina, al menos donde yo estudié, el nivel es muy superior. Cuando vine a EEUU cambié completamente mi área de investigación; sin embargo, con lo que aprendí en mi Licenciatura me alcanzó para defenderme muy bien aquí. Con respecto a las carreras de posgrado (maestrías y doctorados), las de EEUU son más intensas: hay más cursos, que de todos modos no son muy exigentes, y la investigación es más competitiva. Pero me imagino que la perspectiva sobre la calidad de las carreras de grado y los cursos de posgrado puede ser muy distinta desde univesidades grandes como Berkeley, Oxford o el MIT.

—La extensión de las carreras del área científica, ¿es comparable a la de las nuestras (5 años las ingenierías, 4 años las licenciaturas)?

—Cuando yo estudié, las ingenierías eran de 6 años y las licenciaturas de 5. No sabía que eso había cambiado. Aquí no hay diferencias entre las distintas carreras: el título de grado, que se llama "Bachelor" y puede ser en Ingeniería, Ciencias, Humanidades, etcétera, se obtiene en 4 años y, por lo general, no requiere la presentación de una tesis. Un bachelor es menos que un licenciado. Cuando vine a EEUU tuve que hacer validar mis títulos y aquí consideraron que el de Licenciado era equivalente al de Bachelor más el de Master.

—¿Cómo se accede allí a los posgrados? ¿Se toman en cuenta las notas
obtenidas en la carrera de grado?

—Las notas obtenidas son extremadamente importantes. Además, los candidatos a un posgrado deben rendir un examen (GRE, Graduate Record Examination) que consta de tres partes: Lógica, Matemática e Inglés (para los nativos, Lengua). La parte de Inglés está calibrada para americanos, así que es muy difícil para extranjeros. Del puntaje obtenido en este examen también depende que al candidato se lo acepte o no. Los extranjeros deben rendir un examen de Inglés para extranjeros (TOEFL, Test of English as a Foreign Language).

—¿Hay allí grupos con ventajas a la hora de acceder a estudios superiores?

—Hay programas para minorías (mujeres, negros e hijos de latinos), pero, en general, todos tienen ante la ley las mismas chances de acceder si su familia puede pagar los estudios.

—¿Hay becas?

—Las hay, pero no funcionan como en Argentina. Aquí las becas son como premios que muy pocos ganan. Lo que normalemente ocurre es que el estudiante, o paga sus estudios, o consigue un profesor que le pague el sueldo. Los sueldos de estudiantes, investigadores posdoctorales, y del personal en general, son pagados por cada profesor con sus subsidios.

—¿Cuáles son los problemas de la universidad en EEUU?

—En mi opinión, al menos en las univesidades chicas, el nivel de exigencia en los cursos es bajo. Creo que se subestima al alumno, se lo trata como si estuviera en el secundario y se genera un círculo vicioso: al tratarlos como adolescentes, se comportan como adolescentes. Sin embargo, debo admitir que esto funciona para ellos y de las universidades americanas salen buenos profesionales y buenos investigadores.

—¿Qué diferencias encuentra entre la actitud del alumno americano y la del alumno argentino? ¿Cómo las explicaría?

—Primero quiero aclarar que aquí la mayor parte de los estudiantes de posgrado son extranjeros. Los americanos son mayoría sólo en las carreras de grado. Dicho esto, basándome en mi experiencia en las dos universidades en las que estuve, creo que el alumno americano y el argentino se parecen en muchas cosas, pero veo entre ellos la misma diferencia que entre la gente de clase social alta y la de clase social baja. Aquí los alumnos son muy celosos de sus "derechos" y llegan a mostrar una cierta altanería. (Bueno, al respecto los argentinos no podemos hablar mucho, ¿no?). La explicación es simple, el alumno americano tiene en general una vida más fácil que el argentino (mejor situación económica en un país que generalmente funciona) y, además, pagan mucha plata para estudiar (miles de dólares por año). Entonces, el que paga tiene derecho a exigir.

—En muchas películas se puede ver que los alumnos de las universidades americanas constituyen "clubes privados" o "cofradías" que tienen incluso una ceremonia de "iniciación". ¿Es esto realmente así? En tal caso, ¿qué clase de alumnos participan de esas actividades?

—Sí, sí los hay. Son algo así como sociedades de honor. No estoy muy familiarizado con su funcionamiento y no tengo idea de si realmente existe una ceremonia de iniciación. Sé que hay diversas asociaciones con diferentes criterios para aceptar a sus miembros (casi siempre relacionados con el desempeño como alumnos).

—Hemos visto que muchos investigadores incluyen entre sus antecedentes referencias a asociaciones cuyos nombres son una serie de letras griegas (Kappa, Phi,…). ¿Está relacionado esto con lo que mencionábamos antes? En todo caso, ¿siguen algunos participando de estos grupos siendo ya graduados?

—Como les decía antes, ser miembro de alguna de estas asociaciones es algo así como una prueba de que se es buen alumno y por eso muchos lo mencionan como antecedente. Tengo entendido que estas asociaciones siguen en contacto con graduados pero no estoy seguro.

—¿Cómo describiría la relación docente-alumno en EEUU en el nivel de grado?

—La distancia entre el profesor (professor) y el alumno es aquí muy marcada: el profesor, un ser todopoderoso; el alumno, un irresponsable a quien hay que controlar en cada uno de sus movimientos. Se trata de algo parecido a lo que ocurre en Argentina en la escuela secundaria.

—¿Ha tenido noticia usted de hechos comparables a la toma del Rectorado de la UBA o a la toma de la Facultad de Medicina de la UNR por parte de los estudiantes?

—No, no he tenido noticia de algo semejante.

—¿Por qué decidió usted ir a trabajar a los EEUU?

—Venir a EEUU es una gran oportunidad para cualquier investigador. La posibilidad de trabajar con los recursos que se manejan aquí es algo que no se puede desperdiciar. Por otro lado, cuando vine los caminos se me estaban cerrando: terminaba mi doctorado y con ello mi beca de doctorado y, honestamente, en aquel momento no había ninguna opción con un grado de probabilidad aceptable. En resumen, una buena oportunidad para crecer como investigador versus un camino incierto en el mejor de los casos.

—¿Cuáles son sus espectativas en lo académico?

—Formar mi grupo de investigación y conseguir una línea de subsidios que me permita realizar con tranquilidad mi investigación y contribuir a elevar el nivel de enseñanza de la universidad donde trabajo.

—¿Volvería a la Argentina? ¿Qué condiciones deberían darse para ello?

—La verdad es que lo veo difícil. Es probable que la Argentina mejore sustancialmente en los próximos años, pero va a llevar mucho más tiempo que los investigadores tengan acceso a los recursos que hay aquí para investigar. Sin embargo, el factor más importante es lo personal. Si bien extraño mucho a mi gente, mis amigos y las costumbres, al menos en ciudades chicas como las que me ha tocado vivir, la vida aquí es tranquila, no tengo que preocuparme tanto por robos o secuestros. Trabajo muchas horas diarias (12 o 14 horas, dependiendo del día) pero me siento bien retribuido profesional y económicamente. Y no es que me estoy haciendo rico: tengo que cuidarme, pero si lo hago puedo acceder a una casa, un auto, y darle una buena educación a mi hijo. Hoy por hoy, en Argentina eso no es posible. He pagado y aún pago un precio muy alto por esto: estar lejos de mi familia es sin dudas lo más difícil, pero también me doy cuenta de que he cambiado mis costumbres: por ejemplo, ya no soy tan fanático del fútbol (claro que siendo hincha de River eso es casi una bendición). Además, ahora me aferro a otras cosas: estabilidad social y económica; una retribución acorde al esfuerzo y, sobre todo, la posibilidad cierta de darle un futuro digno a mi hijo. A todo esto es difícial renunciar.

—Con respecto a su hijo, ¿dónde le gustaría que hiciera una carrera universitaria, si se tratara de una carrera técnica?

—No lo sé. Quisiera que mi hijo tuviera una educación al menos como la que yo tuve en la FaMAF, en la Universidad de Córdoba. No creo que eso sea posible en cualquier universidad de EEUU. El nivel de exigencia en las carreras de grado en las dos universidades que conozco es bajo comparado con el que yo tuve. Cuando hablo de "nivel de exigencia" no me refiero a que el profesor deba ser un sádico y torturar al alumno con exámenes desproporcionados para sus posibilidades. Me refiero a enseñar con un nivel alto y exigir un esfuerzo de parte del alumno para aprobar la materia. El alumno debe llegar a la meta, no la meta ser adaptada al alumno. Creo que esto sería posible en universidades grandes y en alguna de ellas es donde me gustaría que mi hijo estudiara.

—En cuanto a los sueldos (o, mejor, al poder adquisitivo), ¿es tan grande la diferencia entre los investigadores americanos y los argentinos? ¿Y en cuanto a las horas de trabajo?

—Los sueldos son más altos que en Argentina, bastante más altos. Sin embargo, el poder adquisitivo no es tan grande como el sueldo lo indicaría. Hay muchas cosas que en Argentina se pueden ver como lujos pero que aquí son necesarias. Un ejemplo es el auto. En ciudades chicas no hay medios de transporte público fiables. No tener un auto es la muerte. Otro ejemplo es la universidad. Si uno quiere mandar a sus hijos a estudiar, eso cuesta varios miles de dólares por año, dependiendo del lugar. La escuela también es cara, pero no sé cuánto se paga. En resumen, los sueldos son bastante más altos, el poder adquisitivo es más alto, pero los gastos también son más altos. Respecto a las horas de trabajo, el americano trabaja jornadas de 8 horas, 5 días a la semana. En la universidad, haciendo investigación, son muchas más. Un profesor trabaja no menos de 10 horas por día y muchos fines de semana (dependiendo del profesor, por supuesto). Los estudiantes e investigadores posdoctorales dedican ese tiempo o más.

—¿Es cierto que la gente allí da menos importancia a lo personal que a la carrera profesional? ¿Es cierto que son más fríos, que no disfrutan tanto de tomar un café o reunirse con amigos?

—En general, es cierto. El americano se muda mucho: primero, a los 18 años, se va a
la universidad, probablemente ubicada en otra ciudad; después, si hace un posgrado, lo hace en otra universidad; finalmente, tiene más de un trabajo en su vida, casi siempre en ciudades distintas. Yo creo que ellos hacen relaciones más superficiales porque de lo contrario les sería muy difícil dejar amigos constatemente. Pero, por otro lado, son gente muy abierta a conocer nueva gente. El americano es una persona correcta y amable, dispuesta a ayudar al recién llegado. Quizás no vayan demasiado lejos, pero están ahí cuando se los necesita.

—¿Existe en EEUU un organismo comparable al CONICET? ¿Y a la Agencia de Promoción Científica?

—Aquí existe un organismo llamado "National Science Foundation" (NSF). No sé exactamente qué es la Agencia de Promocion Cientifica.

—La Agencia de Promoción Científica es hoy el ente encargado de evaluar proyectos y otorgar subsidios. A diferencia del CONICET, no tiene un staff de investigadores en su estructura.

—La NSF tiene investigadores asociados de una manera u otra pero no como en la
Carrera del Investigador del CONICET. Lo que el CONICET y la NSF tienen en común son los criterios para asignar subsidios. Otras agencias del Gobieno (Departamento de Energía, Departamento de Defensa, etc.) tienen fines bien definidos y subsidian proyectos de su interés. La NSF subsidia cualquier tipo de proyecto (siempre hay prioridades, por supuesto) y también ciencia básica.

—Aquí se discute si sería bueno que la investigación fuera llevada adelante en el ámbito universitario (modelo norteamericano). Los que piensan que sería conveniente dicen que la Agencia podría jugar el papel de la NSF y los institutos podrían quedar en manos de las universidades; los que piensan que no sería conveniente dicen que en las universidades hay "demasiada política" y que siempre un decano va a priorizar construir un aula antes que un laboratorio de investigación. ¿Qué piensa usted al respecto? ¿Por qué el sistema integrado funciona en EEUU?

—Bueno, todo es cuestión de economía. Probablemente un decano aquí también decidiría construir un aula antes que un laboratorio si la investigación no produjera ingresos a la universidad. Recuerden que aquí la universidad se queda con una buena parte de los subsidios (una porción que puede estar entre el 30 y el 50 % dependiendo de la universidad y el destino de la plata del subsidio), o sea que a la universidad le conviene que sus profesores hagan investigación. Es común aquí que en universidades chicas el papel de la investigación sea menos protagónico que en las grandes. Las universidades chicas tienen pocos profesores y, por lo tanto, la carga docente es alta y el tiempo para investigación reducido. Además, aun cuando se les dé tiempo a los profesores para investigar, la cantidad total de plata que podrían traer no es mucha porque son pocos los investigadores y entonces es mejor fomentar la enseñanza. Recuerden también que acá los alumnos pagan y mucho para estudiar en la universidad. Lo que sí he visto en algunas universidades es la formacion de institutos, como el de micromanufacturing adonde yo trabajo. Estos centros son enteramente de la universidad pero ponen énfasis en la investigación. Es una manera de equilibrar la balanza, sobre todo en universidades chicas. La universidad donde estoy es chica, pero el nivel de exigencia a los investigadores que trabajan asociados a este instituto es muy
alto, lo suficiente como para forzarlos a dar lo mejor de sí.

—Entre nosotros existen instituciones de diverso origen (el CONICET, la CNEA) que compiten por el presupuesto teniendo grandes diferencias en su composición y objetivos. ¿Se da ese fenómeno en EEUU?

—Sí, aquí hay varias agencias que se reparten los fondos que el gobierno pone a su disposición. Una es la NSF, otra es el Departamento de Energia, otra es el Departamento de Defensa (con el Army, la Navy y varias subagencias). ¿Cómo se reparte el dinero? Depende de las necesidades. Después del 11 de septiembre de 2001, mucha plata fue redireccionada al Departamento de Defensa, por ejemplo.

—¿Qué papel juega allí la investigación no estatal? ¿Está en manos de fundaciones, ONGs o empresas?

—No sé a qué se refieren con investigación "no estatal", pero aquí hay grandes empresas que tienen sus propios laboratorios de investigación. Además, las empresas financian la universidad mediante subsidios para que ésta realice investigación en temas de su interés.

—¿Ve usted alguna cosa del sistema científico americano que pueda trasladarse al argentino para mejorarlo? ¿Podría ser bueno unificar los organismos de investigación con la universidad?

—Sin incrementar el presupuesto es difícil mejorar. Uno de los principales motores de la investigación aquí es la plata. Acá no hay nada asegurado. Al principio de la carrera uno debe presentar muchos pedidos de subsidios para tener una probabilidad razonable de ganar alguno. Eso empuja a hacer las cosas bien: un investigador que tiene subsidios garantizados o, como pasa en los últimos tiempos en Argentina, un profesor que tiene garantizado que no va a recibir ningún subsidio, es probable que no ponga mucho esfuerzo. Aquí hay plata, entonces los subsidios son suficientes para que quien trabaja a conciencia reciba algo que le permita hacer investigación aun cuando aproximadamente el 40% quede para la universidad. Así, el investigador y la universidad tienen plata. Una cosa factible de implementar en Argentina y que a lo mejor ayudaría sería que las distintas instituciones que dan becas para doctorado (CONICET, CNEA, SeCyT) no las den directamente a estudiantes sino a profesores responsables de pagar el sueldo a sus estudiantes. La plata en circulación sería la misma, pero esto pondría más peso en los investigadores, quienes deberían hacer las cosas bien como para poder obtener la plata para pagarles a sus alumnos. Eso sería bueno para sus antecedentes ya que la cantidad de subsidios que reportarían sería más alta, y también pondría peso extra en los estudiantes porque el profesor podría exigir más al ser él quien les paga. Aquí las cosas funcionan así: el profesor recibe la plata y contrata alumnos.

—¿Le parece que podría ser una buena idea aumentar la cantidad de universidades privadas?

—No necesariamente. Las universidades estatales pueden trabajar muy bien. Es más, siendo que el principal interés de una universidad privada es ganar plata, si la investigación no fuera rentable, entonces no se la promocionaría. En EEUU también hay universidades privadas, pero las públicas son en general las que más importancia tienen. Sin embargo, se debe aclarar que aquí la universidad, privada o no, es muy cara. Con estos aranceles, la mayoría de los argentinos no podría estudiar.

—Una innovación que se ha hecho aquí es poner los institutos al servicio de parques tecnológicos. A éstos los llaman "incubadoras de empresas". Dicen que hay muchos en Europa. ¿Los ha visto usted en EEUU? En tal caso, ¿qué gravitación tienen dentro del sistema?

—No, aquí la universidad trabaja en colaboración con empresas, pero se trata de empresas grandes y de muchos años, que vienen a la universidad para que ésta ponga alguno o algunos de sus investigadores a trabajar en un proyecto de mutuo interés. La empresa en este caso subsidia el proyecto, pero no hay nada parecido a institutos al servico de parques tecnológicos.

—Le preguntamos esto porque los parques tecnológicos son ahora las "estrellas" de nuestro sistema. Funcionan así: se constituyen sociedades anónimas de las cuales participan empresarios e investigadores. Es decir, los investigadores participan de las ganancias de los proyectos en los que trabajan. ¿Cómo ve a priori esta idea? ¿Existe algo parecido allí?

—Me parece una excelente idea porque ayuda a la investigación a autofinanciarse y da a los investigadores una salida laboral. Me imagino que sin estos parques tecnológicos muchos investigadores quedarían afuera del sistema porque las posibilidades de ser incorporados en las universidades son pocas. Respecto a proyectos similares en EEUU, no creo que exista ninguno. En general, las empresas chicas no hacen investigación de ningún tipo: sólo se dedican a su negocio. La investigación se realiza en universidades y en empresas tan grandes que pueden tener laboratorios propios (IBM, Hewlett Packard). Pero permítanme repetir que mi conocimiento del sistema cientifico de EEUU es limitado.

—¿Qué importancia tienen en EEUU las patentes para el investigador?

—Son muy importantes. Un buen investigador tiene muchos papers y varias patentes.

—Los típicos inventores, ¿hacen buenas carreras en las universidades?

—La verdad es que no los veo en las univesidades. Lo que se patenta en universidades son los resultados de algún proyecto de investigación que podría dar lugar a un producto comercial o simplemente se patentan ideas que puedan servir de base a una nueva rama de investigación.

—Por último, nos gustaría saber su opinión sobre cómo debe ser la evaluación de los investigadores de las ciencias duras aplicadas. La siguiente es una lista de las cosas que se suelen tomar en cuenta para tal fin:

• cantidad de publicaciones (artículos, libros);

• participación en revistas como árbitro;

• participación en congresos;

• organización de eventos;

• actividad docente;

• formación de grupos de trabajo (o institutos);

• dirección de tesis;

• transferencia de información a la industria; y

• obtención de patentes.

¿Qué elementos agregaría a (o quitaría de) ella?

—Creo que todos los elementos de esta lista deben ser considerados, con distintos pesos por supuesto. Agregaría dos criterios: uno es el nivel de subsidios (quizás esto deba tomarse con cuidado en Argentina, donde la plata para subsidios no abunda) y otro es lo que yo llamaría "servicio". En esta última categoría incluiría toda actividad de relevancia para la universidad o departamento y que no produce nada que el investigador pueda incluir en las otras categorías. Por ejemplo: montaje de un laboratorio de uso general; participación en consejos universitarios; ayuda y
orientación a estudiantes; o gestiones ante empresas e instituciones para conseguir algún beneficio para todo el departamento o para toda la universidad.

—¿Cuál es el orden en que, según usted, deberían ser considerados?

—Es difícil establecer un orden. El orden puede ser distinto para distintas áreas de investigación. Sin embargo, creo que, en general, el orden debería ser:

1. Publicaciones

2. Actividad docente

3. Participación en congresos

4. Dirección de tesis

5. Servicio

6. Obtención de patentes

7. Participación en revistas como árbitro

8. Transferencia de información a la industria

9. Organización de eventos

Las dos primeras son las prioridades de cualquier investigador en el ámbito universitario y, en mi opinión, son lo primero que se debe evaluar. No dirigir tesis debería pesar en contra para un investigador que, pudiendo hacerlo, optara por no dirigir. Las primeras cinco actividades son las principales. Las dos últimas también podrían sumar pero deberían tener un peso mucho menor. La organización de eventos es importante y todos deberían estar dispuestos a colaborar en ellos, pero en ningún caso ésta debería ser la actividad central del investigador.

—Entonces, ¿debería darse más importancia a las publicaciones que a las patentes?

—Definitivamente. Un investigador, cualquiera sea su área de investigación, puede producir material para publicación. Una patente es mucho más restrictiva y puede ocurrir que el tema de investigación no dé para patentar nada, mientras otras áreas de investigación pueden ser, en este aspecto, mucho más productivas.

—Según su experiencia, ¿hay diferencias entre el sistema de evaluación americano y el nuestro?

—Probablemente aquí se dé más importancia al nivel de subsidios que en Argentina, pero la publicación de papers, la actividad docente, y la participación en congresos, son siempre evaluadas.

N. del E.
En otras secciones el lector puede encontrar trabajos relacionados con el tema de esta nota:
· La investigación científica y el desarrollo económico de los países (Maximiliano Acuña)
· La educación como motor del desarrollo (Ignacio Tabares)
· La cadena del desarrollo (Juan Manuel Bourdieu)
· El trabajo. Presente y futuro de un bien escaso (Jorge Eduardo Noro)

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