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| oAo |
oDo |
oMo |
oNo |
oRo |
oSo |
oUo |
oZo |
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La
A |
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Los hombres a quienes hace
3.500 años se les ocurrió la idea de crear un alfabeto se entendían
entre sí en una lengua semítica, probablemente de origen fenicio.
Fue entonces cuando nació la A, esa letra “que se
pronuncia con los labios muy abiertos y los dientes separados
aproximadamente un centímetro […], y con la lengua rozando la punta de los
dientes inferiores”. (Cfr. Diccionario de uso del español,
Moliner.)
Lo curioso es que la A se creó como consonante: los inventores de la escritura alfabética
pensaron en los sonidos de su propia lengua, pero crearon signos
para las consonantes, no para las vocales.
Cada letra de ese primer alfabeto era la inicial de un objeto ligado a la vida
cotidiana. Y para que fuera fácil retener y distinguir la
letra, se le daba incluso la forma del objeto. De ese modo, la A fue
llamada álef, palabra que en fenicio significa "buey". Y, de hecho, la A
tenía en su forma más primitiva un aspecto muy parecido a una cabeza de
bovino.
Las letras fenicias se popularizaron rápidamente y
mercaderes de muchos países que comerciaban con los fenicios adecuaron el
alfabeto a sus propias lenguas. Así los griegos la llamaron alfa,
y al hacerlo, le dieron también un nuevo valor sonoro, vocálico esta
vez.
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La
D |
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La D se encuentra en el
alfabeto latino por casualidad. Los romanos adoptaron su sistema de escritura de los
etruscos, quienes desconocían esa letra. Se cree que un anónimo escriba etrusco la
tomó de la
escritura griega que se utilizaba en el sur de Italia.
En lo referente a la forma, antiguamente la D era más
o menos triangular, y probablemente representaba una tienda (carpa). Esta letra, que era la delta
de la lengua griega, se ha conservado prácticamente sin ningún cambio
desde hace tres mil años. Fueron los romanos, quienes escribían sobre
material blando como papiros y pergaminos, quienes le dieron una panza
redonda.
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La
M |
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La letra M procede de un
antiguo jeroglífico egipcio que consistía en una línea ondulada
semejante a la que suelen dibujar los niños cuando representan una ola del
mar.
Cuando los fenicios crearon su sistema de escritura,
tomaron ese signo y lo llamaron men,
palabra que significa "agua".
En el alfabeto griego había dos M: una, característica
de las islas orientales, era exactamente igual a la fenicia. A ésta se la
encuentra después en el alfabeto etrusco y, más tarde, en el latino
hasta el siglo III de nuestra era. La
otra, que se utilizó en Grecia occidental, era muy semejante a nuestra M
actual. En Roma, en tiempos del emperador Augusto, a esta segunda M se le
dio
la forma definitiva, que es la que usamos hoy.
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La
N |
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La letra N aparece por primera
vez en la escritura egipcia, donde se llamaba nahasch,
que significaba "serpiente". Los egipcios quizá le asignaron ese
nombre porque la forma de la letra sugiere el desplazamiento en zigzag de
las serpientes. No obstante, cuando los fenicios crearon su alfabeto, la
denominaron de otro modo: la llamaron nun,
que significa "pez". Más tarde, los griegos le pusieron el nombre de nu y le dieron un aspecto semejante al que tiene hoy. Tras
los retoques que le hicieron los romanos, su forma ha permanecido prácticamente
invariable hasta el presente.
No se debe olvidar que la Ñ
es el resultado de colocar dos N, una sobre otra.
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La
R |
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La R tiene su origen en la
escritura jeroglífica egipcia, donde era una cabeza humana vista de
perfil. Los fenicios la llamaron res,
palabra que quiere decir "cabeza". Al representarla, simplificaron el
signo egipcio y le dieron una forma que recuerda a la actual letra P,
aunque escrita al revés, es decir, orientada hacia la izquierda. Los
griegos, del mismo modo que hicieron con las demás letras, la giraron
hacia la derecha y fue así como la adoptaron inicialmente los latinos.
Pero como su forma les creaba un problema, pues disponían de dos signos
semejantes para representar dos sonidos distintos —R y P— , entre los
siglos VI y II a.C. los romanos le agregaron una "patita". Desde
entonces, su forma ha permanecido más o menos invariable.
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La
S |
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En un ideograma de la
escritura egipcia que mostraba unos lotos (plantas acuáticas con flores) emergiendo
de un lago, se encuentra el origen de la letra S. Los fenicios, más
tarde, lo simplificaron, dándole una forma semejante a la W, y lo
llamaron samek.
A su vez, cuando adoptaron el alfabeto fenicio, los
griegos pusieron el nombre de sigma
a esa letra y la giraron 90 grados; fue así como adquirió la forma
parecida al número 3 aunque con el paso del tiempo perdió la primitiva
angulosidad y se hizo más redondeada. Los etruscos, que la escribían
invirtiéndola hacia la derecha, la hicieron bastante parecida a la S que
usamos hoy, aunque fueron los romanos quienes le dieron su aspecto
definitivo.
Hasta 1763 todavía existían palabras en español
escritas con la doble S, pero a partir de ese año hubo una reforma ortográfica
y la Real Academia decidió simplificarlas haciendo que se utilizara una
sola S, como se hace hoy.
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La
U |
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La última vocal del alfabeto
es uno de los signos que más tardíamente han adquirido autonomía. El hecho, en
cierta forma, está relacionado con su origen, que comparte con la V y la
Y.
Tanto la U, como la Y y la V proceden de un mismo
signo de la escritura hierática egipcia que representaba una maza. Cuando
crearon su alfabeto, los fenicios llamaron a esta letra vau, y le dieron una aspecto parecido al que tiene la Y
actual.
Los etruscos la representaban ya como una V y así
fue como la escribieron también los romanos, que no distinguían entre V
vocal (U) y V consonante (V). Por eso el nombre correcto de la V es uve,
y no "ve corta", y el de la W (V+V) es doble uve.
Recién a fines del siglo XVI, el tipógrafo Louis
Elzevir, perteneciente a una célebre familia de impresores y libreros
holandeses, estableció la diferencia tipográfica entre U y V mayúsculas.
(Él fue quien también estableció la diferencia entre la I y la J.) Unos años más tarde, en 1619,
el alemán Zetner distinguió las formas minúsculas u y v.
En español, la U a veces no representa ningún
fonema (sonido) y actúa como "relleno" obligado por las normas ortográficas.
Así ocurre cuando forma los grupos GU y QU: es muda después de G y Q y antes de E y
de I (guerra, guitarra, queso, quinta). Además, tiene la particularidad de poder llevar
diéresis, que se coloca sobre la U en los grupos GUE y GUI para indicar
que ese sonido se pronuncia, como sucede en las palabras "Antigüedad" y
"Lingüística", por ejemplo.
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La
Z |
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El origen de la letra Z se
encuentra en la escritura jeroglífica egipcia, donde se representaba
mediante el dibujo de un carro, según algunos, o el de una hoz, según
otros. Los fenicios la llamaron zain,
"arma" y le dieron una forma semejante a nuestra I mayúscula
actual.
Para los griegos era una letra doble, ya que expresaba el sonido de la unión
de delta y sigma. Los romanos sólo la usaban para
transcribir algunas palabras griegas, pero dejaron de emplearla a fines
del siglo IV a.C. Tres siglos más tarde fue nuevamente introducida en el
alfabeto romano, junto con la Y, para transcribir palabras griegas como
Zeus o Zodíaco y se la ubicó en el último lugar del abecedario. Así
llegó a nosotros.
En español ha ido ganando terreno a la C, sobre todo
a la Ç (cedilla = zetilla,
pequeña zeta), a la que hizo
desaparecer. El castellano antiguo diferenciaba entre Z y Ç
—la primera era sonora y la segunda no—, pero hacia el siglo XIII se
empezaron a confundir ambos sonidos y en 1726 la Real Academia resolvió
suprimir la Ç y
sustituirla en todos los casos por la Z.
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