Academia de Ciencias Luventicus

 

 

Muchas leyes y un solo lema

Por Andrés Luetich

4 de enero de 2003

 

El novel presidente de la Cámara de Senadores, quien tanta impresión nos causó a todos los argentinos con sus encendidos discursos en las maratónicas sesiones de la segunda mitad de 2001, ha afirmado recientemente que el proyecto de "Ley de Lemas" tiene muchas posibilidades de ser tratado y la ley aprobada por el Congreso porque eso les conviene a los radicales y a los justicialistas.

¡Qué sinceridad! Les conviene a ellos, y como ellos tienen la sartén por el mango, el resto va a tener que agarrarse fuerte: viene el sartenazo.

Recuerdo las palabras que, a manera de despedida, este mismo senador dirigió cuando se retiró de la cámara Raúl Alfonsín. Algún despistado quiso comparar esta escena con la famosa despedida de Balbín a Perón. Pero, si cabía alguna duda sobre la diferencia, ésta ahora salta a la vista. El propio jefe del Senado nos la muestra con claridad: estaba despidiendo a un compañero-camarada. Porque a la hora de repartirse el poder y de conservarlo en pocas manos, todos son uno.

Nuestros legisladores han votado muchas leyes. Algunas recientes tan insólitas como la de "intangibilidad de los depósitos". ¿Por qué no habrían de aprobar una más? Pero lo que está claro es que el lema sigue siendo el mismo para ellos: «Uno para todos y todos para uno.» A la hora de discutir lo que verdaderamente les importa, que no es otra cosa que seguir allí, no caben las preguntas patrióticas (¿Será esto lo mejor para el país?) o las racionales (¿Acaso será éste el mejor sistema?), sino sólo la pregunta corporativa (¿Será esto lo que más nos conviene?).

Necesitamos una urgente reforma política. La prometió el presidente al asumir. Pero resulta que nos han cambiado los tantos y ahora, en vez de una renovación de todos los cargos electivos, desde presidente de la nación hasta concejal, nos encontramos con la Ley de Lemas. Esta ley, como todos sabemos, hace que los partidos con mayor estructura y mayor número de caudillos locales se perpetúen en el poder.

Parece que en vez de abrirle las puertas a las nuevas generaciones y a nuevas agrupaciones políticas, los dos grandes aparatos partidarios cierran filas y, así como protegen su edificio de la gente mediante vallas, piensan proteger sus cargos de los votos mediante una ley engañosa.

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