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Bush no ha leído a Hegel Por Andrés Luetich 31 de marzo de 2003
He oído hablar más de una vez de la falta de cultura general de los norteamericanos. Según parece, para muchos de ellos la Historia comienza con la Independencia de los Estados Unidos y el mundo conocido termina en el Estado de Florida. Esta falta de formación, que suele abordarse desde el humor, hoy muestra su lado más oscuro. La ignoracia se cobra cientos de vidas. El presidente Bush y sus asesores parecen haber interpretado a su manera las afirmaciones de Francis Fukuyama (director delegado del Cuerpo de Planeamiento de Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos), acerca del fin de la Historia. Según ellos, hemos arribado a la universalización de la democracia liberal y la economía de mercado, y ya no cabe esperar otro sistema superador; por el contrario, "el mejor de los sistemas", debe aplicarse en todo el mundo. La crítica que hago está basada en el pensamiento político del último filósofo moderno: Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Pero, por lo visto, las lecturas de Bush y de sus asesores no se remontan tan atrás. Si hubieran leído a Hegel tal vez hubieran advertido que incluso el nombre con el que bautizaron su operación en Iraq es incorrecto. Hegel fue, desde que tuvo noticia de ella, un partidario de la Revolución Francesa. Todos los años festejaba el día de la toma de la Bastilla. Sin embargo, al comprobar que la Revolución traía al pueblo francés más miedo y dolor que libertad, se fue alejando progresivamente, no de su intención primera, pero sí de su desarrollo posterior. La reflexión de este hecho le permitió concluir que era contradictorio pretender imponer la libertad. Si un grupo de hombres, en nombre de la razón, negaban valores y costumbres propias de un pueblo, lo que lograría no sería sino afirmar a ese pueblo en la negación de aquello que los negaba, en la negación de la razón, y del grupo político que hablaba en nombre de ella. La operación "Libertad de Iraq" se hace en nombre de la "democracia", de la "libertad" y de los "derechos humanos", valores universales a los que todos estamos dispuestos a descubrir siempre y cuando no se nos los quiera imponer a los tiros. ¿Cómo puede una persona común asociar la imagen de unos extranjeros armados hasta los dientes paseándose por su país, bombardeando sus ciudades, con la "libertad"? Si en nombre de la libertad se niega a un pueblo, la reacción lógica no será otra que la negación por parte de ese pueblo de la libertad que se le ofrece para salvar su propia existencia como tal. Por ello Bush ha hecho más que nadie por perpetuar a Saddam en el poder y por colocar a los iraquíes en una relación de mayor dependencia respecto de su líder. Y si pensamos que detrás de la identidad iraquí se halla la identidad árabe, podemos percibir la extrema gravedad de la situación a la que nos ha llevado un grupo de personas con muy buenos sueldos pero muy mala formación, con grandes armas pero con escasa cultura. Si quienes se sienten negados por el invasor no son sólo los iraquíes sino todos los árabes, reacción puede tener consecuencias a nivel mundial. El propio Juan Pablo II ha dicho ayer que espera que esta guerra no se transforme en una lucha entre religiones, entre musulmanes y cristianos. Esperemos que otros líderes mundiales sepan cómo resolver el problema, porque Bush y sus asesores parecen ignorarlo por completo.
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