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«Todo está guardado en la memoria…»
Por Andrés Luetich
25 de julio de 2003
Hace
unas semanas vi por televisión parte del recital que dieron León Gieco y
Víctor
Heredia en la Plaza de Mayo. Fue entonces cuando escuché
por primera vez la canción que, en su estribillo, dice: «Todo está
guardado en la memoria…»
Entiendo
que no cabe juzgar una pieza musical por su discurso, pero eso no debe impedir
analizarlo. La palabra "todo" es muy fuerte. Como ya lo
señalé en otro artículo, los argentinos tenemos una marcada
tendencia a utilizar conceptos como "todo", "nunca",
"siempre". Las estrofas de la canción enumeran una serie de
hechos que nos avergüenzan como miembros de la especie humana, pero no
reflejan el "todo" del que habla el estribillo. En primer lugar, porque no
todo lo que podemos recordar es vergonzoso. ¡Cuántos actos de grandeza,
cotidianos y excepcionales caen en el olvido, quedando quienes los
realizan sin un justo reconocimiento! ¡Y cuántos actos
vergonzosos de quienes comparten una misma ideología quedan ocultos a
la memoria de algunos, presentada como la memoria! Quien afirma que
«todo está guardado en la memoria», ¿se refiere a "todo" o
a todo lo que él considera que debe ser recordado?
Nuestro
país ha sufrido y sufre el flagelo de la impunidad. La justicia
necesita de la memoria. Por eso: ¡Bienvenida seas, memoria! Según nos
decían los profesores en la escuela secundaria, conocer la Historia es
indispensable para no repetir los errores. La repetición de errores ha
sido y es otro de nuestros flagelos. Por eso, nuevamente: ¡Bienvenida seas,
memoria! Pero no volvamos a repetir el error de ir a
los extremos, de perder el equilibrio. Tengamos en cuenta que la memoria
no ha de ser afectiva o afectada sino lo más objetiva posible porque, así como es necesaria para la justicia, también puede ser utilizada para
la venganza. Y como no basta el recuerdo claro y objetivo para evitar la
repetición de los hechos negativos, además de memoria debemos practicar
la reflexión y buscar las causas que generaron los hechos. Seguramente, operando
sobre las causas reales —como hace la Ciencia en su ámbito— podremos construir
un país mejor.

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