Academia de Ciencias Luventicus

 

 

Ingenuidad total

Por Andrés Luetich

15 de diciembre de 2003

 

Ayer fue anunciada la captura de Saddam Hussein. Esta mañana, en un canal de noticias, un periodista reprodujo las declaraciones del presidente norteamericano: «Con este hecho nace un nuevo Iraq», pero agregó que causaban desconcierto los dos atentados sufridos anoche por las tropas americanas luego de la captura del líder iraquí.

¿Alguien pensó realmente que los cientos de atentados sufridos por las tropas de ocupación eran conducidos por este hombre barbudo escondido en un pozo? ¡Qué ingenuidad! ¿De qué sirve la información si no se tiene sentido crítico para analizarla?

Las simplificaciones extremas de Bush ya no sorprenden. Todas se reducen a ésta: hay malos y buenos, y él es el jefe de los buenos. Por definición, simplificar implica dejar afuera uno o más elementos. Una buena simplificación reduce sin distorsionar. Pero las reducciones del presidente norteamericano, y la del periodista antes mencionado, dejan fuera del análisis elementos esenciales, transformándose en caricaturas de la realidad.

¿Puede ignorar un analista la reacción de rechazo que produce en cualquier país la presencia de un ejercito extranjero? ¿Puede ignorar que la presencia de armas de destrucción masiva en Iraq (el motivo de la invasión) no fue demostrada? ¿Puede ignorar la "fiesta" que algunas empresas norteamericanas se están dando con el petróleo de los iraquíes?

Sería lamentable que nos acostumbráramos a recibir mensajes tan infantiles sin espíritu crítico. La estupidez, repetida hasta el hartazgo, a veces termina convirtiéndose para muchos en la verdad. Hace más de medio año que un país independiente se halla ocupado por ejércitos invasores, y ello ya no produce repulsión. Francia y Alemania se opusieron a la guerra, el jefe de inspectores de Naciones Unidas dijo que no había pruebas de la presencia de armas de destrucción masiva en Iraq, y medio años después no se los reivindica. La voz del más fuerte es la única que se escucha.

Tal vez los periodistas han perdido la libertad de expresión. No perdamos nosotros la libertad de pensamiento.

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