Academia de Ciencias Luventicus
Lou Andreas-Salomé (Sigmund Freud) (1)
Resumen y notas por el Prof. Lic. Andrés A. Luetich
20 de octubre de 2003
El 5 de febrero de este año [1937] la señora Lou Andreas-Salomé falleció en paz en su casita de Göttingen a los setenta y seis años. Durante los últimos veinticinco de su vida esta noble mujer estuvo ligada al psicoanálisis, que practicó y al que aportó valiosos escritos. No exagero si reconozco que todos sentimos como un honor que se uniera a las filas de nuestros colaboradores y compañeros de armas (2), al mismo tiempo como una renovada garantía a la verdad de las teorías del análisis.

[…] siendo muchacha había establecido una intensa amistad con Friedrich Nietzsche, fundada sobre su profunda comprensión de las atrevidas ideas del filósofo (3). Esta relación terminó bruscamente cuando ella rechazó la propuesta de matrimonio que él le hizo. También sabíamos que muchos años después había actuado como musa y madre protectora de Rainer Maria Rilke, el gran poeta, quien se hallaba un poco inerme ante la vida. Pero detrás de esto su personalidad permanecía oscura. Su modestia y su discreción eran más que ordinarias. Nunca habló de sus propias obras literarias y poéticas. Claramente sabía dónde hay que buscar en la vida los verdaderos valores (4). Los que estaban próximos a ella tuvieron la más intensa impresión de la autenticidad y de la armonía de su naturaleza y pudieron descubrir con asombro que todas las fragilidades femeninas y tal vez la mayor parte de las fragilidades humanas le eran ajenas o habían sido dominadas por ella en el curso de su vida.

[…] En 1912 volvió a Viena para iniciarse en el psicoanálisis. Mi hija, que era íntima amiga suya, le oyó una vez lamentarse de no haber conocido el psicoanálisis en su juventud. Pero, después de todo, en aquellos días no existía tal cosa. (5)

BIBLIOGRAFÍA

  • Freud, S. 1997. Obras Completas, tomo XXIV
    Madrid: Losada

  • Nietzsche, F. 1991. Ecce Homo
    Buenos Aires: Siglo XX

NOTAS

(1) Lou Andreás-Salomé nació en San Petersburgo en  1861. El primero de sus apellidos proviene de su primer matrimonio, con Friedrich Andreas, profesor de la Universidad de Göttingen. Su segundo apellido se debe a su nuevo matrimonio, con Lou von Salomé, que tuvo lugar en 1887. Freud intercambió varias cartas con ella. 

(2) Como señala Kuhn al estudiar la estructura de las revoluciones científicas, el proceso de instauración de un nuevo paradigma dentro de un campo disciplinar es complejo. Nótese que Freud no habla aquí en un lenguaje científico o con términos propios de la Psicología, por el contrario, apela a conceptos del campo militar: "filas" y "compañeros de armas". 

(3) Nietzsche, que se define a sí mismo como "el más oculto de todos los ocultos", afirma que le resulta imposible admitir que alguien lo ama, porque ello implicaría reconocer que esa persona conoce sus verdades más íntimas y profundas (su misión) y él no cree que eso sea posible.

(4) Llama la atención oír a Freud —a quien Ricoeur presenta como uno de los tres "maestros de la sospecha"— hablar de "verdaderos valores". ¿Qué lugar hay en el psicoanálisis para los valores? ¿En qué consiste la axiología psicoanalítica? Más sorprende aún que Freud afirme aquí que los verdaderos valores "se buscan". Si Lou Andreas-Salomé buscó en algún lugar los verdaderos valores, podemos dudar de que haya comprendido o no la filosofía de Nietzsche, pero no nos cabrá duda de que no la compartío en modo alguno. Para Nietzsche no se trata de descubrir nada sino de crear. Hombre (mensch) es el que da la medida (mensuratio). 

(5) Entiendo que aquello que "los más próximos" admiraron de Lou Salomé fue posible justamente porque ella no conoció el psicoanálisis en su juventud. Los más de sesenta años que nos separan de este texto freudiano nos permiten afirmar que la práctica del psicoanálisis no favorece la formación de un carácter sólido, al que "todas las fragilidades le sean ajenas" o dominables. Estos rasgos de la personalidad de Lou Salomé la acercan mucho más a Nietzsche que a Freud. Más allá de las intenciones del propio Freud, el hombre formado bajo su paradigma se asemeja, con el pasar del tiempo, mucho más a un hippie entrado en años que al perfíl que el propio Freud le reconoce y alaba a su tardía discípula.

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