Academia de Ciencias Luventicus
La noción de verdad en la obra de Donald Davidson (breves apuntes)
Prof. Graciela Barroso
23 de noviembre de 2003

INTRODUCCIÓN

El término "verdad" se usa en dos sentidos: para referirse a una proposición o para referirse a una realidad. En el primer caso, se dice que una proposición es "verdadera" para distinguirla de otras "falsas". En el segundo, se dice que una realidad es "verdadera" en contraposición a otras que pueden calificarse de "ilusorias", "irreales", "inexistentes", etc. En el presente trabajo se centra la atención en el primer sentido de la palabra "verdad".

Ya los griegos se ocuparon de explicitar la noción de verdad como propiedad de ciertos enunciados (verdaderos). Si bien es cierto que antes de Aristóteles se había concebido la verdad en este sentido, es él quien la explicita cuando sostiene que “decir que lo que es no es o que lo que no es es, es erróneo; pero decir que lo que es es y que lo que no es no es, es verdadero” [1]. A partir de esta afirmación construye lo que se llamará luego la "concepción semántica de la verdad", es decir, la idea de que un enunciado es verdadero si hay correspondencia entre lo que se dice y aquello sobre lo que se habla.

Luego de esta somera presentación filosófica, la problemática de la verdad se abordará aquí desde la Semántica. De un modo general, podemos afirmar que la Semántica es el estudio de la relación de las palabras con los objetos designados por ellas, es decir, es la disciplina que se ocupa de averiguar de qué modo y según qué leyes las palabras se aplican a los objetos. Dentro del amplio dominio de la Semántica, el tema tratado en este artículo corresponde a la Semántica Veritativa, que estudia las condiciones que debe cumplir una oración para ser verdadera. El objetivo es presentar brevemente algunas ideas de Donald Davidson [2].

 

EL CONCEPTO SEMÁNTICO DE VERDAD SEGÚN TARSKI

Antes de abordar el trabajo de Davidson, resulta pertinente —siguiendo a Alfred Tarski— revisar el concepto semántico de verdad [3], según el cual las expresiones «Es verdadero» y «Es falso» son expresiones metalingüísticas. Por eso, una definición correcta de "verdad" sólo puede ser dada en un metalenguaje. Y para hacerlo —según Tarski— es necesario construir una definición objetivamente justificada, concluyente y formalmente correcta de la expresión "enunciado verdadero". En una primera aproximación, Tarski intenta dar tal definición en el lenguaje natural, pero encuentra que todos los métodos fallan porque el lenguaje coloquial (que incluye enunciados y otras expresiones, así como los nombres de los enunciados y de las otras expresiones) es la fuente de las antinomias semánticas. Es cuestionable, entonces, un uso consistente de la expresión "enunciado verdadero" que concuerde al mismo tiempo con las leyes y la rigurosidad de la lógica y con el lenguaje natural, es decir, que sea teóricamente válido para ambos. Por eso Tarski recurre a lenguajes formalizados, en donde el sentido de cada expresión se halla determinado sin la menor ambigüedad por su forma, y construye una definición formalmente correcta en tales lenguajes. En este marco, la noción de verdad para los lenguajes formales debe cumplir con los requisitos de adecuación material y corrección formal. Considérese el siguiente ejemplo:

La nieve es blanca

es verdadero si y sólo si la nieve es blanca.

(a)

(b)

en donde (a), en la oración, es el lenguaje objeto para el cual se define la verdad y (b), que  pertenece al metalenguaje, representa la oración en el lenguaje en el que se define la verdad.. El concepto semántico de verdad está basado en el bicondicional "si y sólo si".

Esta concepción semántica de la verdad presentada por Tarski ("esquemas de la forma T —true—" o "teoremas de la forma T") ha sido objeto de variadas críticas. Se puede argumentar que tal concepción semántica de verdad puede resultar útil para la construcción de lenguajes artificiales, pero que ofrece graves dificultades al aplicarla a los lenguajes naturales. En efecto, Tarski parece ofrecer un conjunto recursivo finito de teoremas para dar con una definición de verdad que no resultaría aplicable a los lenguajes naturales, pues si en sí mismos existen los predicados «Es verdadero» y «Es falso», se da el caso de la llamada "paradoja pragmática del mentiroso":

«Esta oración es falsa.»

Si es falsa, entonces es verdadera, y viceversa. Problema que Tarski no aborda por considerar que los lenguajes naturales son lenguajes no especificados.

 

UNA PRIMERA APROXIMACIÓN GENERAL AL PENSAMIENTO DE DAVIDSON

Acerca del ser humano y la comunicación

La postura de Davidson en relación a la filosofía del lenguaje está impregnada del mismo naturalismo presente en otras partes de su obra. El ser humano es una parte de la naturaleza, pero en comparación con otros seres naturales, el humano es un animal que habla, y al hablar se comunica con otros acerca de diversos asuntos. El habla, un fenómeno que en principio es puramente físico (emisión de sonidos), posee sin embargo frente a otros fenómenos físicos la propiedad del significado. Al emitir los sonidos que conforman la expresión «La hierba es verde» estoy diciendo algo acerca de la hierba. Pero esos sonidos y el color de la hierba son dos partes del mundo completamente distintas. ¿Qué hace entonces de la emisión de ese conjunto de sonidos una afirmación acerca de la hierba? ¿Qué es, en definitiva, el "significado"? 

Ante estas cuestiones son posibles, al menos, dos respuestas. Por un lado, una postura introspectiva que busque la raíz del significado en la conciencia. Desde este punto de vista, lo que confiere significado a ciertos sonidos es un conjunto de fenómenos psíquicos (imágenes o representaciones) que acompañan su emisión. Siguiendo el ejemplo anterior, la emisión de los sonidos «La hierba es verde» sería acompañada por una imagen de la hierba verde en la mente del emisor. Sin embargo, basar el significado en la relación de semejanza no es una buena explicación, pues cualquier cosa se parece a otra en algún sentido. En efecto, así como la relación entre los sonidos «La hierba es verde» y el color de la hierba no se explica por mera correspondencia, tampoco es sencilla la relación entre los sonidos y la imagen mental.

El problema debe ser formulado en otros términos, porque si lo que da significado a los sonidos en cuestión es una imagen mental, ¿cómo puede saber un hablante que dichos sonidos significan lo mismo tanto en su boca como en la de cualquier otro hablante de su misma lengua? Una respuesta posible —basada en el platonismo— es la siguiente: lo que hace de la emisión de ciertos sonidos un discurso significativo es su contenido objetivo, no mudable ni dependiente de la estructura psíquica individual. Junto al habla, los hablantes y el mundo, la ontología se ve enriquecida con entidades ideales: significados, proposiciones, intenciones, sentidos. Pero aquí surge otro problema: si alguien dice que la oración inglesa «It rains» significa lo mismo que la oración castellana «Llueve» se ha limitado a constatar un hecho, sin explicarlo, ya que está planteando un caso de reformulación en otra lengua y no una explicación.

Davidson, en cambio, no pretende encontrar algo (una representación mental o una entidad objetiva ideal) que haga significativa el habla. Él no se pregunta qué es el significado. Tampoco indaga en la significatividad de los sonidos. Su planteo es el siguiente: siendo que los seres humanos son animales que hablan, ¿cómo podemos entender lo que dicen? El problema del significado es el problema de la interpretación y de la comunicación entre los hablantes.

El proceso de interpretación constituye un proceso global en el que la asignación de veracidad a las emisiones y la asignación al agente de estados mentales (como creencias y deseos) se llevan a cabo simultáneamente, y se condicionan de manera recíproca [4]. Según Davidson, dicha asignación no puede hacerse de modo inteligible a menos que el intérprete respete ciertos supuestos acerca del sujeto que pretende interpretar. En primer lugar, habrá de aceptar que los contenidos de las creencias más básicas del sujeto están constituidos por determinados rasgos objetivos del entorno, los cuales son el origen de dichas creencias en el sujeto. En segundo lugar, y en relación con el primer supuesto, habrá de aceptar que, en los casos más básicos, lo que el sujeto considera verdadero será también verdadero para él mismo. En tercer lugar, habrá de atribuir al sujeto la capacidad de pensar, por lo general, de modo coherente (de acuerdo con lo que el intérprete mismo considera como pensamiento coherente). A menos que acepte estos supuestos acerca del sujeto, el intérprete no será capaz de dar sentido a sus emisiones. Por lo tanto, si a partir de la interpretación radical es posible extraer conclusiones sobre la comunicación entre los seres humanos, y si en general es cierto que podemos comunicarnos con nuestros semejantes, habrá de ser cierto que la mayor parte de las creencias de los seres humanos sobre el mundo son objetivamente verdaderas y que sus estados mentales están regidos, en general, por normas objetivas de coherencia. Y si aceptamos que la interpretación es un hecho, es decir, que en muchos casos entendemos las emisiones lingüísticas de los demás, habremos de aceptar que los supuestos de los que depende son verdaderos.

Acerca del mundo objetivo y la mente individual

Nuestro propio aprendizaje del lenguaje comparte aspectos importantes con la interpretación radical. Del mismo modo que en esta última la perspectiva del intérprete y la del sujeto han de converger en una situación o evento común a ambos en el espacio público para que la interpretación sea posible, también en la situación de aprendizaje participan al menos dos sujetos, aprendiz y maestro, cuyas perspectivas han de converger también en un objeto o evento situado en un espacio común a ambos. El carácter social del lenguaje y del pensamiento es subrayado por Davidson con toda claridad. Sólo en el marco de la relación intersubjetiva en un mundo común a los sujetos puede haber pensamiento, conceptos y significados.

Los supuestos de la interpretación obligan a concebir el contenido de nuestras creencias básicas como un evento u objeto público, y no como una entidad intermedia entre el sujeto y el mundo. Los contenidos de nuestras creencias básicas son parte del mundo público e intersubjetivo.

Las creencias, los conceptos y los significados no son inteligibles sin la relación que vincula a dos sujetos entre sí y a ambos con objetos y eventos públicos y comunes, y esta relación excluye precisamente la posibilidad de mundos y esquemas conceptuales inconmensurables, ya sea en virtud de una distribución absolutamente dispar de valores de verdad a oraciones, ya sea en virtud del empleo de formas de razonar incompatibles.

La mente es un producto de la interpretación y de la comunicación intersubjetiva. Esta concepción de la mente sitúa su estudio más allá del alcance de un modelo explicativo inspirado en la Ciencias Naturales. Las ciencias que se ocupan de la acción intencional humana, que se concibe en términos de sus relaciones de coherencia y causalidad con creencias, deseos e intenciones, han de proceder de modo holista e interpretativo, ajustando sus resultados a la evidencia, bajo la guía del carácter globalmente coherente de la vida mental y la conducta de sus agentes.

 

LA PROPUESTA DE DAVIDSON: VERDAD Y TEORÍA SEMÁNTICA

Presentamos a continuación un breve recorrido por una serie de trabajos de Davidson [5] que dan cuenta, en su conjunto, de la elaboración de una noción de verdad —a partir de la propuesta por Tarski—, así como de la postulación de una teoría del significado, extendida en los últimos trabajos hacia una teoría de la coherencia, cuyos alcances exceden lo lingüístico.

En sus primeros artículos, Davidson deja planteado el hecho de que una teoría del significado satisfactoria debe dar cuenta de cómo los significados de las oraciones dependen del significado de las palabras, de cómo, a través del dominio de un vocabulario finito y de un conjunto de reglas enunciadas de manera finita, se puede producir y comprender cualquier oración de entre una cantidad potencialmente infinita. En su razonamiento —si bien sigue a Frege— afirma que el paso de la referencia al significado no nos lleva a ninguna explicación útil del modo en que los significados de las oraciones dependen de los significados de las palabras (u otros rasgos estructurales) que las componen. Es decir, lo que objeta a los significados en la teoría del significado no es su condición de abstractos, ni la oscuridad de sus condiciones de identidad, sino la falta de una utilidad demostrada.

El planteo se focaliza a continuación en la necesidad de una teoría semántica para un lenguaje natural. Ésta tendría por objeto dar el significado de toda expresión significativa. Puesto que el número de expresiones significativas parece no tener un límite claro, una teoría posible debe dar cuenta del significado de cada expresión sobre la base de la exhibición pautada de un número finito de rasgos. Una semántica satisfactoria sólo necesita explicar la contribución de los rasgos repetibles al significado de las oraciones en las que ellos aparecen.

En relación con lo anterior, Davidson propone una teoría de la verdad que proporcione los significados de todas las expresiones independientemente significativas en base a un análisis de su estructura. En esta propuesta programática, una teoría semántica de un lenguaje natural sólo puede considerarse adecuada si proporciona una descripción del concepto de verdad para ese lenguaje. Por teoría de la verdad Davidson entiende un conjunto de axiomas que implican, para cada oración del lenguaje, un enunciado de las condiciones bajo las cuales dicha oración es verdadera. 

¿Cuáles serían los requisitos para tal teoría?

  • Debería dar cuenta del significado (o de las condiciones de verdad) de toda oración, analizando su composición según formas de verdad relevantes, a partir de elementos tomados de un repertorio finito.
  • Debería proporcionar un método para decidir, dada una oración arbitraria, cuál es su significado. (De una teoría que satisfaga estas dos condiciones puede decirse que demuestra que el lenguaje que describe es aprendible y escrutable).
  • Los enunciados de condiciones de verdad para oraciones individuales incluidas en la teoría deberían, de alguna forma todavía por precisar, hacer uso de los mismos conceptos que usan las oraciones cuyas condiciones de verdad estipulan.

Sin embargo, los lenguajes naturales generan otros problemas. El interés actual de Davidson se centra en destacar la importancia y la utilidad que en general redundaría de requerir a toda teoría del significado que proporcione una descripción recursiva de la verdad. En este caso, dar una teoría recursiva de la verdad para un lenguaje es mostrar que la sintaxis del lenguaje es formalizable, al menos en el sentido de que, analizando todas las expresiones verdaderas, se podría determinar que están formadas por elementos (el "vocabulario"), una provisión finita de los cuales bastará para generar el lenguaje mediante la aplicación de reglas. También debe mencionarse que las condiciones de adecuación sugeridas para una teoría de la verdad no implican —y esto es obvio— que también las oraciones verdaderas del lenguaje objeto tengan la forma de algún sistema lógico habitual.

Una teoría de la verdad para un lenguaje natural debe tener en cuenta el hecho de que muchas oraciones varían su valor de verdad dependiendo del tiempo en que se las dice, del hablante, e incluso de la audiencia. Podemos dar cabida a este fenómeno sea declarando que son las emisiones particulares o los actos de habla, y no las oraciones, los que tienen valor de verdad, o sea, haciendo de la verdad una relación aplicable a una oración, un hablante y un tiempo. Adecuar de este modo a los elementos deícticos, o demostrativos, un lenguaje natural es aceptar un cambio conceptual radical en la forma en que puede definirse la verdad, como se podrá apreciar al reflejar la forma en que se debe revisar la "Convención T" para hacer que la verdad sea sensible al contexto.

Las teorías de la verdad al estilo de la de Tarski no tratan cuestiones de definición para el vocabulario primitivo (a diferencia de las cuestiones de traducción y de forma lógica), por otra parte, nada en una teoría de la verdad es enemigo del tratamiento satisfactorio de los problemas para cuya solución se ha creado un léxico.

Davidson argumenta en relación a otras posturas al respecto: cuando lógicos y filósofos del lenguaje expresan sus reservas con respecto al tratamiento de los lenguajes naturales como sistemas formales, la razón podría ser que se interesan más por asuntos metateóricos, como la consistencia, la completitud y la decidibilidad. Estos estudios suponen un conocimiento exacto del lenguaje que se estudia, un tipo de precisión que sólo puede justificarse si los rasgos relevantes del lenguaje objeto se consideran fijados por una legislación. Pero esta actitud —afirma Davidson— es sin duda inapropiada para el estudio empírico del lenguaje. Sin embargo, tal como lo postula, sería engañoso concluir que hay dos tipos de lenguaje, el natural y el artificial. El contraste se delinea mejor en términos de los intereses rectores para ambos casos. Podemos buscar una descripción de la estructura de un lenguaje natural: la respuesta deberá ser una teoría empírica, abierta a la comprobación y sujeta a error, condenada a ser hasta cierto punto incompleta y esquemática. O podemos buscar las propiedades formales de las estructuras que de esa manera abstraemos. Es la misma diferencia que hay entre la geometría aplicada y la pura.

Un requisito relativamente severo que se exige a una teoría semántica que dé cuenta de la verdad de los enunciados (explicativa y predictiva) es que sea capaz de dar una caracterización recursiva de la oracionalidad. Una teoría de la verdad implica, para cada oración "s", un enunciado de la forma «s es verdadero si y sólo si p», donde en el caso más simple "p" es reemplazado por "s". Dado que las palabras "es verdadero si y sólo si" son invariantes, podemos interpretar, si queremos, que significan "significa que". Así, un ejemplo podría ser entonces: «‘Sócrates es sensato’ significa que Sócrates es sensato». Pero —según Davidson— esto puede fomentar ciertos errores: uno de ellos es pensar que todo lo que podemos aprender acerca del significado de una oración particular a partir de una teoría de la verdad está contenido en el bicondicional que requiere la Convención T. Estudiar la estructura de una oración a través de los ojos de una teoría de la verdad es ver que está construida con un número finito de recursos, que toda oración se satisface con cierto número finito de recursos, y que la estructura de la oración determina sus relaciones con otras oraciones.

En cierto sentido, entonces, una teoría de la verdad describe la función que cada oración desempeña en el lenguaje, en tanto esa función depende de que la oración sea una potencial portadora de verdad o de falsedad, y esa descripción se da en términos de estructura. Aceptar esta propuesta es dejar de lado el intento de hallar entidades que sirvan como significados de oraciones y palabras: una teoría de la verdad no las necesita.

La Convención T, convenientemente modificada para hacerla aplicable a un lenguaje natural, provee un criterio de éxito para dar una descripción del significado. Todo lo que hace falta es capacidad para reconocer si los bicondicionales que se requieren son verdades. El metalenguaje contiene al lenguaje objeto, donde podemos aspirar a que un hablante nativo reaccione a los bicondicionales que le son familiares y que conectan una oración y su descripción. Esto quiere decir que, en principio, probar la adecuación empírica de una teoría de la verdad no es más difícil que —para un hablante competente del castellano— decidir si oraciones como «‘La nieve es blanca’ es verdadero si y sólo si la  nieve es blanca» son verdaderas, lo que abriría la noción de verdad hacia una relación y/o adecuación con el mundo, los objetos o los acontecimientos.

"Teoría del significado" no es una expresión de uso técnico sino una indicación en dirección a una familia de problemas, tal como termina afirmando Davidson. Entre estos problemas es fundamental la tarea de explicar el lenguaje y la comunicación apelando a conceptos más simples. Su propuesta final es una teoría del significado para un lenguaje natural L tal que: a) el conocimiento de la teoría sea suficiente para comprender las emisiones de los hablantes de L; y b) la teoría pueda recibir aplicación empírica apelando a la evidencia descrita sin el uso de conceptos lingüísticos, o al menos sin el uso de conceptos lingüísticos específicos de las oraciones y palabras de L. La Convención T de Tarski mantendría su atractivo teórico, en tanto caracterice recursivamente un predicado de verdad. (Por ejemplo, "es verdadero en L" implica para cada oración "s" de L una oración metalingüística obtenida a partir de la forma "s es verdadera en L si y sólo si p", cuando "s" se reemplaza por una descripción canónica de una oración de L y "p" por una oración del metalenguaje que dé las condiciones de verdad de la oración descrita.)

Finalmente, la verdad está tomada como noción primitiva. La verdad, aplicada a las emisiones de oraciones, muestra el carácter "desentrecomillador" que se encierra en la Convención T, según la cual cualquier teoría adecuada de la verdad para un lenguaje (formal) L debe tener como consecuencia lógica, cuando la teoría está formulada tomando como metalenguaje el mismo lenguaje que es objeto de ella, teoremas de la forma siguiente: "P" es verdadera en L si y sólo si P, donde P es una oración cualquiera de L. De ahí el carácter desentrecomillador del que habla Davidson.

La verdad no resulta agotada por la Convención T; la verdad contiene también lo que lleva de un lenguaje a otro o de un hablante a otro. Lo que revela la Convención T, y las triviales oraciones que declara verdaderas (como «La hierba es verde», dicha por un hablante hispano, es verdadera si, y sólo si, la hierba es verde), es que la verdad de una emisión depende sólo de dos cosas:

  • lo que significan las palabras dichas
  • el modo en que está dispuesto el mundo

 

LA VERDAD Y EL CONOCIMIENTO: CONEXIONES EPISTEMOLÓGICAS

A modo de cierre del recorrido hecho hasta aquí, resulta interesante ver en los trabajos de Davidson algunas conexiones entre la noción de verdad y algunos de sus alcances que van más allá de lo lingüístico. Específicamente, en lo referido a la coherencia como prueba de la verdad, donde se establece una conexión directa con la Epistemología, ya que Davidson supone razonable pensar que muchas de nuestras creencias son coherentes con muchas otras, y ello nos da razones para pensar que son verdaderas. Y allí donde las creencias son verdaderas, parece que las condiciones primarias del conocimiento han sido satisfechas.

Según Davidson, lo que mantiene unidos a la verdad y el conocimiento es el significado. Si la coherencia es una prueba de la verdad, es entonces también una prueba del juicio de que las condiciones objetivas de verdad han sido satisfechas. En este caso, se plantearía una correspondencia sin confrontación. La teoría de la coherencia de Davidson se aplica a creencias u oraciones que son verdaderas para alguien que las entiende. Estas creencias son estados de las personas que tienen intenciones, deseos, órganos sensoriales: son estados causados por, y que causan a su vez, eventos internos y externos al cuerpo de sus poseedores. Pero, aun con todas estas restricciones, hay muchas cosas que las personas creen y muchas más que podrían creer. La teoría de la coherencia se aplica a todos estos casos. Todo lo que una teoría de la coherencia puede sostener es que en un conjunto coherente de creencias, la mayoría de ellas son verdaderas.

Decir que hay una presunción a favor de la verdad de una creencia que es coherente con una masa significativa de otras creencias, quizás sea la clave del asunto. Toda creencia, en un conjunto total coherente de ellas, está justificada a la luz de esta presunción, no de modo muy distintos de cómo lo está toda acción intencional emprendida por un agente racional.

Para finalizar, y de acuerdo a lo planteado por la prof. María Luisa Freyre [6], podríamos afirmar que el modelo semántico de Davidson no es suficiente para un trabajo intencional con los significados. Por otra parte, se podría ver en los planteos de los últimos párrafos cierto "relativismo cultural", al tratarse de un criterio de verdad tan abierto a la noción de "coherencia" entre eventos y creencias. Pero un debate exhaustivo al respecto excedería los alcances del presente artículo. Queda, sin embargo, planteada esta cuestión que no carece de relevancia epistemológica.

NOTAS

[1] Aristóteles 1986 Metafísica. Buenos Aires: Sudamericana, pág. 215.

[2] Se deben a Davidson influyentes trabajos sobre las nociones de decisión y acción, sobre la naturaleza de los actos mentales y de las relaciones causales, así como acerca de la semántica de los lenguajes naturales.

[3] Este concepto aristotélico de verdad ha sido sostenido por toda una línea de estudiosos, tanto filósofos como lingüistas, quienes han presentado una amplia gama de lecturas al respecto. Cfr. Ferrater Mora, J. 1994 Diccionario de Filosofía. Barcelona: Ariel. Tomo IV, concepto de "verdad".

[4] Por eso Davidson considera que la teoría de la interpretación debe avanzar hacia una teoría unificada del significado y de la acción. En el marco de esta teoría —apenas bosquejada por él— toda videncia ha de servir simultáneamente para signar significados a las emisiones del agente y estados mentales que hagan inteligibles sus conductas, incluidas esas emisiones.

[5] Verdad y significado (1967), Semántica para los lenguajes naturales (1970) y Realidad sin referencia (1975) a partir de la edición en español de De la verdad y la interpretación (1990, Barcelona: Gedisa); así como el artículo Verdad y conocimiento: una teoría de la coherencia, del libro Mente, mundo y acción (1992, Barcelona: Paidós).

[6] En su curso de Semántica, dictado en octubre de 2001 en la Universidad Nacional de Rosario.

N. del E.: En otra sección hemos publicado un trabajo titulado “Diversas acepciones del concepto ‘verdad’” donde se presentan los diversos sentidos que le han dado los filósofos a la palabra "verdad" a lo largo de la historia.

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