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Albert CAMUS |
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Camus nació en
Mondovi, la actual Drean (Argelia), en 1913. Su madre era de origen español.
Su padre falleció cuando el pequeño Albert tenía tan sólo dos años.
Su infancia transcurrió en la ciudad de Argel, en uno de los barrios más
humildes. A pesar de la falta de recursos, gracias a una beca, pudo
completar sus estudios primarios y el bachillerato.
Ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de Argel. Cuando quiso ejercer allí como profesor no fue admitido a causa de su avanzada tuberculosis. Trabajó durante algún tiempo como corresponsal del Alter Republicain. Quiso ingresar al ejército como voluntario pero no fue admitido por su debilitado estado de salud. Durante este período publicó Bodas (1939). Paralelamente, fundó una compañía teatral, desempeñándose en ella como actor y director. En 1940 se instaló en París, trabajando como corresponsal de París-Soir. Allí comenzó a adquirir renombre. Escribió su primera novela, El extranjero, y el ensayo El mito de Sísifo (1942). Durante la ocupación nazi fue un activo miembro de la Resistencia. Fundó y dirigió el periódico Combat que, desde la clandestinidad, colaboraba con la resistencia francesa. Durante este período escribió Cartas a un amigo alemán. Su labor de escritor se extendió también al teatro. En 1944 estrenó su obra teatral El malentendido y, al año siguiente, Calígula. En 1947 escribió La peste, una de sus novelas más famosas. En 1951 publicó El hombre rebelde y, posteriormente, La caída (1956), la obra teatral Estado de sitio (1948), El exilio y el reino (1957). En forma póstuma fueron publicados la novela Una muerte feliz, su obra inacabada El primer hombre y sus Cuadernos. En 1957 ganó el premio Nobel de Literatura y se negó a recibirlo. Halló la muerte en un accidente automovilístico el 4 de enero de 1960 en Villeblerin (Francia). Su pensamiento se halla bajo la influencia de Schopenhauer y de Nietzsche, así como del existencialismo alemán. El sin sentido, el absurdo, el suicidio, la alienación y el desencanto —sus temas centrales— son abordados por él desde una perspectiva existencial y desde un pesimismo extremo. Con ellos se articula dialécticamente la afirmación de la dignidad humana y de la fraternidad. Suele relacionárselo con el existencialista francés Jean-Paul Sartre, con quien comparte en gran medida la visión del mundo; sin embargo, difiere de él en cuanto a la opinión sobre el comunismo, ya que Camus lo rechaza abiertamente. El amor por España, heredado de su madre, lo llevó a realizar adaptaciones de obras de Lope de Vega y de Calderón (El caballero de Olmedo, La devoción de la Cruz) y a ambientar su novela El estado de sitio en la ciudad española de Cádiz. Fernando
Savater dijo de él: “Sin duda Albert Camus es uno de los
protagonistas literarios de nuestro siglo que más amistades entrañables
han despertado en sus lectores. Y desde luego también de los que ha
concitado, al menos cuando aún vivía, antagonismos más irrevocables.
Estos últimos son no menos comprensibles, porque hay en torno a Camus una
aureola casi insultantemente positiva: fue atractivo, elegante sin
afectación, moderno, valiente, recto, deportivo, un chico de la calle
humilde pero arrollador, tocado por la gracia del fervor popular en cuanto
hacía, fuese periodismo, novela o teatro, radical humanista de la política
en tiempos especialmente inhumanos, laureado con el Premio Nobel más
joven que nadie… Se enfrentó a todos los totalitarismos en una época
en que prácticamente no se encuentra ningún intelectual que no
coquetease antes o después al menos con uno de ellos… ¿cómo no
envidiarle mucho, cómo no detestarle un poco, igual que se siente ojeriza
por el infalible primero de la clase? Y sin embargo, despierta amistad:
porque sabe mostrar el lado irrepetible y frágil de cada uno de nosotros,
porque se declara incompleto, insatisfecho, falible, porque sostiene
principios elevados pero demuestra amar hasta lo menos excelso de la vida,
porque cultiva los razonamientos pero no escamotea su desenlace absurdo,
porque muestra más de lo que demuestra, porque no se le puede confundir
con un profesor y guarda siempre en él algo de trémulamente joven e
inmaduro. Hasta la muerte fue galante con él, ahorrándole ¿ahorrándonos?
las redundancias o las dimisiones de su envejecimiento.” |
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Aporte de Andrés A. Luetich |
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Reflexiones y comentarios: |
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