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El joven comerciante Georg
Bendemann acababa de escribir una carta a un amigo de su niñez. Era una
hermosa mañana de domingo.
Su amigo había emigrado a San
Petersburgo (Rusia) hacía años. Allí sus negocios habían marchado bien
al principio, pero luego comenzaron a decaer.
Georg estaba teniendo mejor
suerte. Desde la muerte de su madre, trabajaba más con su padre en la
empresa familiar. En los últimos dos años los negocios habían mejorado
inesperadamente.
Pero en sus cartas Georg no había
informado a su amigo de sus éxitos comerciales y ahora dudaba si avisarle
o no de su inminente casamiento. Estaba comprometido con una señorita de
buena posición y ella misma instaba a invitar a su amigo a la boda.
Luego de escribir la carta, Georg
fue hasta la habitación de su padre para comentarle que pensaba avisar a
su amigo de su boda. La reacción de su padre lo sorprendió tanto a Georg
como sorprende al lector, que se encuentra en pocas páginas con un final
trágico para nada insinuado en las tranquilas páginas iniciales.
Aporte
de Andrés Luetich |