Academia de Ciencias Luventicus

Una lectura de La resistencia

Abordar la lectura del último ensayo de Sábato, La resistencia, no es tarea sencilla. En primer lugar, porque deslumbra la claridad analítica con que vuelca sus conceptos acerca de temas trascendentes. En segundo lugar, porque reenvía a modo de fragmentos de espejos a otros lugares de su obra que, como interlocutores, se hacen presentes aquí. Pero lo que revela a Sábato como referente cultural de vigencia actual es su búsqueda incesante de respuestas a aquellos interrogantes profundos, trascendentes y presentes en toda vida humana. Texto de lectura ágil pero no por ellos menos cargado de múltiples entradas, dada su profusión reflexiva, elegimos a los fines de esta lectura el abordaje de una línea, a saber, los aspectos éticos y filosóficos relacionados con la existencia humana.

Partamos de una observación acerca del estado actual de la humanidad: estamos viviendo un momento histórico que es producto de una globalización, a la que Sábato caracteriza como un poder aplastante que impone a los seres humanos una uniformidad próxima a la clonación. Esta masificación, propiciada por unas pocas empresas que, como animales salvajes, tienden sus garras sobre el planeta, genera situaciones paradójicas como que millones de seres humanos apenas sobrevivan hundidos en la miseria mientras la humanidad alcanza altísimos niveles tecnológicos. Esta masificación deshumaniza al hombre, al imponerle patrones unificados y buscar el aniquilamiento de las culturas originales, de aquello que permite identificar a cada pueblo en su diversidad. Este estado es la resultante de un proceso que ha surgido, según Sábato, desde el Renacimiento, momento en que comienza a prevalecer el pensamiento racionalista en detrimento del hombre, de su humanidad, de sus creencias, aún de sus sueños. El poder de la máquina y el poder del dinero se imponen, descarnados y aplastantes, alcanzando su máxima expresión en las dos guerras del siglo anterior. En realidad, ahora estamos padeciendo el colapso final de esta civilización cuyo derrumbe es inminente.

Ante semejante situación dos posturas son esperables: o la negación absoluta de tales problemáticas, postura de los necios o de aquellos que medran con esta situación, o el análisis comprometido y la acción concreta. En esto último encontramos a Sábato. En La resistencia, Sábato sigue el tono de denuncia que tantas veces ha esgrimido, ya sea desde sus textos o en sus entrevistas: proclama la escisión entre Ciencia y hombre, la ruptura entre Tecnología y Ética, entre racionalismo y pensamiento mágico en sentido amplio, que incluye las creencias, los mitos, los sueños. Claro ejemplo de esta denuncia: menciona a la televisión como una herramienta deshumanizada que deforma conciencias y promueve un egoísmo hedonista centrado en la búsqueda hueca de lo efímero. El objetivo de la denuncia de Sábato: comprender, interpretar, elegir en una incesante tarea de pertenencia y transformación interior, en un marco filosófico y ético que excede toda escuela y todo sectarismo.

Convengamos escolarmente: si consideramos que el humanismo, en un sentido amplio y ahistórico, consiste en romper con todo absolutismo, con toda idea de un universo compacto, con toda negación de la variedad y espontaneidad de la experiencia, que pone de relieve los valores e ideales humanos, Sábato es esencialmente humanista, en tanto exalta, entre otros, los valores de la esperanza, el coraje y la grandeza de los seres humanos. Pero esta afirmación quedaría trivial o hueca si no incluyéramos a este autor en una corriente más amplia aún, en un existencialismo liberado de escuelas, un existencialismo entendido conjunto de verdades concretas e históricas sobre la condición actual y el destino del hombre.

En una definición amplia puede entenderse que "existencialismo" es todo esfuerzo de pensamiento concreto y descriptivo centrado sobre el hombre, por oposición al pensamiento abstracto, a la filosofía racional, que procede por lógica y construye un sistema de ideas que pretende englobar al Universo entero. Se aparta del cogito cartesiano, que puso en duda a los otros como existencia, al plantear la relación con los demás como constitutiva del propio ser del hombre. En el pensamiento racionalista, el otro se presenta desde un distanciamiento que excluye toda posibilidad de encuentro; en una postura existencialista, todo hombre existe en tanto tal en relación con otro ser humano. Idea central que desde El Túnel (1948) aparece perfilada en la obra de Sábato. El personaje Juan Pablo Castel presenta una postura existencialista muy próxima a la concepción de Sartre sobre las relaciones humanas. Aquí, es la mirada del otro lo que hace que la persona se sienta degradada a la categoría de objeto, ya que el otro se percibe desde la propia interioridad, cerrada sobre sí misma, replegada frente a un mundo hostil. El otro es percibido como un peligro aún desde la oscuridad del túnel (metáfora de la existencia cotidiana) donde esa misma oscuridad es un horizonte de referencia. Esta existencia excluye el cambio,  se siente oscura y viscosa, como interiormente imposibilitada para el cambio. No sucede así en La Resistencia , donde el mundo exterior se presenta aún más colapsado que en el propio interior, ya que todo referente conocido está borrándose. Desde este lugar, el otro se percibe como certeza de salvación, en tanto se hace presente como vínculo, como anclaje. Revalorizando lo  cotidiano, lo pequeño en apariencia, gestos, miradas, charlas, encuentros, es que el otro tiende su mano, en un gesto comprometido de ayuda. Vemos, entonces, un recorrido existencial en Sábato, que va desde la no aceptación del otro como ayuda (Castel mata a María, justamente porque ella había comprendido su angustia…) hasta la certeza de que es el otro, que por otra parte siempre ha estado allí, el que me ha rescatado.

Aporte de Graciela Barroso

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desde Rosario, ciudad cultural argentina

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