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Hesse, que tuvo un hondo interés
por el misticismo oriental, calificaba a esta obra suya como su
"poema hindú".
Siddharta, de la casta de los
brahmanes, era el orgullo de sus padres, que veían en él a un futuro
"gran sabio y sacerdote, un príncipe entre los brahamanes". Era
pretendido por las jóvenes hijas de los brahamanes y admirado por su fiel
amigo Govinda. Todos estaban felices con él menos él mismo. El
descontento había anidado en su corazón. Sentía que su padre y los otros
sacerdotes brahamanes ya le habían enseñado todo lo importante que
tenían para enseñar, y sin embargo su alma no estaba saciada. Se
preguntaba: ¿Para qué ofrecer sacrificios a los dioses? ¿A quién más
se debían sacrificios sino al Único, al atman? ¿Y dónde
encontrarlo? Tenía que encontrarse en el propio "yo".
Un día pasaron por su ciudad tres
samanas, tres ascetas peregrinos. Esa misma noche Siddharta le
comunicó a Govinda su decisión de unirse a ellos, de ser él también un
samana. Su padre mostró resistencia a esta decisión pero,
finalmente, lo despidió y le solicitó que, si no encontraba con los
samanas las bienaventuranzas, volviese con él para que sacrificaran junto
a los dioses.
Así comenzó su búsqueda
Siddharta.
Aporte
de Andrés Luetich |
Reflexiones
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