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Lugar
de cruce entre el destino personal y la historia comunitaria, esta novela
revela aún hoy la distancia que se establece entre las utopías artísticas
y las amargas realidades nacionales, en una voluntad expresa de conjugar
opuestos, ya sea unitarios y federales, peronistas y antiperonistas, o
personajes como Fernando Vidal, símbolo de la oscuridad, y Martín, símbolo
de la ética.
Esta novela abarca cuatro relatos o subnovelas que incluyen a su vez
otros relatos menores en intrincada configuración formal y significativa.
Aún más, se ha señalado que el Informe sobre ciegos constituye
por sí mismo una nouvelle (novela breve). Cabe destacar, además de la
estructuración, el lenguaje, que abarca los distintos niveles coloquiales
de la ciudad y el país. Desde un ángulo socio-político, pone en
evidencia la mala conciencia de las clases medias antipopulares, cuyo
proceso de integración ha quedado en una mera expresión de deseo.
En
el inicio de la obra podemos leer:
“Noticia preliminar:
Las
primeras investigaciones revelaron que el antiguo Mirador que servía de
dormitorio a Alejandra fue cerrado con llave desde dentro por la propia
Alejandra. Luego (aunque, lógicamente, no se puede precisar el lapso
transcurrido) mató a su padre de cuatro balazos con una pistola calibre
32. Finalmente, echó nafta y prendió fuego.
Esta
tragedia, que sacudió a Buenos Aires por el relieve de esa vieja familia
argentina, pudo parecer al comienzo la consecuencia de un repentino ataque
de locura. Pero ahora un nuevo elemento de juicio ha alterado ese
primitivo esquema. Un extraño ‘Informe sobre ciegos’, que Fernando
Vidal terminó de escribir la noche misma de su muerte, fue descubierto en
el departamento que, con nombre supuesto, ocupaba en Villa Devoto. Es, de
acuerdo a nuestras referencias, el manuscrito de un paranoico. Pero no
obstante se dice que de él es posible inferir ciertas interpretaciones
que echan luz sobre el crimen y hacen ceder la hipótesis del acto de
locura ante una hipótesis más tenebrosa. Si esa inferencia es correcta,
también se explicaría por qué Alejandra
no se suicidó con una de las dos balas que restaban en la pistola,
optando por quemarse viva.
(Fragmento de una crónica policial publicada el 28 de junio de 1955 por
‘La Razón’ de Buenos Aires.)”
Aporte
de Graciela Barroso |
Reflexiones
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