|
En el capítulo 2 de la Fundamentación de la metafísica de
las costumbres, Immanuel Kant dice:
“En la primera juventud nadie sabe qué fines
podrán ofrecérsenos en la vida, y por eso los padres tratan de que sus hijos
aprendan muchas cosas y procuran darles habilidad para el uso de los medios útiles
a cualquier tipo de fines, puesto que no pueden determinar de ninguno de ellos
si no será más adelante un propósito real del educando. Y es tan grande este cuidado, que los padres
suelen olvidar reformar y corregir el juicio de los niños sobre el valor de las
cosas que pudieran proponerse como fines.”
Es
recomendable dotar a nuestros hijos de capacidades que el día de mañana
les "abrirán puertas" en sus vidas: hablar idiomas, tocar instrumentos musicales,
practicar deportes. Pero es
igualmente importante que los formemos para que sepan distinguir, de entre
esas "puertas", cuál es la más valiosa.
Nuestro
mundo se caracteriza por la multiplicación y el perfeccionamiento de los
medios y por la desorientación respecto de los fines. Es necesario, pues,
que eduquemos a nuestros niños y jóvenes también en lo que se refiere a
ellos. Como dice Kant, no olvidemos “reformar y
corregir su juicio sobre el valor de las cosas que pudieran proponerse
como fines”.
|