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LEONCIO DE BIZANCIO

Leoncio nació en Bizancio en el año 475. En su juventud adhirió a la herejía nestoriana, pero luego retornó a la ortodoxia. En el año 519 viajó a Roma. El emperador de Constantinopla obligó a la Iglesia de Oriente aceptar las afirmaciones de Nestorio, generando un conflicto entre Roma y Oriente. Leoncio se mostró entonces partidario del Papa y trató de mantener la unidad de la Iglesia. 

En el año 520 se trasladó a Palestina y se incorporó al Monasterio La Nueva Laura, cercano a Jerusalén. Allí conoció a Nono, jefe de los origenistas. A este encuentro se debe la simpatía que Leoncio mostraría luego por los escritos de Orígenes y sus partidarios. 

En el año 531 viajó a Bizancio para participar en los debates sobre la controversia calcedónica. Leoncio se declaró a favor del Concilio de Calcedonia. Leoncio permaneció en Bizancio y es probable que haya asistido al concilio celebrado en el año 536 contra los monofisitas. En el año 538 retornó al monasterio la Nueva Laura, para volver luego a Bizancio, donde falleció en el año 543.

Entre sus obras se destacan: Tres libros contra los nestorianos y los eutiquianos; Explicación y Treinta capítulos. Otras obras que históricamente se le atribuyeron son hoy consideradas por los estudiosos como surgidas de pluma de alguno de sus discípulos, como fiel expresión del pensamiento del maestro: Sobre las sectas, Contra los monofisitas y Contra los nestorianos

Al abordar el problema cristológico (la comprensión del misterio de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre), destaca la necesidad de establecer con exactitud y precisión el significado de los términos utilizados. Consideraba que las confusiones de los herejes sobre este tema provenía justamente de su falta de precisión en el lenguaje. Cuando se predica de Jesucristo la unidad y la dualidad no se cae en contradicción, ya que cada una de esas afirmaciones es verdadera bajo cierto punto de vista. Es uno en cuanto individuo, pero en cuanto a su naturaleza es dos (tiene dos naturalezas, la humana y la divina). Y compara Leoncio este caso con las afirmaciones de Aristóteles sobre la materia y la forma, cuando sostenía que eran dos en cuanto a la especie y una en cuanto al número. 

Al precisar los términos define, entre otros, los de "substancia" o "naturaleza" e "hipóstasis" o "persona", cruciales para la cristología. "Substancia" es lo que "es por sí", y es sinónimo de "naturaleza", que significa también la disposición aportada por el nacimiento (la substancia en cuanto principio de operación). Como muchos individuos pueden participar de una misma naturaleza, puede decirse que "naturaleza" significa lo universal en referencia a los individuos, por lo que también puede denominarse "especie".      

Mientras "substancia" o "naturaleza" designa lo universal, "hipóstasis" designa el ser en su existencia particular. Sinónimos de hipóstasis son: "persona", "individuo", "sujeto". Utilizando estos términos pudo afirmar Leoncio que las tres hipóstasis de la Santísima Trinidad no tienen sino una naturaleza y que las dos naturalezas de Jesucristo (la divina y humana) no constituyen sino una hipóstasis. También distingue Leoncio entre "hipóstasis" y "enhipóstasis". La enhipóstasis es una naturaleza que no es una hipóstasis pero que existe en una hipóstasis (por ejemplo el cuerpo y el alma humanos: cada uno en sí mismo es una naturaleza pero no una hipóstasis, la hipóstasis es el hombre que tiene ambas naturalezas, ambas enhipóstasis). 

Leoncio afirma que el hombre es cuerpo y alma, y que la unión de estos dos elementos no es natural sino obra de Dios. El cuerpo y el alma tienen, cada uno por su lado, su propia naturaleza. Ambos son perfectos en sí mismos, pero incompletos en referencia al hombre. El cuerpo no es el origen del mal moral del hombre, sino el alma misma cuando enturbia sus facultades y se aleja del amor a Dios. El alma es una substancia incorpórea, automotriz, incorruptible e inmortal, pero no es el hombre. El hombre es el compuesto de cuerpo y alma. 

Distingue dos modos de conocer, uno propio de la inteligencia natural y otro propio de la iluminación divina. La inteligencia natural le ordena al hombre buscar lo principal y lo primero, evitando perderse en la infinidad de los detalles. La iluminación es un don divino. La luz divina ilumina son voces ni palabras, capacitando al alma para captar verdades que por sí sola no podría alcanzar. La iluminación le permite al hombre elevarse por sobre sus capacidades naturales y acceder a la contemplación de Dios. 

Leoncio confiesa haber recibido la influencia de Basilio, Gregorio Nacianceno, Cirilo de Alejandría y el pseudo Dionisio. A su vez, su pensamiento influyó sobre la cristología, el método y la terminología de Máximo, "El Confesor", así como sobre el pensamiento de Juan Damasceno.

Por su lógica y sus términos aristotélicos algunos han afirmado que con él irrumpe el aristotelismo en el desarrollo de la filosofía cristiana. Pero su aristotelismo es más bien formal. En su pensamiento (en especial en su antropología) se hallan presentes ideas fundamentales de Platón y los neoplatónicos

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