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MÁXIMO, "EL CONFESOR" |
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Entre sus obras se destacan: Cuestinos para Talasio, Centurias sobre el amor, Centurias teologicas, El mistagogo, De algunos pasajes particularmente difíciles del pseudo Dionisio y de Gregorio de Nisa (traducida por Juan Escoto Erígena como Ambigua). Siendo su intención comunicar fielmente el mensaje de Dios, Máximo incluyó en sus escritos gran cantidad de pasajes bíblicos. La única de sus obras que tiene un carácter netamente filosófico es su breve tratado El alma. Según Máximo, del alma tenemos noticia por sus efectos, y no por los sentidos. La inteligencia reconoce su existencia más allá de toda duda, ya que la existencia del cuerpo supone la de su principio vital (principio del obrar autónomo). El alma es simple e incorpórea e inmortal. Los sentidos nos engañan, pero, a pesar de ello, el hombre puede conocer las cosas tal cual son a través de la inteligencia, que es la parte más racional y pura del alma. Siguiendo a Gregorio Niseno, Máximo afirma que el alma no preexiste al cuerpo sino que empieza a existir junto con él en el momento de la concepción. Distingue la razón de la inteligencia. La razón alcanza la verdad por medio del razonamiento. Las verdades a las que accede son las especies simbólicas del mundo sensible. La inteligencia, por medio de la intuición, une al hombre con Dios. La verdad a la que accede, si se la puede llamar así, es la vida en Dios. El acceso a esta verdad exige la ascesis, el amor, la templanza y la plegaria. Para elevarse por sobre sus concepciones, la inteligencia debe tomar conciencia de que el ser es superior al conocer. El conocer es propio del hombre y el ser es propio de Dios. Pero el hombre puede alcanzar el ser mediante la Gracia Divina, abandonando todo razonamiento, vaciándose mediante la ascesis de todo concepto para ser inundado de ser. Esta convicción de la insuficiencia de la razón y sus conceptos para alcanzar a Dios, y de la necesidad de elevarse por sobre ellos, es una expresión clara de su misticismo. El conocimiento racional y la intuición de la inteligencia no se oponen, excluyéndose mutuamente, sino que se integran como grados del proceso de deificación del hombre. El primer grado corresponde al conocimiento, y se debe profundizar en él para alcanzar la intuición, que es el segundo grado. Su antropología gira en torno al pasaje del Génesis que afirma que el hombre fue hecho a "imagen y semejanza" de Dios. El hombre es imagen de Dios por su inteligencia, su libre albedrío y su inmortalidad; y se asemeja a Él por su moralidad. Por ello, mientras que todo hombre es imagen de Dios, sólo el hombre moralmente bueno adquiere la semejanza divina. El ascetismo que vive y propone Máximo busca ayudar al hombre que lo practica a conocer su propia naturaleza, salida de las manos de Dios, y a vivir según ella, extendiendo diariamente el dominio de la parte racional del alma sobre su parte irracional. Su objetivo último es llegar a ser justo y santo, para unirse con Dios. Y el camino para lograrlo no pasa por martirizar el cuerpo sino por purificar el alma. La naturaleza humana tiene un deseo natural de Dios. La inteligencia y la voluntad tienden hacia Dios, que es la verdad y el bien. Sin embargo, el pecado original desvió esta tendencia natural del hombre, llevándolo a buscar su felicidad en las cosas sensibles. De este modo el hombre perdió su armonía y cayó en el desorden y el error. Contra los monotelitas —quienes afirmaban que en Jesucristo había una sola voluntad (la divina)—, Máximo sostuvo que el principio de operación corresponde a la naturaleza y no a la persona, por lo que en Jesucristo, habiendo dos naturalezas (la divina y la humana), hay dos voluntades. Siguiendo a Dionisio, Máximo vio al Universo emanando de Dios y siendo absorbido por Él. Adhirió a la teoría origeniana de que todo lo sensible se reunirá finalmente con lo inteligible: la salvación es la unión de las criaturas con Dios y ello implica la transformación de lo sensible en espíritu. A través suyo, la influencia del pseudo Dionisio se proyectó sobre toda la mística cristiana. Explicó muchos pasajes difíciles de su "maestro" (así lo consideraba), tornó más vivaz y emotiva su doctrina y pulió algunas aristas de su neoplatonismo difíciles de compatibilizar con el cristianismo. También recibió la influencia Aristóteles, Gregorio Niseno y Leoncio de Bizancio, y ejerció influencia sobre Juan Damasceno. |
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