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©
2001 J. J. Luetich |
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Autor: Juan José Luetich
Fecha: marzo de 2001
Lugar: Santa Fe (Argentina)
PRÓLOGO
En todo buen
libro de Termodinámica los sistemas multifásicos reaccionantes
ocupan un lugar en la parte final, donde —explícitamente o no—
siempre se deja en claro que, tanto en lo conceptual cuanto en lo
computacional, éstos presentan problemas que aún no han sido
resueltos.
Las
operaciones que involucran sistemas de este tipo constituyen un
desafío para los ingenieros químicos, quienes ven en ellas un
ámbito donde aplicar prácticamente todas las técnicas de que
disponen.
Los
fenómenos tradicionalmente estudiados han sido las reacciones
entre fases sólidas —de interés en metalurgia—, la
absorción con reacción química —de interés en el análisis
de reactores y equipos de separación—, y los equilibrios de
soluciones con sólidos —en el que se interesan sobre todo los
químicos analíticos y los diseñadores de dispositivos de
cristalización—.
Recientemente,
se han incorporado a la lista las reacciones aceleradas con
"catalizadores de transferencia de fase" y las
transformaciones de interés en el modelado de los equipos de
destilación reactiva.
En el
presente trabajo, pongo mi atención en estas últimas. Sin
embargo, los resultados son de utilidad al estudiar cualquiera de
los restantes temas mencionados y también en las transformaciones
que se dan en una sola fase, como las polimerizaciones del carbono
en las llamas de hidrocarburos. Esto es así porque en la
formalización, a diferencia de lo que se hace habitualmente [1],
adopté un criterio consistente en dar un mismo nombre al
potencial termodinámico de cada componente independientemente de
cuál sea la fase en que se encuentre.
Perspectiva
histórica
Los
dispositivos de reacción-destilación se han venido usando en los
laboratorios de síntesis orgánica desde fines del siglo XIX. En
algunos trabajos aislados de las primeras décadas del siglo XX se
reportó la implementación de esa operación a escala industrial
[2]. Sin embargo, el uso de equipos
que están en el camino que lleva de los destiladores a los
reactores se ha extendido recién en los últimos años [3].
Muchas
razones se pueden dar para explicar por qué la industria tardó
tanto en recurrir a esta técnica. La más obvia es que, en
ingeniería, la mecánica de resolución de problemas consiste en
estudiar primero versiones simplificadas de los mismos. Siendo
más fácil modelar la reacción y la separación
independientemente, muchos procesos se han desarrollado con base
en el sencillo esquema de obtener primero el producto y luego
aislarlo. En otros términos, es lógico que resultara imposible
diseñar de modo realista operaciones combinadas cuando aún no se
habían establecido modelos confiables para el equilibrio
líquido-vapor y el dimensionamiento de reactores estaba más
cerca de ser un arte que una ciencia.
Muchos de
los grupos pioneros en el modelado de la destilación reactiva se
dedicaban antes al estudio de las distintas formas de la
destilación no-reactiva: la Historia muestra que ha sido más
fácil incorporar reacciones químicas a los procesos de
separación que complicar el estudio de los sistemas reaccionantes
con transformaciones físicas [4].
Sin embargo,
el enfoque que privilegia la separación por sobre la reacción no
es el de aquellos químicos que trabajaban en síntesis. Para
ellos, la separación de un producto volátil se hacía con el fin
de aumentar la conversión de los reactivos, ya que en las
síntesis orgánicas las sustancias llegan casi siempre a un
equilibrio que corresponde a concentraciones no muy altas del
producto.
Una vez que,
aprovechando el conocimiento de las operaciones de destilación
no-reactiva, la operación destilación reactiva comenzó a
hacerse más clara, se volvió la mirada a los reactores y se
cerró el cerco [5].
En resumen,
sin importar si la atención se centra en la destilación o en la
reacción, el fenómeno es esencialmente el mismo y su estudio
puede ser abordado haciendo uso de las mismas herramientas. Por
ello, el nombre "destilación reactiva" —dado por
quienes tienen por meta la separación— se usa en ambos casos.
Importancia
de la destilación reactiva
Desde el
punto de vista de las aplicaciones, la destilación reactiva es
interesante como opción en los siguientes casos: para separar
mezclas de compuestos de características químicas muy similares
que no modifican significativamente su volatilidad relativa por la
inclusión de una segunda fase [6];
para modificar la topología del diagrama de curvas de residuos de
un sistema dado —lo cual permite modificar procesos existentes—
[7]; o para alcanzar conversiones
altas de los reactivos —cuando el producto es el componente más
volátil de la mezcla— [2].
La
investigación de cuestiones relacionadas con la destilación
reactiva tiene hoy como beneficiarias a prácticamente todas las
industrias del sector: petroquímica [8],
de polímeros [9], de agroquímicos [5], farmacéutica y alimentaria. En estas últimas los equipos
asumen la forma de pequeños rectificadores que operan a la
presión atmosférica. Pero, como se mostrará luego, los
resultados indirectamente serían también de utilidad para las
industrias metalúrgica, cerámica, de semiconductores y de otros
materiales; para la bioquímica; y para ciencias aplicadas como la
geoquímica y la química ambiental. Además, no se debe olvidar
que las investigaciones sobre este tema recibieron un gran impulso
cuando la industria de la separación de fracciones del petróleo —tradicionalmente física— necesitó de productos como el MTBE
[10] y el ETBE [11]
para reemplazar a los antidetonantes con plomo.
Lo dicho
hasta aquí bastaría para justificar la elección de algún
tópico de la destilación reactiva como tema para la tesis
doctoral de un ingeniero químico. Sin embargo, no se debe dejar
de mencionar otro aspecto de la cuestión, relacionado más bien
con los fundamentos de la ingeniería química, vale decir, con la
Termodinámica.
Como es
lógico, los primeros trabajos sobre el tema se referían a
operaciones en las cuales la mezcla a separar pasaba por sucesivas
etapas de equilibrio físico y químico [12].
A esta restricción se agregaba la simplificación de considerar
que los modelos aplicables al equilibrio líquido-vapor en
sistemas no-reactivos se podían trasladar sin más a los sistemas
reactivos [7]. Y la complicación que suponía tener dos fases
reaccionantes se eludió haciendo uso de algún catalizador no
volátil soluble en la fase líquida [7]. Debe quedar claro que,
cuando se habla de la termodinámica de la destilación reactiva,
éstas son las cuestiones de fondo y no tanto el hecho de que el
sistema tenga o no inertes, esté o no en equilibrio con una
segunda fase líquida, o que el equipo donde se practica funcione
de modo continuo o discontinuo.
Estado del
arte (previo a este trabajo)
La salida
del mencionado esquema —por cierto muy restringido— comenzó a
darse hace muy pocos años con trabajos que apuntan todos en una
misma dirección: no limitarse más al equilibrio [12, 13].
Por un lado, los avances en la optimización no-lineal de las
columnas de destilación no-reactiva se proyectaron sobre los
equipos de destilación reactiva [14,
15]. Por otro lado, se ha avanzado
en el estudio del comportamiento dinámico —tanto lineal como
no-lineal— de los equipos de destilación reactiva [16].
Y por último, trabajos aislados referidos a la puesta en marcha
de estos equipos abrieron el camino al estudio de los regímenes
no estacionarios [17]. Todo ello
hizo que se trajeran al lenguaje de los ingenieros químicos
términos propios del estudio de los sistemas dinámicos en
general. Ese invalorable aporte ha demostrado que, si bien la
mayoría de los sistemas estudiados en ingeniería química tienen
una inercia que hace dudosa la aplicabilidad en ellos de semejante
arsenal teórico, en ciertas operaciones delicadas como la
destilación reactiva se podrían presentar algunos de los
fenómenos tan interesantes descubiertos en otras áreas.
Pero no hay
aún en la literatura abierta trabajos que apunten en la otra
dirección: la de replantear con rigurosidad las cuestiones
termodinámicas del problema. Cabría decir que se ha construido
un gran edificio sobre bases muy endebles. En apoyo de esta
afirmación, se puede mencionar el marcado contraste entre los
tardíos resultados experimentales y los valores de las
propiedades termodinámicas usados en el modelado efectuado
durante los últimos quince años [7, 18].
Objetivos de
la tesis
El objetivo
primario de este trabajo ha sido el de contribuir al
establecimiento de una formalización general para el tratamiento
de los sistemas multifásicos reaccionantes y al desarrollo de
mejores métodos para el cálculo de las propiedades
termodinámicas de importancia en la destilación reactiva.
Podrá
preguntarse si la tarea de indagar en los fundamentos
termodinámicos de una operación corresponde a un ingeniero
químico. A este respecto, cabe recordar que muchos de los autores
que han hecho contribuciones a los fundamentos de las operaciones
de separación han sido ingenieros químicos.
Por otra
parte, cuesta imaginar a un físico bajando de su torre de marfil
para ensuciarse las manos en un equipo industrial que tiene por
función producir un aditivo para combustibles o, peor aun, para
bebidas gaseosas. El perfeccionamiento de los métodos de cálculo
de las propiedades termodinámicas vendrá desde la ingeniería o,
muy probablemente, no vendrá.
Breve
introducción a los temas de la tesis
En la
cantidad y clase de información contenida en las variables que
definen la composición de un sistema debe buscarse la
explicación de muchas paradojas que se presentan en la
formalización de la parte de la Química Física conocida como
Termodinámica Química. Como ejemplos, se pueden mencionar: la
extensión de las conclusiones de la termodinámica de las
transformaciones físicas a las químicas; la categorización de
las dimerizaciones (y, en general de todas las asociaciones y
disociaciones) en la clasificación de las transformaciones; y la
interpretación del Principio de la Reversibilidad Microscópica.
La
formalización clásica de la Termodinámica es aplicable a
sistemas homogéneos. Ahora bien, ¿cuándo un sistema es homogéneo?
Cuando sus propiedades extensivas aumentan proporcionalmente con
la cantidad de partículas que se considere. Pero el potencial de
Gibbs, por ejemplo, cambia proporcionalmente con el número de
partículas de un sistema bifásico en equilibrio, aunque no
ocurra lo mismo con el volumen. No se debe confundir la
homogeneidad de un sistema (homogeneidad de todas sus variables
extensivas) con la homogeneidad de ciertas propiedades
termodinámicas. La primera implica la segunda, pero la segunda no
implica la primera.
Si la
formalización se limitara a los sistemas homogéneos
(monofásicos), al estudiar sistemas multifásicos resultaría
natural dar un nombre distinto a la fracción molar y al potencial
químico de un mismo componente en cada una de las distintas
fases; pero si se estudian los sistemas para los cuales cierto
potencial termodinámico es homogéneo, las conclusiones serían
mucho más generales.
Cualquier
función que se quiera minimizar por el "método de los multiplicadores de Lagrange", si es homogénea con
respecto a las variables sujetas a restricciones, tiene por
función auxiliar a la transformada de Legendre respecto de esas
variables. La propiedad molar parcial potencial elemental tiene el
mismo valor, independientemente de cuál sea el estado de
agregación de las partículas que se tomen para efectuar la
variación DeltaN que, a T y P constantes,
produce la variación DeltaG. La aproximación física se
puede hacer sin recurrir a multiplicadores de Lagrange —como se
hace habitualmente—, porque las condiciones de linealidad y
homogeneidad equivalen.
Pero la
igualdad de los potenciales elementales no ahorra el trabajo de
modelar el potencial de Gibbs de una mezcla. De allí la
importancia del cálculo de constantes de equilibrio.
El potencial
de Gibbs de una sustancia pura en cualquier estado se puede
escribir como la suma de cuatro términos con un significado
físico claro, lo cual permite modelar las contribuciones de la
geometría, la temperatura, la presión y la agregación
independientemente. Para ello se debe tomar en cuenta que el
potencial de Gibbs para los estados de equilibrio estables de una
sustancia pura es una propiedad homogénea del número de
partículas: si se toma como estado de referencia el
correspondiente a una presión muy baja, se deberá mantener en
todo otro estado la referencia a un mol de partículas no
asociadas. De ahí la igualdad en el equilibrio de los potenciales
elementales para todas las partículas de cada elemento. La
extensión de esta idea a otras transformaciones es entonces
inmediata.
La igualdad
de los potenciales elementales en cualquier sistema en equilibrio
(físico o químico) está relacionada con el Principio de la
Reversibilidad Microscópica. Debido a nuestras limitaciones para
hacer una descripción a nivel microscópico de la composición,
los cambios en las variables macroscópicas que producen los
procesos microscópicos directo y reverso son nulas.
El
razonamiento de van't Hoff acerca del equilibrio químico puede
ser extendido al caso de los gases ideales dimerizados. Tal
extensión es posible porque el producto presión × cambio de
volumen molar no depende del nivel al que se haga la descripción
de la composición. Una masa en equilibrio se puede ver un
conjunto de cámaras de van't Hoff acopladas.
Algunos
aspectos que distinguen a este trabajo de los precedentes
El criterio
que se adopta aquí de poner en primer plano a las reacciones
químicas y no a las transformaciones físicas, para desarrollar
una formalización de mayor alcance, hace a mi trabajo
independiente desde el comienzo del de Smith y Missen [1], quienes
dan un nombre distinto al potencial de un mismo componente según
esté en una u otra fase.
El haber
hecho uso de transformaciones de Legendre completas me ha separado
del enfoque de Alberty y otros autores, dirigido a definir
variables de composición de grupos de componentes
(seudoisómeros) para describir la composición de los sistemas
con un número menor de variables [19].
Por haber
trabajado sobre una ecuación fundamental, mi trabajo tiene un
punto de partida distinto que el de Barbosa, Ung y Doherty [20,
21], y el Pérez Cisneros, Gani y
Michelsen [22].
Por haber
hecho experimentos a presión y por haber usado una técnica mixta
de análisis, mis resultados son independientes de los de Kang, Li
y Li [18].
El enfoque
de la cuestión del equilibrio dinámico desde la Termodinámica
Química, y no desde la Cinética Molecular o la Mecánica, me ha
permitido poner de relieve un aspecto poco tratado del concepto de
reversibilidad [23, 24].
Dependencia
lógica de los temas tratados
En la
lámina 2 se muestra la conexión conceptual que existe entre los
distintos temas tratados en la presente tesis.
En el centro
se encuentran la aproximación física y la aproximación química
a la cuestión del equilibrio. La posibilidad de enfocar el
problema desde ambos puntos de vista es el tema sobre el que se
vuelve una y otra vez en todos los capítulos de la tesis.
Todo el
trabajo está dirigido a aclarar aspectos básicos de la operacón
destilación reactiva. En el primer capítulo, estudio los cambios
de variables. Dos teoremas dan forma a las conclusiones que surgen
de ese estudio. En el segundo capítulo, propongo un método para
calcular constantes de equilibrio referidas a estados condensados.
En el tercero, se aplica dicho método a toda una familia de
reacciones. En el cuarto, comparo los resultados con datos
experimentales. En el quinto, hago una formulación termodinámica
del Principio de la Reversibilidad Microscópica.
Este
diagrama fue confeccionado antes de escribir la tesis y antes de
hacer ningún cálculo o experimento. Quienes trabajamos en la
expansión de los límites de lo que se sabe, no tenemos un faro
que nos indique dónde está el puerto. Me complace ver que
durante el desarrollo de la tesis no fue necesario hacer cambios
al mencionado esquema.
J. J. L.
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