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Palabras introductorias de Juan José Luetich Presentación del libro Perdón, Sofía (25 de abril de 2002) Ante todo, queremos darles las gracias por su presencia aquí esta noche. También queremos expresar nuestro agradecimiento a la Librería Ross por habernos cedido el ámbito para esta presentación y a la Academia de Ciencias Luventicus por auspiciar la edición del libro Perdón, Sofía de Andrés Luetich. Luventicus es un emprendimiento de jóvenes argentinos iniciado a fines del año pasado. Se trata de una academia cuyo objetivo es el de crear un espacio para que investigadores, docentes y alumnos puedan publicar trabajos y discutir ideas a través de INTERNET. Dado que las páginas del sitio en la Red están escritas en castellano y en inglés el proyecto tiene alcance internacional. La relación entre Ciencia y Filosofia es, a mi modo de ver, una relación de ida y vuelta. Por un lado, la Ciencia aspira a la Filosofía cuando busca descubrir leyes, es decir, ideas perdurables que trascienden al estudio de un tema específico. (Pienso en los casos de Newton y Heisenberg.) Por otro lado, ¿se puede hacer Filosofía a partir de la nada? ¿Cuál es la materia prima del pensamiento? Recuerdo que un profesor de la Facultad de Humanidades, hoy jubilado, me contó que, en cierta oportunidad, él estaba buscando material sobre Ugarit. Muchos de los aquí presentes, por trabajar en el área de las materias humanísticas, seguramente han leído bastante acerca de ese gran yacimiento arqueológico ubicado en Siria. Él pensó que el bibliotecario de la facultad donde se dictan las materias de Antropología también. Sin embargo, cuando le pidió asesoramiento en esa búsqueda, éste le constestó: «¿Ugarit? ¿Qué es eso?» El profesor —puedo imaginar su cara de asombro ante la respuesta— trató de darle unas breves referencias. Pero el bibliotecario, yendo más lejos todavía, lo interrumpió diciendo: «¡Ah, no! Yo soy el perfecto racionalista.» Evidentemente, este señor creía que para razonar no necesitaba saber nada de Ugarit ni de la Historia de Oriente Medio y de la Civilización. Sin embargo, grandes pensadores como los que nombré antes, o como Swedenborg, han buscado en la Ciencia el punto de partida de su pensamiento. De ahí el uso que hacemos de la expresión Academia de Ciencias: la palabra Academia nos recuerda a Platón y a las ideas, la palabra "Ciencia" nos hace pensar en los experimentos. Pero no todos los pensadores parten de la experiencia científica, otros parten de su propia experiencia personal, desde cuestiones existenciales. Este es el caso de Andrés, como lo refleja el libro que nos presentará a continuación el Profesor Fernando Navarro.
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